La ciudad de oro. Len Deighton

El padre de las novelas de espionaje

Un hecho estratégico de primerísimo orden
Que nadie se moleste en buscar esta novela, no la va a encontrar a no ser que acuda a alguna librería de viejo y tenga la fortuna de toparse con ella. Puede que exista algún lector que la leyera en su momento pero claro, han pasado muchos años y puede que las tramas y los recovecos de la narración se difuminen entre sinapsis de neuronas.

Ya saben, al menos los lectores habituales, que tenemos debilidad por esos libros viejunos que siguen estando en vigor y que poseen una fuerte resistencia al paso del tiempo, y dentro de esos libros descatalogados apostar por Len Deighton es siempre una apuesta segura. No por algo es el padre de las novelas de espionaje y en tiempos fue un autor sumamente leído. Hoy se ha perdido mucho de su legado, las reediciones, el interés de los lectores y creo que algo de pereza por parte de los editores hacen que sea un escritor difícil de encontrar. Aunque no es óbice para que desde Prótesis sigamos insistiendo en él.

Por lo pronto la novela se editó en 1993 y está ambientada en El Cairo en 1942, en un tiempo muy desconocido para nosotros en el que Egipto era regido por un rey y estaba bajo el protectorado de Inglaterra. En esos años Rommel era una pesadilla para las tropas británicas que parecían incapaces de detener a su África Corps cuyo destino era la capital egipcia y el posterior control del Canal de Suez, lo cual hubiera sido un hecho estratégico de primerísimo orden.


desertores, príncipes rusos emigrados, mafiosos y mujeres bellas


De aquellos años se tenía constancia de que el “Zorro del desierto” recibía informes detallados de las tropas inglesas y que gracias a esa inteligencia era capaz de burlarles una y otra vez. La novela se ambienta justo antes de la caída de Tobruk y termina en las postrimerías de la primera batalla de El Alamein

La obra nos narra la búsqueda de ese espía por parte del capitán Bert Curtler empleado por el servicio secreto británico y que se introducirá en los tejemanejes de la retaguardia en donde se comerciaba con bastimentos militares y un sinfín más de negocios turbios. Aparte de todo ello se suman nuevos elementos a la trama, como por ejemplo el interés de varios guerrilleros judíos por comenzar a armar un incipiente ejército y que dará lugar a un buen número de conflictos en el Oriente Medio

Toda la trama se sazonará con la visión de los estereotipos de esos personajes incalificables que suelen medrar en tiempos bélicos, desertores, príncipes rusos emigrados, mafiosos locales y, como no, mujeres bellas.

La obra no es una novela de espías al uso, más bien el espionaje es una excusa muy bien aprovechada para mostrarnos unos ambientes efímeros. Deighton no termina por crear una trama de espionaje sólida, sino que se debate entre los personajes de todo tipo y la propia idiosincrasia de un ejército de ocupación bastante desordenado. Su interés radica en mostrarnos a ese tipo de personajes que saben sacar partido de cualquier situación en este caso de un enfrentamiento bélico. 

Esos personajes son cuestionados en tiempos de guerra por su escaso patriotismo, aunque si no existiera esa circunstancia seguirían actuando de la misma manera y teniendo por patria su cartera

¿A que la anterior afirmación les suena de algo? Sí, señores, el tipo “caradura” ha existido siempre, en todas las sociedades y en todas las circunstancias. En la novela se refleja esto, aunque puede que no sea lo más importante pero es un elemento más de la trama.

A Len Deighton no le vamos a descubrir ahora, un gran autor, sin duda alguna. Sentimos lástima de no poder decir que conseguir sus novelas no sea una labor épica pero es lo que hay. Sus obras tienen una gran resistencia al paso del tiempo porque son buenas y se pueden leer con gusto ahora o dentro de cincuenta años. Son obras de aventuras en el que existen algunos toques de espionaje pero que tienen la facultad de leerse con sumo placer, les invito a ello si por algún azar del destino alguna de ellos cae en sus manos, no lo duden, la lectura merece la pena.

Planeta, 1993
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Sergio Torrijos
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