Prótesis entra de lleno en el kaos nacionalista

Reflexiones a vuelapluma partiendo de la noticia “El independentista que dejó de serlo delante de la barra de un bar” (El País, 27/07/15)



Lo primero y fundamental será recomendar a los lectores de este escrito que renuncien a la lectura del artículo del periódico. Una vez leído pierde mucha épica y mucha lírica. He de reconocer que caí en la tentación y me lo leí.


y comenzó a hablar como un gallego


Primero, al observar el título, me quede perplejo, otros que ven la tele dirían el término estupefacto que tiene más fuerza, sobre todo porque estás a punto de escupir cuando lo dices y suena a desprecio del malo. Mi primer pensamiento fue una pregunta:

¿Qué le han dado de beber a ese…?

Leche…surgieron más preguntas, ¿puede existir un licor capaz de trastocar los ideales de los hombres?

¿Le echaron droga o cualquier otro tipo de sustancia en la bebida?

Las preguntas surgieron más por un interés biológico que por cualquier otro aspecto político, porque ahí existe un campo inacabable del estilo, ¿existe la kriptonita líquida de los catalanes? 

Y las preguntas surgieron en un orden mucho más interesante que el expresado por el artículo, al que luego volveremos, como por ejemplo:

¿Existe un licor capaz de convertir a uno del Barca en uno del Madrid? 

O peor aún, ¿existe un licor para que alguien del Atleti deje de ser de ese equipo?

Las preguntas son inacabables, como pueden imaginar.

Lo siguiente que me pregunte, aunque algún lector seguro que ya se habrá hecho la misma pregunta, fue ¿a qué bares fue ese hombre?

Sería un bar normal de barra alargada y parroquia agresiva con las bebidas espirituosas o bien sería una cafetería de postín donde se tomaría un café con leche o bien un té con el meñique enhiesto.

Antes incluso de leer el artículo me imaginé que había acudido a bares de alterne, de esos que cuando terminas miras en ruinas tu cartera y tu prestigio dando gracias por no haber perdido algo más. O bien esos bares de mala vida que existen en cada ciudad y que abren de madrugada para colmar de alcohol, en muchos casos garrafón, a los incombustibles y que sirven para dar la puntilla a los más animosos. 

O tal vez en algún bar le asestaron la puñalada garrafonera cruel y torticera que le deshizo las neuronas. 

Llevo medio artículo y nada más que hemos hecho preguntas, pasemos a los hechos.

Esperaba, no bien comenzada la lectura, que el artículo fuera esclarecedor y nos asaeteara con una retransmisión estilo carrusel deportivo:

Oviedo, bar “Tomás”, veinticuatro vodkas con naranja y la pérdida de la conciencia momentánea, el Samur acudió en su socorro.

León, bar “El Tropezón”, tres sol y sombra y un chupito de orujo miel, ahí perdió el habla catalana y comenzó a hablar como un gallego. 

Córdoba, bar “La Mezquita”, tres finos, dos molletes y un café con chinchón. El independentista sólo fue capaz de decir, “Ozú que caló”.

Badajoz, bar “El pernil extremeño”, cuatro botellines de Mahou, una ración de pestorejo acompañada de aliolí, rematado con una botella de vino de pitarra. El independentista sólo pudo decir “Abe que jacemos ahora”.

Teruel, que existe, mesón “El baturro”, cuatro jarras de Ámbar la Zaragozana, dos tintos de Campo de Borja que le volvieron loco, tuvo que acudir la Benemérita a frenar sus ansias de cantar jotas al Torico en plena hora de la siesta.

Lo pensaba para ir apuntando las direcciones y cuando tuviera un hueco o estuviera de paso hacer una visita. También existía la posibilidad de que algún aventurado se atreviera a hacer una guía de viajes a los bares que se recitaban.

Pero no, no había ninguno. Resultaba que el independentista había acudido a hacer entrevistas, a charlar con la gente, a escucharles, para eso se podrían haber evitado lo de los bares, ¿o no?, bien podría haberlo hecho en un parque y así no hubieran levantado falsas expectativas, sobre todo para los que creemos que una copa puede cambiarlo todo. Desde una noche nefasta a un gran triunfo en la duración de una consumición y que todo es relativo según el alcohol que se tenga en sangre, como comentaba Humprey Bogart.

Sergio Torrijos
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