Eterno oscuro. Miguel Ángel Lladó

Los grandes temas mostrados con una iconografía original

Multitud de alusiones al Barroco español
Sobre los escritores que tras publicar una novela desaparecen del ambiente literario se podría escribir largo y tendido. Puede haber toda una combinación de factores. Por ejemplo, escribir ciencia ficción en España a principios de los 90 —como es el caso de Lladó— puede ser complicado, aún debutando en el sello de un veterano como Francisco Arellano. Seguramente, cualquier posibilidad de publicación entonces pasaba por el fandom, dependiendo más la continuidad del escritor del voluntarismo que de unos más que moderados incentivos económicos.

Eterno oscuro nos propone una trama de aventuras espaciales. Una nave con escasa tripulación (Rai, Erasmo y el Analista) cae en un agujero negro, pero sus integrantes no tardan en darse cuenta de que ha sido atraída; ese abismo contiene una inteligencia superior que no tardará en comunicarse con ellos para atraerlos definitivamente. La originalidad de la ambientación y personajes está en su acervo humanístico: se nos describe por momentos la nave como una catedral; hay multitud de alusiones al Barroco español —personajes tocando el clave, leyendo a Quevedo y Góngora, pasando el tiempo en salas profusamente tapizadas...—. 

No era en absoluto aerodinámica, no hacía falta: en el espacio las leyes de la dinámica se volvían locas. A él le había parecido una enorme catedral arrancada de sus cimientos y colocada en medio del espacio, como homenaje a algún ilustre arquitecto italiano

Bien vista, Eterno oscuro retoma muchos de los tópicos literarios del Siglo de Oro: adquiriendo una peculiar deriva filosófica, sus protagonistas cuestionan el engaño de los sentidos, toman conciencia de la fugacidad de la existencia... Y no faltan las contradicciones argumentales tan del gusto de la época referida: son los mismos protagonistas en su lucha por la supervivencia los que, de una u otra manera, acaban arriesgando la vida en este juego de resistencia mental al que se ven sometidos. 

Aunque pasó bastante desapercibida para los lectores en su momento, Eterno oscuro propuso una iconografía original para nuestra ciencia ficción, y lo hacía de forma ambiciosa, atreviéndose con grandes temas literarios. Por cierto, por aquellos años Lladó fue además guitarrista de una banda pionera del grind core en España, Seqzion Demenziados. Pero esa es otra historia...

Miraguano, 1991
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David G. Panadero
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