El reino de la noche. William Hope Hodgson

Después de más de cien años de espera

Monstruos semihumanos e interdimensionales
La última novela de uno de los mejores escritores de aventuras de todos los tiempos ha sido recién publicada en castellano y en su integridad después de más de cien años de espera. Para los aficionados de este autor tan poco conocido en nuestro país, las únicas posibilidades hasta el momento para acceder a El reino de la noche (1912) de William Hope Hodgson eran tropezar con la única edición castellana (una versión recortada dificilísima de encontrar) o leer la novela original en un dispositivo portátil, cosa incomodísima debido al formato mismo y al inglés arcaico (y hasta cierto punto incongruente) de la obra.

El planteamiento de la historia es muy original: la Tierra está sumida en una oscuridad perpetua debido a la muerte del Sol, y lo que queda de la Humanidad vive hacinado en una pirámide colosal de la que nunca sale nadie por temor a los monstruos semihumanos e interdimensionales que pueblan el planeta. Es como una especie de Tierra Media delirante en la que un muchachito decide aventurarse para llegar hasta otra pirámide de la que no se había tenido noticia hasta la fecha, y en la que reside un avatar del amor inmortal del protagonista. Este, para más inri, tiene la facultad de proyectarse hacia el pasado y de recordar las diversas vidas que ha compartido con su amada.


cavilaciones sobre esto y lo otro


La novela ha resultado para un servidor bastante decepcionante. El motivo: es un tostón interminable. El problema de esta novela es que raramente pasa algo. La mayor parte del tiempo se nos cuentan, con todo lujo de detalles, las impresiones del héroe acerca del viaje (el cansancio, el miedo, la esperanza, etc.). Sus cavilaciones sobre esto y lo otro y sus andurreos por acá y por allá se repiten tan implacable y minuciosamente, que uno llega a desesperarse más de la cuenta y empieza a apostar por los monstruos en lugar de por el héroe, con la esperanza de que acabe la historia lo antes posible. Para más inri, todo esto esta contado con una cadencia y unos manierismos prestados y adaptados de la literatura inglesa del XVII, pero sin mucha coherencia. Sorprende comprobar la diferencia de calidad que puede tener un mismo escritor de una obra a otra.

Si algo caracteriza a Hodgson es, en primer lugar, un estilo inmejorable por su concisión, dinamismo y emoción; el tipo de prosa relámpago que sólo poseen unos pocos mortales tales como Jack London o Dashiell Hammett. Además de esto, el autor inglés destaca en la creación de atmósferas intensas a la par que originales, en las que el lector se sumerge llegando a olvidarse de que ese otro mundo que ha permanecido en su subconsciente durante toda la lectura es el “real”, mientras que el aparentemente más corpóreo, no era más que una entelequia literaria.

Este talento puro es desplegado, normalmente, en el ámbito favorito de las historias de aventuras: el mar. El propio Hodgson fue marino “raso” desde los 14 años (en las postrimerías del s. XIX) y no dejó nunca de maravillarse -y horrorizarse- por los prodigios que ofrece el mar. Y es que el mar de Hodgson es mucho más que un escenario para piratas y motines. Es un lugar en el que parecen haber sido abandonados todos los misterios del cosmos; donde los recuerdos y las pasiones pueden materializarse en forma de barcos abandonados o de criaturas oceánicas; un lugar de segundas oportunidades, de viajes en el tiempo, de contactos con realidades del espacio exterior o de lo más profundo de uno mismo. Un espacio, en fin, en el que el único límite es la imaginación. Pero, por algún motivo, nada de esto aparece en el “Reino de la noche”.

También es cierto que el fuerte de Hodgson son los relatos, y que sus novelas (dos de ellas de ambientación marina y las otras dos ubicadas en tierra firme) no dejan de producir esa sensación de varios relatos ensamblados, compuestos por una sucesión de situaciones trepidantes que adolecen de una trama que se desarrolle progresivamente. Como los relatos de Hodgson son patrimonio literario de la humanidad, abandono definitivamente la reseña de su última novela y recomiendo encarecidamente hacerse con el libro que contiene todos sus relatos de terror marítimo Los mares grises sueñan con mi muerte, de la editorial Valdemar. Muchos de estos relatos son tan originales que pueden parecer un poco raros, pero todos ellos están imbuidos de ese espíritu “inocente” que todos tenemos en mente cuando hablamos de libros de aventuras.

Así que adelante, grumetillo, póngase los zapatos, acérquese a su librería habitual y encargue Los mares grises sueñan con mi muerte. Yo le estaré esperando.

Hermida, 2015
Compra en Casa del Libro

Armando Ux

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