Las flores no sangran. Alexis Ravelo

Juegan siempre a la lotería sabiendo que el único premio posible es el reintegro


Murió el gran maestro González Ledesma, ni su rostro apareció por la televisión ni se hizo la mínima referencia al fin de un gran escritor. Puede que al mundo no le importe una mierda que un escritor de semejante calibre ya no esté entre nosotros pero creo que su visión de Barcelona pasó a gente como el que suscribe y que siempre tendrá presente ese recorrido por el centro de la ciudad condal.

Andaba en la lectura de Las flores no sangran cuando ocurrió el hecho luctuoso y partes de lo que leía me recordaba, muchísimo al viejo maestro.

¡Lo sé, lo sé!

Nada tiene que ver al canario Ravelo con el maestro González Ledesma, muy cierto, pero en lo que escribe el canario hay algo, resmas de lo mejor del maestro catalán y si no lean y luego lo hablamos:


La prostibularia calle Molino de Viento es la trastienda de la muy noble calle León y Castillo, espina dorsal de la ciudad…Alguna vez algún poetastro pensó que en ella había una metáfora perfecta, porque sirve para que, entre el gobierno central y el autonómico, funerarias, tiendas de manualidades, estancos y locutorios se alternen con los puticlubs, balsas a la deriva en las que mujeres de todas las edades y nacionalidades intentan salvarse del naufragio con el único salvavidas de unos cuerpos que han perdido la decencia, la turgencia y la inocencia. Sí, la calle Molino de Viento es la trastienda de León y Castillo, el espinazo de la ciudad. Y el pasaje de las Chapas, donde vive el Salvaje, viene a ser la trastienda de la trastienda de ese submundo opaco de olor a lejía y zotal, de casitas oscuras decoradas con cachivaches de baratillo a cuyas puertas y ventanas se ofrecen a cualquier hora del día o de la noche las carnes generosas de quienes no tienen más recurso que aquello con lo que vinieron al mundo

Para mí en ese extracto hay algo del catalán, de la historia de viejas calles donde se vende lo que se puede, donde la supervivencia y el delito son primos hermanos y donde lo “más tirado de la sociedad” vive y resiste. 

Al hilo de lo dicho y dando por concluido el mínimo homenaje a González Ledesma, tengo que asegurar que lo que más me gusta de Ravelo son sus personajes y su manera de afrontar la trama por derecho


el que nace gallina no se puede quejar si le roban los huevos


Los héroes no existen o al menos en la narrativa de Alexis Ravelo ese día se quedaron en casa. Tipos con delitos a cuestas, menores eso sí, aunque con la mala hostia propia de quién nunca ha tenido mucho que perder. Supervivientes en un mucho chungo (otros dirían bizarro pero la palabra chungo indudablemente tiene más fuerza), donde se juega siempre a la lotería sabiendo que el único premio posible es el reintegro. Ese es el mundo de Ravelo y que cada obra que presenta mejor retrata. Por poner un ejemplo y que hable un personaje de la novela:

―Una mierda. Un peligro. Una cosa demasiado gorda para nosotros. Nosotros no somos gallos de pelea. Somos gallinitas. Y el que nace gallina no se puede quejar si le roban los huevos

La novela entra en ebullición cuando semejantes personajes se meten en un secuestro expréss. Lo que ocurrirá a continuación se lo tendrán que leer ustedes, les puedo asegurar que les va a sorprender y se van a divertir.

Ravelo tiene mano para las tramas y más aún para los personajes, tiene ritmo en su manera de escribir y tomar cualquier novela suya es un acto gozoso. Lo difícil está en que cuando terminas quieres más, y ahí el canario te deja enganchado hasta la próxima entrega que esperemos no se retrase mucho. Me encanta ese deje canario y ese tono que imprime en todas sus novelas, esa cadencia tan insular que se marida perfectamente con una trama negra y con un ritmo envidiable.

Habíamos empezando la reseña comparando a Ravelo con González Ledesma, hay muchas diferentas entre ellos pero también similitudes, ambos son muy buenos escritores y leer sus novelas es un placer. Háganme caso y no lo duden, compren algo de Alexis Ravelo y léanlo, luego me dicen.

Por último un pasaje más de la ciudad vista por el canario, con su dureza y su ternura pero con su realidad, si quieren leer algo rosa, ya saben, compren el Hola.

Los yonquis son lo más arrastrado de Molino de Viento. Aparecen como hongos en las esquinas a partir de medianoche y revenden sus humanidades escuálidas y flojas, sus pajas rápidas o sus mamadas descuidadas a viejos hediondos y no menos cochambrosos, que olvidan que esas mujeres podrían ser sus nietas o, al contrario, lo tienen muy presente mientras ellas les hacen el trabajito

Alrevés, 2015
Compra en Casa del Libro

Sergio Torrijos
Publicar un comentario en la entrada