La regla del oro. Juana Salabert

Como aquellas tremendas disecciones personales que hacía Simenon

El oro de los desesperados
Entre los contenedores de basura de una céntrica calle madrileña aparece el cadáver degollado de Fabián Domínguez, joyero y comprador de oro, con un cartel plastificado en el que se le acusa de usurero y canalla. 

Es el tercer asesinado del gremio de los compro-oro de la capital, en parecidas circuntstancias, lo que tiene en vilo a la policía de la capital.

La investigación dirigida por el inspector Jorge Alarde y el subinspector Ernesto Castro, resulta de lo más descorazonadora, pues aunque la situación social está en plena ebullición —nos encontramos en las navidades de 2012 en plena vorágine de despidos y de desintegración del estado del bienestar no hay forma de encontrar un móvil o un asesino a quien adjudicar esta macabra serie de asesinatos, con la presión social, periodística y desde el poder que esto implica para los encargados de las pesquisas. La investigación mostrará cómo estos muertos, pero especialmente el último, llevaban a cabo otras muchas sórdidas ocupaciones de las que el buitrear con el oro de los desesperados era casi una mera pantalla.



una prosa brillante y seductora


La novela produce de esta forma un poderoso fresco de personajes, que con la crisis que implica un brutal asesinato, irán mostrando todas sus facetas, las más brillantes y las más vergonzantes, resultando una galería de motivos y comportamientos de gran riqueza, y que permite una trama policíaca llena de matices, hasta su sorpresivo e impactante desenlace. Nos recuerda a aquellas tremendas disecciones personales que hacía el gran Simenon a través de su comisario Maigret, que se convertía en un sabueso de la capacidad humana para el dolor y el daño, lo que le hacía un espléndido policía, y con un conocimiento de las múltiples y a veces contradictorias facetas del alma humana, que le permitía entender antes que juzgar a sus culpables. Esta variedad y riqueza de personajes y personalidades, permiten crear una trama compleja, muy alejada de lo estrambótico e impactante, que es fácil solución de muchos otros libros de intriga.

Pero no sólo de buenas historias personales está preñada esta novela, sino también de la lúcida y amarga crónica de una situación concreta en la sociedad española de esos momentos, arrasada en muchas ocasiones por una situación económica que aboca a la pobreza y la falta de subsidio social, tanto económico como asistencial, a buena parte de la población, aunque se centra en las clases medias madrileñas, más o menos intelectualizadas, que sufren estupefactas, horrorizadas y muy angustiadas, un cambio socioeconómico que en muchas ocasiones los abocará a lo que se llamó proletariado, cuando no directamente a la indigencia, sin percibir la posibilidad de que esta situación remita. Lo que el gran Petros Markaris nos ha contado en sus últimas novelas de la situación por la que pasa la población griega, la autora nos la muestra en un segmento muy concreto de la clase media urbana madrileña, en donde grandes dramas y situaciones desesperadas son el pan nuestro de cada día.

Y todo esto dentro de una trama policial muy bien llevada, que nos tiene en vilo hasta una resolución original y sólidamente justificada. Y con una prosa brillante y seductora poco habitual en estos pagos, lo que hace de la lectura de esta novela algo más que una experiencia atractiva e interesante.

Alianza, 2015
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José María Sánchez Pardo
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