Hannibal. Primera temporada

Entre ficción y realidad, entre locura y cordura

La reescritura del mito
¡¡Cómo son los americanos!! Ya no les vale con inventarse un mito de vez en cuando, sino que también optan por reinterpretar los suyos propios. En este caso se toma el personaje fetiche Hannibal Lecter y se reescribe su vida en forma de serie.

Es curioso que del mito y del poso dejado por varias películas en torno a tres novelas sean capaces de sacar una serie nueva, diferente, estilísticamente diferenciada de todo lo anterior y que el resultado no sólo sea interesante sino óptimo.

La reescritura del mito comienza con un toque muchísimo más barroco a la realidad de toda la serie. Nada hay de referencia en las películas anteriores que se pueda encontrar entre los fotogramas de la serie, se reconstruye la acción desde un punto de vista nuevo, aprovechando, eso sí, la potencia del mito a crear y el conocimiento que el espectador tiene sobre él. Es más por momentos, en alguno de carácter épico, se juguetea con algunas escenas de películas ya referenciadas, pero se hace a modo de guiño al espectador


los asesinatos tienen escaso interés


Resulta curioso que lo más poderoso de la serie, aparte del conseguidísimo ambiente, sea la reconstrucción de la personalidad de los implicados, pasando a ser el protagonista Hannibal Lecter casi como un notario de los cambios provocados o sufridos por los demás. Los asesinatos, cargados de retorcidas simbologías, tienen escaso interés, lo mollar de la serie está en la relación entre ficción y realidad, entre locura y cordura, una finísima línea que se muestra demasiado permeable. Todo se analiza desde el punto de vista psicológico y por lo tanto el gris es el tono fundamental de todo el artificio.




La serie se sustenta en un guión de excelente factura y en una estilística muy conseguida. Indescifrable en mitad de un montón de mitos y de apologías de lo malvado. Todo tiene resonancias a maldades y soledad, estando el mito, ya algo elevado a los altares, del doctor Lecter como en un escalón más de una carrera hacia algo más profundo y más asentado en lo hondo del estrato cultural americano. Es muy destacable la recreación de ambientes, con un claroscuro muy conseguido que evita un barroquismo que no hubiera hecho nada bien a la serie. La renuncia a ese ambiente recargado probablemente sea un elemento más que sorprende en el visionado y que nos muestra, desde el primer fotograma, que estamos ante algo diferente. La frialdad del hormigón se impone frente a la calidez de la caoba o el roble. Las notas de color aparecen de manera tan contada que se asocian a la comida, en donde aparece un estilismo sorprendente.

La relación de Lecter con la comida es encomiable. Se centra en lo visual y no en lo informativo, algo que parece que supera al inicial Harris, que por su afán de crear un personaje elitista pecaba de exclusivista. Se ha perdido en el camino el sentido del olfato del doctor y también otro de sus puntos más eficientes su sentido de la música y del sonido armonioso. 

Aparte de todo ello y de un curioso sentido barroco de la vida, la serie tiene una factura de elevada calidad, apoyada en unos actores de primer nivel. Mads Mikkelsen lo borda en el papel de Hannibal Lecter y se apoya en secundarios del nivel de Caroline Dhavernas o de Lawrence Fishburne. El co-protagonista Hugo Dancy también es un buen profesional pero sin duda está lejos de la recreación de Mikkelsen, cuya cara, como ocurrió con Anthony Hopkins, pasará a la historia como un icono del asesino en serie.



Resulta curioso que la serie incida de nuevo en un tema muy manido y que lo vuelva a hacer con éxito. Es cierto que se apoya en otros elementos, como puede ser una crudeza visual muy aparente, pero aún así el mito se sustenta y crece. Nadie hubiera pensado que dicho mito tendría una vida tan larga y tan azarosa, resulta curioso cómo con talento se es capaz de recuperar cosas que parecían medio muertas

La serie, hablamos de la primera temporada exclusivamente, es de recomendación obligada, más aún para personas poco amantes de las atrocidades de los asesinos en serie, de las que hemos visto y leído demasiado. Como serie tiene la pulsión de las buenas historias que mantienen la tensión de manera constante y que te obliga a seguirla con interés. Tengan presente que la serie es diferente a lo visto con anterioridad y que de una imagen icónica se ha recreado algo absolutamente nuevo.

Sergio Torrijos
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