Entrevista con Jussi Adler-Olsen

Investigar casos imposibles
En 2008, la aparición de La mujer que arañaba las paredes, nos sorprendió al proponernos una novela de una dureza poco habitual, con una meticulosa y apabullante trama criminal, en la que aparece un personaje poco habitual en los policiales nórdicos, el subcomisario de la policía danesa Carl Morc, un tipo vago, escurridizo y poco amigo de complicarse la vida con sus investigaciones criminales, y que además tiene la ayuda de un hombre que llega como limpiador. Acabará teniendo un peso fundamental en el trabajo el divertido, misterioso, y en ocasiones inquietante Hafez-el-Assad, que formarán el Departamento Q de la policía, para investigar casos que se han dejado por imposibles.

Para presentar El efecto Marcus, la quinta entrega de las aventuras de esta singular pareja de investigadores, (grupo que se ha ido incrementando con adquisiciones tan singulares como los originales), su autor Jussi Adler-Olsen, visitó Madrid, y se presentó ante la tertulia de novela negra de la librería Estudio en escarlata, lo que le permitió presentar su libro, y debatir con los aficionados sobre estas novelas, y desentrañar datos poco conocidos sobre las entretelas de las tramas, y sobre el proceso de creación de las mismas. 

Además tuvo la generosidad de concedernos una pequeña entrevista previa en la que pudimos preguntarle sobre su vida, sus novelas y sus magníficos personajes. A continuación os proponemos lo que nos contó en exclusiva para Prótesis, este danés de 64 años, lleno de vitalidad, gracia e intenso gusto por contar historias de intriga.

Texto: José María Sánchez Pardo


¿Cómo definiría a su protagonista Carl Morc?

Yo soy un poco como Carl. También soy perezoso, ya no fumo, aunque lo hice años antes…

Lo de Morc, en danés significa oscuro, y lo saqué de un paciente de un hospital psiquiátrico que conocí cuando era pequeño, y donde trabajaba mi padre. Este hombre era una persona encantadora conmigo, pero también era un asesino. Esa dualidad quería que apareciera en el personaje.

Esa es la combinación que quería, un Carl más bueno, y un Morc, más oscuro, más complicado. Esa parte saldrá más adelante, en una próxima entrega. En cuanto si se parece a otros personajes de novela policíaca, para que no me influyan, no leo novelas negras de otros autores, y así intento ser original con mi personaje. 

Realmente a Carl lo que le apetece es retirarse a su casa, estar haciendo salchichas con sus vecinos, y beber una botella de vino.

En la librería madrileña Estudio en Escarlata



Junto a Carl Morc, está su ayudante Hafez-el-Assad, un personaje brillante y misterioso. ¿Cómo se le ocurrió este personaje?

Pues Assad es un homenaje a los taxistas orientales. En Dinamarca hay muchos taxistas de Oriente Medio. Y en muchos casos son una gente muy educada, incluso más que yo, lo cual a veces me pone nervioso. En general son una gente muy divertida, por lo que este personaje es un reconocimiento a todos los refugiados que llegan a Dinamarca. 

De Assad me encanta su humor. En una ocasión estaba hablando con uno de mis traductores norteamericanos, y le dije que tenía muchas ganas de que nos encontráramos y de verle, y me respondió que él también tenía muchas ganas de encontrarse y verse… Este tipo de humor tan rápido e inteligente es algo que admiro, y he intentado que Assad lo tenga, porque me divierte mucho.

Intento no ser políticamente correcto, y Assad es un buen tipo, pero tiene algo también de pequeño diablo, de misterioso, recóndito y no declarado.

Una de las peculiaridades de este personaje es su singular forma de hablar, llena de trabalenguas, metáforas erróneas y dichos pseudo filosóficos sobre camellos. ¿Cómo es que usó de estos elementos?

No sé muy bien de donde sale todo esto. Assad tiene dos aspectos divertidos. El de los errores gramaticales, que los saqué de una cuñada, que los tiene a menudo, y que siempre nos han divertido, y en cuanto al uso de dichos sobre camellos, intentan ser un homenaje a las fábulas de La Fontaine, en las que siempre hay un pequeño mensaje moral. He intentado transmitir esto en cada una de estas pequeñas historias de camellos.

De todas formas, hay que señalar que no hay camellos en Oriente Medio hay dromedarios, y cuando Carl señale este hecho a Assad … pero eso será en una próxima entrega.

No hay dos sin tres, dicen… ¿A qué vino entonces la irrupción de Rose Knudsen, tan singular refuerzo de ese par de sabuesos?

La pregunta que uno se hace continuamente es si Rose está enferma o no, y por qué hace lo que hace.Porqué Rose es así, se sabrá en la séptima entrega de la serie. Quería hacer un personaje como Rose que irrumpiera en la pareja Carl y Assad, que trajera la anarquía la acción, un poco el sinsentido. No quería caer en la esterotipia de la pareja de investigadores contrapuestos, pero varones, y muy conscientes…

Sus personajes realizan pesquisas policiales, pero ninguno de ellos parece adaptarse a la idea de ser policías. Incluso echan mano de personajes periféricos para que les ayuden en sus investigaciones.

Es cierto que Carl está cansado, y evita el trabajo policial todo lo que puede; que no sabemos por qué Assad está en la policía, Rose suspendió las pruebas para entrar o el cantinero era un antiguo miembro de la policía científica, y cambió de actividad… En el fondo es un homenaje a todos los que cambian de actividad (lo cual es muy habitual en Dinamarca) o se quedan en las puertas, como me pasó a mí.



En sus novelas, además de las tramas criminales, se hace un minucioso repaso de la situación de la sociedad danesa, tanto en el pasado como en el presente.

El que aparezca esta cuestión de lo social es porque Dinamarca es un país muy democrático, y tenemos que lograr que las cosas vayan bien. En Dinamarca hay muy poca corrupción, y tenemos que intentar que las cosas se digan para que no haya corrupción. Por ejemplo el cuarto libro, que trata de cómo sufrieron muchas mujeres desde 1922 hasta bien entrados los cincuenta, es un homenaje a mi padre, que consideraba que esa historia había que hacerla pública, y que deberíamos avergonzarnos los daneses porque hubieran sucedido tan horrendos hechos. Aunque hubo compensaciones económicas, y hubo un reconocimiento y se pidió perdón, yo quería que se viera qué pasa cuando no te ocupas de la gente. pero Dinamarca no es un país perfecto, y tenemos también nuestros casos de racismo con un partido nuevo que no tiene en cuenta a los emigrantes que llegaron, y de los que no se ocuparon de dar trabajo a aquellos que llegaron y eso generó muchos problemas de integración. En mis novelas he intentado incluso con humor hablar de estos problemas.

Los policías que salen en sus novelas resultan bastante torpes, centrados en su propio éxito y en algún caso corruptos. ¿Esto es una crítica a la policía danesa? 

Realmente no pienso que la policía sea ineficiente. En un colectivo tan amplio, siempre hay elementos que no funcionan, dos o tres de cada cincuenta. Carl Morc resulta un personaje molesto para sus colegas, pues se está contínuamente preguntando, y eso no siempre es bien recibido. De todas formas, Morc no es perfecto, nadie lo es. y el porcentaje de delitos resueltos en Dinamarca se acerca al 89 por ciento, que no está nada mal, aunque no es perfecto aún.

Una de las temáticas constantes en sus novelas es la de las personas que sufren encierros, o bien se ven atadas por sus circunstancias. ¿Hay alguna razón para este hecho?

Tienes mucha razón. Desde muy pequeño yo tengo recuerdos de los hospitales psiquiátricos donde trabajaba mi padre, y tengo muchas imágenes de gente encerrada, atada a sus camas. Para mí entonces los malos eran los médicos. Quizás escribiendo pretendo liberar a toda esta gente, y hay todavía muchas historias por contar.

Esta última entrega de su serie, El efecto Marcus, resulta algo distinta de las anteriores, resulta más un thriller de acción, con un toque de Oliver Twist

Muchísimas gracias por citar a Oliver Twist, que es una de mis novelas favoritas. Es una novela muy trágica que acaba bien. Y realmente no tenía conciencia de haberlo hecho así, pero es muy interesante su propuesta.

Cada libro pretendo que sea algo diferente. Yo hice un plan inicial de toda la serie, por lo que tardé más de un año en hacer la sinopsis, lo cual fue muy arriesgado, pues no sabía si el libro iba a funcionar. 

Cada libro tiene un ritmo distinto. Éste tiene muchas anécdotas intercaladas, el siguiente tiene un tratamiento diferente. He intentado que cada libro sea algo distinto, para que la serie sea más rica.

¿Cómo va el ritmo de producción de la serie?

Pretendía haber acabado la serie en 2011, pero como los libros han tenido mucho éxito, he tenido que viajar mucho, y eso ha retrasado las entregas. Y ya tengo 64 años y me quedan cuatro entregas (en total serán 10, ya que la sexta entrega ya está publicada en danés), y me apetece escribir otras cosas, por lo que voy a tener que reducir los viajes.

Hablando de viajes. En la segunda entrega de la serie, Los chicos que cayeron en la trampa, relata una fulgurante visita del protagonista a Madrid, con múltiples peripecias… ¿Es ésa la opinión que se llevó de la ciudad de Madrid? 

(Grandes carcajadas). Es cierto, vine a Madrid, y desde el aeropuerto cogí el metro, y me robaron todo: dinero, tarjetas, billetes de avión, el teléfono… La situación fue muy dura, pues, como puedes imaginarte, la sensación no era nada agradable… y realmente conocí un mendigo que tenía recipientes para limosnas con diversos propósitos…

En El efecto Marcus aparecen organizaciones criminales en las que fenómenos como la esclavitud se dan. ¿Cree Vd. que eso ocurre en nuestras sociedades democráticas que dicen proteger y favorecer las libertades personales?

Sabemos que en la realidad existen estas bandas de delincuentes, y que se dan estas situaciones de esclavitud, quizá no en la forma que presento en la novela, pero sí parecidas. Implica un gran esfuerzo para los gobiernos cuidarse de grupos, sobre todo que vienen de los antiguos países de los Balcanes, que aprovechando la libertad de movimientos por toda Europa, llevan sus actividades de un lugar a otro, siendo muy difícil perseguirles.

En sus novelas aparecen historias y escenas muy duras e impactantes. Sus malos son muy brutales, muy insistentes. ¿Cómo es que eligió esa fórmula?

Seguramente viene de mi infancia, de haber estado en muchos hospitales psiquiátricos. En general no me gustan los libros de violencia gratuita, en la que de repente, van y le clavan a alguien un cuchillo. Prefiero a los delincuentes elegantes, que te permiten desarrollar por qué y cómo es que llevan adelante sus acciones. Por ejemplo me interesa más como es el desarrollo del maltrato, en mi primera novela hay una mujer que es encerrada en una cámara hiperbárica, y cada año se sube una atmósfera la presión, lo cual no tiene mucho efecto, aunque si se reduce de golpe la muerte es horrible. Lo importante es lo que va pasando durante este tiempo. Por ejemplo durante un año se le da luz, pero después se le quita. Lo que más me interesa es la vivencia, las sensaciones de la víctima. De todas formas tengo otras muchas posibles maneras de matar… pueden elegir… (gran carcajada)

¿Cómo han sido las relaciones del Departamento Q con el cine y la televisión?

Se han hecho un par de películas sobre mis novelas… que no me han gustado mucho, por lo que no estaba muy interesado en que se pasaran mis libros al cine o la televisión. Pero hace un par de años recibí la llamada de Scott Frank,el guionista, por ejemplo, de Minority report,, que me dijo que estaba muy interesado en la serie, y me propuso hacer una serie televisiva basándose en cada una de las novelas del Departamento Q. Para mí fue una gran emoción.

Y se va a estrenar próximamente la versión cinematográfica de La casa del alfabeto, una novela mía anterior a la serie de Carl Morc, que salío editada en España. 

En cuanto al control del producto, soy bastante controlador. Con las películas que se hicieron en Dinamarca no lo fui, y así salieron de mal. Intento estar muy cerca del producto, tanto ahora como escritor, como cuando fui editor. Me parece que eso resguarda de la idea original.

Volviendo a su protagonista, Carl morc, parece que vive dos vidas: en lo profesional tira para adelante, intentando resolver los viejos casos que le ocupan, resultando bastante decidido y resolutivo. Pero cuando llega la hora de lo personal parece bastante panoli, hace todo lo que le indican, siempre está al servicio o capricho de los demás. ¿Cómo funciona esa paradoja?

Antes de nada, tengo que decir que me encanta el personaje. Y en muchas cosas me siento identificado con él. Yo también, cuando alguien me pide que mueva una maleta, lo hago. Y en cuanto a lo profesional, Carl Morc no es tan profesional, le cuesta mucho ponerse a trabajar. El que realmente es muy profesional es Assad… 

Yo trabajo porque tengo que hacerlo. Pero por ejemplo yo me he cambiado de casa unas quince veces, y en buena parte de ellas he trabajado mucho. Ya lo he dejado, pero de vez en cuando algún amigo me llama, y por ejemplo cuando vuelva, tengo que ayudar a un amigo a construir una chimenea…. ¡odio a estos amigos!

¿Cuál es su forma de trabajar?

Escribo cuando tengo tiempo. No hay una norma definitiva. Preferiría escribir un par d horas diarias, pero no es fácil conseguirlo. Eso sí, intento no hacer otra cosa, ni teléfono, ni café, voy antes al baño e intento ponerme a trabajar. Me pongo el sombrero de mi padre, que era un hombre muy inteligente, lo cual genera una simbiosis útil… Y lo único que hago es que me pongo música con auriculares, especialmente música de películas, como Morricone, o Las normas de la casa de la sidra, o jazz, y me pongo en situación, pensando que si ellos han hecho una música tan buena, pues yo he de hacer algo parecido…

Uso un viejo teclado muy grande y pesado, que prefiero a los de los portátiles con los que sufro de la espalda, y uso Word Perfect 5.1, que es pantalla negra con letras blancas. ¡Ya sé que es antiguo! Pero lo prefiero a los procesadores más modernos… (Grandes carcajadas)



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Esta entrevista se celebró en la librería Estudio en escarlata, de la ciudad de Madrid, el miércoles 15 de Abril de 2015. Queremos expresar nuestro agradecimiento a los propietarios de la librería Estudio en escarlata por cedernos el espacio para mantener esta entrevista, y a Laura Russo, del departamento de prensa de la editorial Maeva, por todas las facilidades que nos dio para poder celebrar la misma.



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