Chump change. Dan Fante

La relación entre literatura y alcohol

Librarse de sus propios fantasmas
¿Se acuerdan de Bukowski o de Lowry o de Dylan Thomas o de…? Pues en la misma cuerda Dan Fante. Y lo tiene tan claro como la siguiente frase:

Sabía que a partir del punto en el que se encontraba, uno se emborracha tranquilamente o se emborracha y se caga en todo

El problema venía que con demasiada frecuencia no tomaba la primera opción, es decir, emborracharse tranquilamente, sino que llegado a un punto comenzaban una sucesión de hechos y de avatares de lo más estrambóticos

Las cosas que ocurren de borrachera suelen tener un hálito propio, como si fuera un mundo paralelo, una dimensión desconocida. La relación entre literatura y alcohol o mejor dicho sus efectos, no puede ser más antigua y más fructífera, desde aquel “In vino veritas” hasta el individualismo alcohólico de Bukowski hay un buen puñado de letras, de libros y de obras sumamente importantes.


el arte como salvación


No quería sólo hablar de la relación de Fante con el alcohol, que en la presente novela es vital, sino que incluir también lo que es una literatura del límite, de lo Terminal y no sólo por el consumo alcohólico, sino por llevar al límite al ser humanoEn cuanto a la relación con el alcohol sería como tomar a Bukowski y sumarle algo de realismo y unas gotas de salvajismo.

Sobre la individualidad y los límites de lo soportable por un ser humano es un campo mucho más amplio y muy tocado por la literatura del siglo XX, en especial por esas corrientes como el nihilismo, el neorrealismo y muchas otras que terminan en -ismo. Camus, Hamsun, Steinberg, Pavese, Sastre, Faulkner, Dos Passos…, podría seguir citando a muchos más pero en el fondo se trata de exponer al ser humano frente a acontecimientos que le superan y desconciertan. Fante obra del mismo modo salvo que todo lo provoca el propio protagonista que tiene mucho, o casi todo, de alter ego. Su relación consigo misma será su cáncer y lo que le conducirá por el “lado más salvaje de la vida”, aunque habrá que quitarle todo el romanticismo a esa expresión.

La novela no brilla en el aspecto estilístico, más bien es de un desmañado aspecto, aunque, y es muy curioso, tiene partes donde se percibe el pálpito propio de un buen narrador. Más que una obra de ficción para admirar es una obra a modo de terapia que el propio autor inicia para librarse de sus más íntimos fantasmas, aquí en este punto hay algo que resulta hasta conmovedor, de cómo el arte puede salvar al ser humano.

Si ustedes leyeron a Bukowski y les gustó, si disfrutaron de alguna novela de Dos Passos o se deleitaron de esos ambientes turbios de Camus de una humanidad al filo de la brutal realidad, les gustará esta novela. Es cierto que como obra tiene su punto de acidez pero el resultado final no desmerece. Por último les voy a poner un extracto que indica muy a las claras la barbaridad que ha perpetrado Fante.

Me habló de su madre camarera y de su hermana mayor; las dos eran alcohólicas. Me habló de su aborto. Me habló de toda la tristeza y la brutalidad y la estupidez que les toca sufrir a aquellos que sobreviven en la calle buscándose la vida como buenamente pueden. Eran sagas que había oído cientos de veces en los programas de recuperación para alcohólicos y en las unidades de psiquiatría a las que iban a parar los locos de atar

Sajalín, 2011
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Sergio Torrijos
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