Carthage. Joyce Carol Oates

Un mundo ingeniosamente novedoso, desconocido y extravagante

Un libro cargado de esperanza
Si inicié la lectura de esta novela no fue por la autora, para nada, pese a ser conocedor de su fama. Ni tampoco por el mítico nombre del título, esa vieja ciudad que genera la idea de grandes victorias, desoladoras derrotas y muchísimo lirismo que tal vez provenga de admirar la novela de Flaubert, Salambó. Lo hice al leer la contraportada e imaginarme que existía algo oscuro y nuevo dentro de las páginas de la novela.

Había muchas cosas nuevas, oscuras muchas menos.

Por cierto, antes de continuar, debo felicitar a la editorial por esa página de contraportada que es absolutamente genial. Lo pone todo, no dice nada, se intuyen miles de cosas y no se explica casi nada. Antes de juzgarme léanla, si tienen acceso a ella, y me cuentan. Comprenderán el porqué de mi debilidad y de mi caída.

Acostumbro a recomendar los libros en función de los asesinatos que se cometen entre sus páginas o por el grado de dureza de los personajes. Con Carthage pasa algo raro, no hay asesinatos pero existe mucha dureza. Se comenta, creo que en alguna reseña, que muestra un mundo oscuro y turbio, pero no me lo parece, todo lo contrario, creo que es un libro cargado de esperanza.

Por lo pronto y para que se hagan una idea voy a iniciar la reseña con tres líneas de la propia autora:

Había descubierto, además, lo superficial que era, con qué facilidad se la hería, se la derrotaba. Como un dibujo de M.C. Escher que es deslumbrante e inteligente, ingenioso, pero todo superficies, carente de profundidad y de corazón

Parece mentira pero con esas tres sencillas frases se podría resumir toda la obra, es más, creo que la idea primigenia de Carthage se basa en ese pensamiento que va de la superficialidad a la carencia sentimental

¡Ya lo sé!

¡De sobra lo sé!

No es lo habitual de Prótesis… yo también lo he pensado. 

¿Nos estaremos volviendo blandos? ¿Enterneciéndonos con el paso de los libros y de los años?

Es una posibilidad, no lo dudo, pero como publicación honesta y seria debemos serlo con los libros que leemos y en consecuencia con nuestros lectores y este libro que hoy presentamos es una muy buena novela. 


los personajes de la novela, en los límites sociales


Tiene profundos fallos de estructura, unos personajes no muy creíbles y con un desarrollo personal cogido con pinzas, pero, ay amigos, qué bien funciona, qué bien se lee y cómo se disfruta. La señora esta, Oates, tiene mano con las letras y con muy poco es capaz de enganchar al lector y mostrarle un mundo ingeniosamente novedoso, desconocido y extravagante. Tan extravagante que los personajes de la novela en muchos casos funcionan en los límites sociales, son absolutamente asociales.

Durante toda la lectura me ha parecido que aparecía entre las páginas de la novela la figura de Julien Sorel. No soy capaz de explicar la relación entre lo que se narra y el protagonista de Rojo y negro, una obra capital, creo que puede ser por la ingenuidad de Sorel o puede que por esa juvenil capacidad de acomodar el mundo a su pensamiento. Estaba tan sorprendido de esta asociación de ideas que rebuscando en la biografía de la escritora descubrí que admira, no precisamente en silencio, la obra de Stendhal, lo cual me dio una pista y un espaldarazo para asegurar que iba por el buen camino. En ese camino hay mucho clasicismo, mucha tradición literaria que voy a resumir en otra frase de la autora:

Comenzaba a peguntarse si su comportamiento no habría sido una venganza muy primitiva contra todos ellos por su fracaso a la hora de quererla

O la idea, muy clásica, a estas alturas de la película, del individuo enfrentado a todo incluido él mismo, como en algunos casos mostraba Hardy, la cita cultureta va con bastante mala leche por cierto:

Pero le quedaba tan poco orgullo que la mayor parte de los días agradecía el simple hecho de seguir viva

El principal escollo de la novela es su mejor virtud. Algo muy curioso. La idea general peca de ser un tanto infantil y al mismo tiempo esa endeblez le hace que sea sumamente maleable y la escritora lo aprovecha al máximo. Entre las páginas de la novela aparecen claramente las ideas de la escritora, juzgando con verdadera mala leche actitudes y políticas americanas, en especial es relevante el tratamiento que da a los servicios penitenciarios. 

Por momentos parece como si la escritora deseara meter a uno de sus personajes entre rejas y no sabía como elaborar un guión que tuviera ese resultado y para ello ha tenido que desentrañar, trazo a trazo, una familia americana de clase media.

Soy consciente de que no es una buena reseña, ni siquiera he hablado del argumento, y a estas alturas ya no lo voy a hacer, ya se sabe, ¡cosas del directo!

Les aseguro que el libro merece la pena, se lee con gusto y tiene momentos verdaderamente buenos. Siempre con un toque muy personal, porque otra cosa no pero la escritora es muy suya, muy libre a la hora de ejecutar su narrativa, pero con una constante que es la calidad de sus textos, cierto toque que hace que su lectura sea diferente y plagada de evocaciones. Para cerrar un ejemplo de lo que les hablo:

Las notas cristalinas del piano, la claridad y la belleza, y la soltura que nunca se precipitaba ni insistía y que era en cierta medida anónima, como si Mozart, el compositor, no fuese un individuo, un simple ser humano, mortal, desaparecido siglos atrás, sino la voz de la humanidad misma, libre de todo lo que es ordinario, grosero, viciado y feo

Alfaguara, 2014
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Sergio Torrijos
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