Viaje al fin de la noche. Louis-Ferdinand Celine

Una obra tremenda, densa, complicada, sólida

Mezcla de argot y cierto lirismo
Los hijos de puta también escriben bien.

No, no es una cita del libro, es una opinión personal sobre el autor. 

Hablar de Celine es hablar de su principal obra, Viaje al fin de la noche, y si mentamos su curriculum hay que tener en cuenta que se le consideró oficialmente “desgracia nacional”. ¿Qué hay que hacer para ser considerado eso en un país avanzado como Francia?

La respuesta tiene su intríngulis y será mejor que rebusquen un poco en la biografía del personaje, que tiene lo suyo. Yo destacaría la primera frase de la reseña para entenderle y lo curioso es que creo que a él no le importaría o incluso le restaría importancia. Celine, al igual que su personaje en la presente novela Ferdinand Bardamu y que tiene mucho de alter ego, se mueve en otros cauces, navega en aguas diferentes, tiene otras inquietudes, otros principios, es otra cosa.

Para comenzar a hablar de la novela lo primero es lamentar la presente traducción. Muy mala, tanto que dificulta la lectura, sé que procede de otra similar hecha por Seix Barral y que no voy a citar a la autora por ahorrarme letras, y que intenta respetar el carácter del original, pero hacer esto… No hay muchas traducciones decentes de la presente novela, así que sólo queda consolarse y apretarse los machos. Creo, haciendo un esfuerzo por entender al traductor, que se ha intentando respetar, en exceso, el original, con su manera de escribir, con su estilo, con su mezcla de argot y cierto lirismo, pero traducir eso al castellano es hacerle un mal profundo a la novela. La traducción tiene que ser un tanto interpretativa, un poco creativa, no hacerlo de esta forma.


huir de la guerra es un primer paso


La obra se publicó en 1932 y comparado con lo que se cuece ahora mismo es evidente que culturalmente hemos retrocedido. Es una novela no crítica, ni mordaz, ni delirante, aunque tenga todo lo citado, es algo más, es un animal anómalo, extraño, novedoso, fruto de varios cruces y de experiencias peculiares, es, como ya se dijo del autor, algo diferente. Toma los parámetros clásicos y no los revierte ni los rompe, los rehace torticeramente. Ahora mismo, en nuestro siglo XXI, aseguro categóricamente que ningún editor de editorial grande se leería ni veinte páginas de la novela y lo de editarla sería casi una cuestión que llevaría a la risa.

La novela arranca con Ferdinand Bardamu huyendo de un amigo y corriendo a alistarse en el ejército en los albures de la primera guerra mundial, luego lo que ocurre queda descrito de la siguiente forma y también sirve para que se hagan una idea del estilo del autor:

Entonces, ¡el coronel era un monstruo! Ahora ya estaba yo seguro, peor que un perro, ¡no se imaginaba su fin! Al mismo tiempo, se me ocurrió que debía de haber muchos como él en nuestro ejército, tan valientes, y otros tantos sin duda en el ejército de enfrente. ¡A saber cuántos! ¿Uno, dos, varios millones, tal vez, en total? Entonces mi canguelo se volvió pánico. Con seres semejantes, aquella imbecilidad infernal podía continuar indefinidamente… ¿Por qué habrían de detenerse? Nunca me había parecido tan implacable la sentencia de los hombres y las cosas. 

Pensé ―¡presa del espanto!―: ¿seré, pues, el único cobarde de la tierra?...¿Perdido entre dos millones de locos heroicos, furiosos y armados hasta los dientes? Con cascos, sin cascos, sin caballos, en motos, dando alaridos, en autos, pitando, tirando, conspirando, volando, de rodillas, cavando, escabulléndose, caracoleando por senderos, lanzando detonaciones, ocultos en la tierra como en una celda de manicomio, para destruidlo todo, Alemania, Francia y los continentes, todo lo que respira, destruir, más rabiosos que los perros, adorando su rabia (cosa que no hacen los perros), cien, mil veces más rabiosos que mil perros, ¡y mucho más perversos! ¡Estábamos frescos! La verdad era, ahora me daba cuenta, que me había metido en una cruzada apocalíptica.

Tras lo dicho huir de la guerra es un primer paso y lo que descubrimos es que Bardamu no es un cualquiera, es uno de esos tipos que huyen, que se van, que cuando menos te lo esperas miras y ya no están. 

Bogábamos hacia África, la verdadera, la grande, la de selvas insondables, miasmas deletéreas, soledades invioladas, hacia los grandes tiranos negros repantigados en las confluencias de ríos sin fin

Hay que reconocer que tiene lirismo, ¿o no? 

Otro chupito de un lirismo brutal:

Los crepúsculos en aquel infierno africano eran espléndidos. No había modo de evitarlos. Trágicos todas las veces como tremendos asesinatos del sol. Una farolada inmensa. Sólo, que era demasiada admiración para un solo hombre. El cielo, durante una hora, se pavoneaba salpicado de un extremo a otro de escarlata en delirio, luego estallaba el verde en medio de los árboles y subía del suelo en estelas trémulas hasta las primeras estrellas. Después, el gris volvía a ocupar todo el horizonte y luego el rojo también, pero entonces fatigado, el rojo, y por poco tiempo. Terminaba así. Todos los colores recaían en jirones, marchitos, sobre la selva, como oropeles al cabo de cien representaciones

También tiene su humor, negro, bestia, poco cuidadoso ni con las formas ni con el fondo, véase el ejemplo, seguimos en África:

No me gustan nada los empleados que no beben ni fuman… ¿No será pederasta por casualidad? …¿No?¡Lástima!... Ésos nos roban menos que los otros…La experiencia me lo ha enseñado…Se encariñan…En fin ―tuvo a bien retractarse―, en general me ha parecido notar esa cualidad de los pederastas, a su favor…

El paso de África a otro continente, América, no supone salvo un cambio de escenario y de realidad, la salvaje vida africana frente a la brutalidad de un sistema mecanizado y deshumanizado. La individualidad muerta en la guerra a escala industrial y el trabajo en las fábricas de coches americanas en el mismo sentido, siendo páginas de la misma realidad. El ataque brutal contra el individuo del que Bardamu se defiende con la huida, con el escondite en los márgenes de la sociedad, con ese genio que poco a poco, a modo de destellos nos va mostrando y nos va dejando parte de su universo vital. Su regreso a Francia, el encontronazo salvaje con la miseria ya conocida y como no, de nuevo la huida.

Confiar en los hombres es ya dejarse matar un poco

Ahí en ese punto es donde está el verdadero Bardamu, al que había que sumar el deseo, irrefrenable, de huir, de alejarse, sin un motivo claro como el mismo asegura:

Yo la amaba, desde luego, pero más aún amaba mi vicio, aquel deseo de huir de todas partes, en busca de no sé qué, por orgullo tonto seguramente, por convicción de una especie de superioridad

Aunque con Bardamu y con Celine todo hay que ponerlo en cuestión, incluso cuando se habla a sí mismo. ¿Es Bardamu un mentiroso? ¿Alguien lo duda? Aunque a veces se gasta una realidad asombrosamente certera:

La gran fatiga de la existencia tal vez no sea, en una palabra, sino ese enorme esfuerzo que realizamos para seguir siendo veinte años, cuarenta, más aún, razonables, para no ser simple, profundamente nosotros mismos, es decir, inmundos, atroces, absurdos

Su visión de la humanidad es como poco curiosa y en ese punto incidiría en otro de los jalones de la vida personal del autor y en sus problemas que posteriormente salieron a la luz.

La moral de la Humanidad, a mí, me la trae floja, como a todo el mundo, por cierto… A la hora de escoger una miseria u otra, yo prefería la que no arma escándalo a la que se expone en los periódicos

O esta a modo de realidad mucho más cercana:

La misma priva, el mismo cine, los mismos chismes deportivos, la misma sumisión entusiasta a las necesidades naturales, de jalar y cagar, los convertirían, allá como aquí, en la misma horda embrutecida, cateta, titubeante de una trola a otra, farolera siempre, chapucera, mal intencionada, agresiva entre dos pánicos

¿Bardamu/Celine cree en la humanidad?

Evidente, ¿o no? 

La novela no tiene más pretensión que mostrar el mundo desde los ojos de su protagonista y por ende de su autor. La realidad de la muerte en la guerra hasta la miseria de los barrios pobres de Francia, pasando por África y por la despersonalización del progreso en América. No se busca el efectismo literario, salvo alguna cita de belleza brutal, ni tampoco una estructura narrativa sólida, todos esos artificios de ficción sobran para el autor que los ignora. La novela es un canto individual a una forma de ver la vida muy particular.

Intentar comprender a un autor con un único libro es complejo, con Celine, creo que nos hemos acercado y lo que vemos no es muy agradable, un individualismo grande, no del estilo hollywoodiense, sino del europeo, del que huye, del que se considera único porque se conoce. No se busca el aplauso social sino otra cosa, tal vez no verse arrastrado por sí mismo. 

Se habla mucho de nihilismo cuando se habla de esta novela, no lo duden, lo hay a paletadas, también mucho individualismo…podríamos seguir poniendo muchas palabras terminadas en ismo que no nos llevarían a ninguna parte.

Como novela es una obra tremenda, densa, complicada, sólida, irrealmente concebida y ejecutada con maestría. Como escritor Celine es un fenómeno, ahora bien separarlo de la faceta humana es imprescindible, hay que dejarse llevar por su Bardamu y por su concepción del mundo y de los hombres. 

Esta novela tiene lo suyo y cuando terminas de leerla te das cuenta de la influencia que ha tenido en otras, la individualidad de Bukowski no se entendería si en ese saco no hay una china de Celine y cito a uno por no poner a más escritores. Destaco que pese a ser una obra densa y de lectura complicada posee un lirismo efectivo absolutamente sorprendente. Me he dejado muchas citas en el tintero, cada dos páginas nos ofrece un pensamiento que merece la pena considerarlo. Si pueden léanla, es una recomendación sumamente acertada. 

Para terminar una última cita, un pequeño balín de los que la novela está cargada.

Los amores contrariados por la miseria y la distancia son como los amores de marinero, son, digan lo que digan, irrefutables y logrados

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Sergio Torrijos 
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