Todo el mundo tiene un plan… hasta que le sueltas la primera hostia

Estando en prisión lei todos esos libros profundos. Eso de Tolstoi. La gente no debería leerlos

Un buen día miras de soslayo un periódico, lees con atención una frase, te asombras de la concisión y claridad del pensamiento

“Son hombres de negocios; yo, un asesino nato.”

Conoces al personaje, le admiras pero con una cierta distancia, tienes claro lo que puedes pensar de él pero al mismo tiempo tienes una atracción indeterminada por su pensamiento, vuelves a leer una de las citas que se le atribuyen:

“El problema de mi vida ha sido que siempre he sido un adicto al caos.”

Piensas en otra vida, muy diferente a la tuya, en otro pensamiento y en otra manera de asumir los errores:

“Miro alrededor y soy un desastre. No sé porque hago las cosas.”

Comienzas a tener una percepción diferente del personaje. Más aún cuando observas su rostro, su mirada

“Es un milagro que haya llegado vivo a los 40, pero fui viejo demasiado pronto y listo demasiado tarde”.

Tienes datos de su biografía, pues casi nadie es ajeno a ella. Jalones en su historia que se ha vivido con el dramatismo que siempre ha escenificado. Nada en él ha sido normal, todo ha sido desproporcionado, abismal y rotundo:

“Cuando estuve en prisión estuve envuelto en todos esos libros profundos. Eso de Tolstoi. La gente no debería leer esas cosas.”

O la claridad del que lo ha perdido casi todo:

“La verdadera libertad es no tener nada. Era más libre cuando no tenía un centavo.”

¿Quién es el personaje?

Un político, un periodista, un intelectual…cualquiera de esas profesiones podría ser. 

Si profundizamos más en su biografía comienzan a aparecer los espacios mucho más oscuros:

“Los tipos duros no duran. Se convierten en dinosaurios.”


¿Acaso se ha convertido él en un dinosaurio? ¿Es no de esos seres que se ha quedado anclado en otra época? ¿Es su imagen la representación de un tiempo caduco?

Puede ser, aunque con él todo es desmedido.

Mucha gente opinará que nuestro personaje es la viva imagen de algo asíncrono, ininteligible en un mundo ordenado. Algunos lo tacharían de marginal pero eso se hace ahora y no cuando estuvo en la cumbre. Entonces… entonces era otra cosa y sus declaraciones eran seguidas por todo el mundo. Escuchadas con atención, atendidas por multitud de periodistas, reproducidas en los medios, tenidas en cuenta…

Un día como hoy miras de soslayo el periódico. No es la publicación que habitualmente lean nuestros lectores, ¿o puede que sí? Es el diario AS.

Te admiras de la contundencia de una frase:

“Son hombres de negocios; yo, un asesino nato.”

¿Quién era para elegir semejante vocabulario? ¿Quién para que al instante no se le abalanzarán la mitad de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado? ¿Qué representaba para que esas declaraciones aparezcan en la prensa?

Pues la respuesta es sencilla, era el rey, el puto amo, lo fue durante un tiempo, después una figura rota, un juguete inservible, un ser sin mucho futuro. Nos queda su biografía, unos cuantos recortes de prensa, tal vez alguna foto amarillenta y su manera de pensar sobre lo que observó en una rueda de prensa del próximo combate del siglo Maywheather vs. Pacquiao.



Declaró sobre el particular:

“Fue muy sutil, muy bonito, muy educado. Parecía que estaba no en una iglesia, pero si en una biblioteca. Quizá yo soy un Nearthental, pero yo quería matar al otro tipo.”

No terminó ahí su pensamiento sino que siguió:

“El boxeo ahora es diferente. Estos son hombres de negocios, yo soy un asesino nato, y quiero ganar y hacerlo de forma dramática y hacer daño a la gente. No es que me guste hacer daño a la gente, es sólo que soy bueno en ello.”

Ese es Mike Tyson, el llamado Iron Mike o el “Terror del Garden”. Una máquina de picar carne, el mejor peso pesado que se recuerda y que nadie cuando le haya visto en acción podría olvidar. No era buena persona, tampoco engañó a nadie. Era lo que era. Acudía a lo básico del ser humano y del boxeo, cada combate suyo paralizaba el mundo, la audiencia subía y subía porque con Tyson sobre el cuadrilátero todo era dramatismo, fuerza bruta, incontinencia, salvajismo al que apenas se le ponía un árbitro como cortapisas. 

Tyson como ejemplo del boxeo, su ferocidad y la atracción absoluta que despierta sobre el género humano. Un personaje desmedido y al mismo tiempo que nos inspira tanta ternura como aprensión. Representa la fuerza incontrolable, lo salvaje que existe en nosotros mismos y es todo lo contrario de lo que vamos a ver por televisión que intentará pasar por el combate del siglo. Tyson era el boxeo puro y duro, Maywheather y Pacquiao son hombres de negocios.

“Todo el mundo tiene un plan… hasta que le sueltas la primera hostia.”

Sergio Torrijos
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