Sicarivs: La noche y el silencio

Nos escamoteará inteligentemente cualquier tipo de explicaciones y pasará a la acción

Como un pistolero silencioso de Melville
Lo mejor de Sicarivs es precisamente lo más difícil de conseguir: aporta una mirada propia con una voz inconfundible. Desde que en la primera secuencia escuchamos la narración en off de Víctor Clavijo comentándonos sin pudor o arrepentimiento —confesándonos— cuál es su ocupación —matar por dinero, al mejor postor—, no podremos dejar de mirar ni escuchar; querremos que la narración continúe con fluidez, más intrigados que asustados dada la peculiaridad del personaje.

Su siguiente misión le lleva a un lujoso chalet: tiene que matar a una joven embarazada. No lo hará, pero no tanto por sentimentalismo como porque su mirada le hace de alguna manera verse a sí mismo. Y no le gusta lo que ve. Como si fuera un asesino a sueldo de Kaurismaki (o su víctima) o un pistolero silencioso de Melville, nuestro protagonista nos escamoteará inteligentemente cualquier tipo de explicaciones y pasará a la acción: una vez que has tirado de la manta, debes atreverte con todo.


huida hacia delante que siempre va a más


Decir que Sicarivs es un thriller de acción —y sin duda lo es— podría llevar a error. Con gran habilidad el cineasta Javier Muñoz escancia la acción consiguiendo que el centro de interés esté en todas partes, que la amenaza se mantenga activa de principio a fin. En lugar de estar el espectador atento al siguiente golpe de efecto, se centra en la evolución de Clavijo, que en su huida hacia delante siempre va a más.

Destacan los ambientes nocturnos gracias a una fotografía de colores apagados que respeta el protagonismo de las amplias zonas de penumbra. Quizás el mayor acierto —tanto en el plano estético como en el narrativo— sea esa prolongada partida clandestina de póker en el interior de un ayuntamiento. El juego con el espacio consigue crear gran atmósfera en un lugar tan aparentemente aséptico. 

Volviendo a esa secuencia inicial en la que se presenta el asesino, mientras su víctima cava su propia fosa, llama mucho la atención un detalle. Viene a decir Clavijo que esto no es Rumanía o ningún otro país lejano. Que esto que vemos está sucediendo ahora en España. Forzando la interpretación de la frase, quiero pensar que es un guiño hacia las estupendas películas de género que ahora se facturan en nuestro país. De Grupo 7 (Alberto Rodríguez, 2012) a La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014) pasando por No habrá paz para los malvados (Enrique Urbizu, 2011). Vuelve a haber donde elegir.

David G. Panadero
Publicar un comentario en la entrada