Maximilien Heller. Henry Cauvain

¿Se puede acusar así de plagio a Conan Doyle?

Pensarás en Sherlock Holmes
Maximilian Heller, de Henry Cauvain, publicado por la Editorial d´Epoca ha resultado un libro notable. En primer lugar por las intrínsecas cualidades de la novela, tan entretenida y amena que se lee de un tirón y de la que se pasa con pena la última página; cualidades estas que por si mismas justificarían la recomendación de este libro.

Pero es que además, y esta es la gran sorpresa, que creo que compartirá cualquier admirador de Sherlock Holmes que se acerque por primera vez al protagonista de esta novela, hay que subrayar las características del personaje, el Maximilian Heller que da título al libro.

Porque… si se dice que la novela tiene como protagonista a un detective al que su inteligencia excepcional le convierte en un misántropo sujeto a terribles crisis de melancolía, en las que ha de recurrir al opio como paliativo, y de la que sólo es capaz de salir gracias al acicate que le supone la investigación de un crimen del que se acusa a un inocente; si se dice que este personaje escribe ensayos sobre los más abstrusos asuntos, que es maestro en el arte del disfraz, que el cronista de sus peripecias es un médico amigo suyo, que lucha contra un criminal al que se puede considerar el reflejo antagónico de su propia inteligencia… En fin, si se dicen todas estas cosas y alguna más, como que se trata de un competente químico y de que su descripción física es la de un individuo alto, muy delgado y de aspecto y costumbres ascéticas y desordenadas… Si se dicen todas estas cosas, ciertamente la mayoría de los lectores pensarán sin duda alguna en el mismo personaje: el gran Sherlock Holmes.


casualidades extraordinarias, o algo más


Esto, más o menos, comenta del personaje la editorial. Y es estrictamente cierto. Pero es que, al leer la novela, esa impresión se convierte en una realidad incuestionable. Cualquiera que la lea acabará, seguramente, con el convencimiento de que Maximilian Heller y no Estudio en escarlata (que fue publicado en 1887, dieciséis años después de la francesa) podría calificarse realmente de ser la primera aventura de Sherlock Holmes, o bien las aventuras del gran personaje de Conan Doyle serían la continuación de las aventuras de este gran investigador francés. Porque la única gran diferencia entre uno y otro que se manifiesta a bote pronto es la nacionalidad y el que Cauvain califica a su héroe de filósofo; lo que tampoco es muy determinante porque al parecer Conan Doyle en el borrador de su primera historia de Sherlock Holmes (Estudio en Escarlata publicada en 1871, dieciséis años después de la aparición del Maximilian Heller) también le dio esta característica, aunque luego prescindiría de ella, quizás para evitar una última y determinante similitud con su predecesor francés.

¿Se puede acusar así de plagio a Conan Doyle? Pues diría que en cuanto a la creación de un personaje y sus características, no caben muchas dudas. Es cierto que en la vida se dan casualidades extraordinarias. Por ejemplo, Darwin y Alfred Russell Wallace llegaron de una manera independiente a formular similar teoría de la evolución de las especies… pero parece más verosímil, por raro que sea, que dos personas formulen por separado una misma teoría científica a partir de la observación de los mismos hechos naturales que el que se lleguen a crear dos personajes literarios de tan similares características de manera independiente.

Que Doyle, que leía francés sin problemas y admiraba la literatura francesa y que además visitó Paris en 1876, justo después de que se hubiera reeditado la obra de Cauvain, que alcanzó mucho éxito en su época, copió al francés (decir “se inspiró” sería demasiado suave e irreal) parece evidente. Lo que eso le quite de mérito al autor británico es ya cosa que cada cual habrá de juzgar por si mismo. Shakespeare, entre otros grandes, también utilizó historias y personajes tratados anteriormente en la literatura y eso no le resta nada de grandeza. 

Conan Doyle consiguió dotar de un alma propia, y sobre todo de un mundo propio, a su detective y a sus historias, lo que le hacen único e inmenso. Pero también es cierto que, a partir de ahora, siempre que vuelva a Sherlock Holmes, estará presente el recuerdo del más romántico (en ese aspecto está muy presente en la obra de Cauvain la influencia de Edgard Allan Poe) y pasional Maximilian Heller, que al contrario que Sherlock consigue encontrar la redención a su misantropía en la salvación de un inocente; porque como Cauvain hace decir al narrador de su novela “Hay una ley psicológica, a la cual todos los hombres están sometidos, que nos inclina a juzgar el universo según el restringido mundo en que vivimos, y nos lleva a contemplar a nuestros semejantes a través del prisma de nuestros propios defectos y virtudes. Nuestra mirada está constantemente fijada sobre ese espejo secreto, encerrado en nuestro espíritu, y es en base al reflejo de nuestra propia imagen que juzgamos al resto” y cuando Maximilian, al final de la historia, observa en ese espejo secreto al ser que ha sido capaz de salvar y dar la felicidad a un inocente, entonces encuentra la paz de espíritu y el amor hacia sus semejantes.

Comentando estos hechos con una gran especialista en novela victoriana detectivesca y de enigma, nos planteó la hipótesis de que el haber usado un molde francés para la que fue 

En definitiva, el personaje que más fama le dio, explicaría la ambivalente relación que siempre tuvo Conan Doyle con su personaje, del que intentó prescindir en varias ocasiones, pese a la fama y la riqueza que le dispensó, prefiriendo centrarse en otros personajes y series, de mucho menor valor y repercusión, pero que en el fondo él sabía que sí eran obra original suya. Esta tesis dará mucho que hablar en los próximos tiempos.

si antes me resultaba admirable la figura de Sherlock Holmes, ahora lo sigo admirando, pero habiéndose ampliado mi admiración para dar cabida a este nuevo héroe, tan injustamente desconocido hasta ahora, de la novela detectivesca, el gran y entrañable Maximilian Heller.

Y por último, destacaré que tan sorprendente novela, se presenta, como nos tiene malamente habituados d´Epoca, en una cuidada edición de bellas ilustraciones, con una magnífica traducción, y precisas y esclarecedoras notas que aumentan el placer de la lectura. Un libro magnífico por sí mismo, pero que pasa a ser imprescindible para cualquier buen aficionado a la novela policíaca.

d´Epoca, 2015
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José María Sánchez Pardo
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