La señorita Pym dispone. Josephine Tey

El ejemplo perfecto de que la novela clásica de detective no tiene siempre el final feliz

Excelente novela histórica y de intriga
La señorita Pym dispone, publicado ahora en España gracias a Hoja de Lata, apareció en Gran Bretaña en 1946. Su autora fue la novelista escocesa Elizabeth Mackintosh (1896-1952), más conocida por Josephine Tey (y por Gordon Daviot en su faceta de autora teatral). Aunque escribió desde niña, eligió inicialmente como profesión la de profesora de educación física en varias escuelas de Inglaterra y Escocia, pero en 1926 regresó a su natal Inverness para cuidar a su padre y comenzó entonces su carrera como escritora profesional.

En 1929 se inició en el género policial con El muerto en la cola, la primera de las cinco novelas protagonizadas por el inspector de Scotland Yard Alan Grant, un detective muy realista (alejado de los estereotipos de moda en la Edad de oro de la novela policiaca británica, tales como Holmes, Poirot, Champion o lord Peter Wimsey). Una de las novelas protagonizadas por Alan Grant, “La hija del tiempo”, fue elegida en 1990 como la mejor novela de misterio de todos los tiempos por la asociación británica Crime Writers' Association (lo cierto es que, en el puesto que sea, se trata de una buenísima novela tanto histórica como de intriga).


clímax en una dolorosa tragedia


La obra que ahora nos ocupa, La señorita Pym dispone, transcurre en una elitista escuela de educación física, ambiente que obviamente la autora conocía particularmente bien y que le permite estudiar y describir las complejidades de las relaciones humanas en círculos cerrados. Su protagonista, la señorita Pym, que se ha hecho famosa por escribir un libro de psicología utilizando más el sentido común que la erudición, acude a la escuela para, en aras de una antigua amistad con su directora, dar una conferencia a las alumnas. El ambiente de la escuela, en principio, parece encantador, pero pronto la señorita Pym empieza a tener sus dudas, especialmente cuando alguien le explique que “Estas chicas no llevan una vida normal. No puede esperarse que sean normales”. Por diversos motivos, Lucy Pym permanecerá allí más días de los que pensaba y eso hará que asista a determinados acontecimientos que tendrán su clímax en una dolorosa tragedia…

Esta novela, cuya intriga se va dosificando con gran maestría, no es un “libro policiaco” al uso. Es bastante más, ya que si bien a Josephine Tey se le incluye entre “las grandes damas del crimen de la edad de oro” (con Sayers, Marsh, Allingham y Christie), quizás sea la más original entre todas y la que mayor calidad literaria alcanzó (a pesar de que su temprano fallecimiento limitó lamentablemente su obra).

Y La señorita Pym dispone es un buen ejemplo de ese mérito literario, porque va mucho más allá de ser una simple “novela enigma” y, aunque es verdaderamente entretenida, no es, como suelen ser las de las anteriores autoras, nada tranquilizadora. Podría decirse que es el ejemplo perfecto de que la novela clásica de detective no tiene siempre el final perfecto y tranquilizador al que nos acostumbró Agatha Christie. 

Además, esta novela, simpática, divertida, agradable y pintoresca en muchos aspectos, plantea también muy serias cuestiones: por ejemplo nos hace reflexionar sobre una duda que llevará a la señorita Pym a vivir sus horas más sombrías al tener que asumir una dura decisión moral, “si lo correcto es siempre lo más adecuado”

En realidad, quizás pueda definirse a esta obra como un magnífico estudio sobre la culpa y sus grados; sobre la expiación y la redención; sobre la inocencia y la culpabilidad… En definitiva una magnífica novela que nos permite conocer algo más a una autora mal conocida en España. Pero, realmente, no resulta raro que, mientras la muy entretenida pero nada complicada Agatha Christie era traducida sin problemas, la muy entretenida pero también muy compleja moralmente Josephine Tey (“Dios nunca había sido capaz de salvar a las inocentes victimas que caían bajo la cruel bota de la historia”, es uno de los pensamientos que acucian a Lucy Pym) encontrará problemas en ser difundida en la cerrada sociedad española de gran parte del siglo XX.

Y, además, hay que señalar que a los evidentes méritos de esta muy recomendable novela se añade la hermosa y muy cuidada edición de la misma. En definitiva, un placer para el intelecto y para los sentidos.

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José María Sánchez Pardo
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