Prólogo: Los profesionales

Por un puñado de francos

Tuve la suerte de conocer la historia de Los Profesionales —la banda de atracadores más espectacular y cinematográfica que ha existido en Europa, que operó entre Francia y España durante los últimos años del pasado siglo— en medio de una conversación a varias bandas, en los despachos de Versátil. Mis compañeras de la editorial y yo escuchábamos a varios autores de la casa. Nos hablaban de lo que habían escrito, de sus futuros proyectos, y disfrutábamos del trabajo en equipo, tal y como nos gusta desarrollarlo… A la reunión había venido Lluc Oliveras, que no tardaría en ser uno más de la casa, uno de los nuestros. Al principio escuchaba tranquilo pero en cuanto empezó a contarnos su historia —y cuando digo su historia me refiero a la de Eugene Corveau y su equipo paramilitar de atracadores, a cuál si no—, no pudimos dejar de escucharle, incluso le animamos a continuar con la narración haciéndole mil y una preguntas. Nos hablaba de su contacto con uno de los policías que ayudó a dar caza a la banda y demostraba un conocimiento preciso y enciclopédico acerca de todo lo relacionado con este caso de implicaciones internacionales.



atrapados sin solución de continuidad


Los Profesionales, la novela, confirma todas las expectativas que se generaron en aquella reunión. A lo largo de sus páginas —páginas que pasan solas, que avanzan rápido, al ritmo desbocado que imponen los acontecimientos— Lluc Oliveras rinde un culto agresivo a la acción comparable al de las mejores páginas de la novela negra norteamericana, en el que solo cabe la opción de avanzar, de ir a más y subir la apuesta, de huir hacia delante caiga quien caiga. Que en esa huida —la de los atracadores y la nuestra, atrapados sin solución de continuidad e impacientes por saber más— sospechemos que todo acabará mal no quita interés a la novela. Al contrario; hace más intensa la lectura y da más fuerza a cada momento: el ritual previo a un golpe, la adrenalina fluyendo, la celebración con una botella de pastis, generosas rayas de coca y mujeres imposibles… 

En medio de tantas novelas con investigador melancólico, ante tal cantidad de personajes románticos que llevan a sus espaldas un pasado conflictivo, o que atraviesan la inevitable crisis de la mediana edad, se agradece la contundencia y sencillez de los personajes que ha creado Lluc. En efecto, Corveau y los suyos son gente de una pieza, gente primaria que solo busca la satisfacciones más inmediatas, cuyo tren de vida les va llevando a vicios cada vez más caros, cuyo carisma les va emparentado con tipos cada vez más poderosos. Ellos viven amparados por un inquebrantable código de honor. Como si fueran personajes del más sucio western —como los pistoleros desbocados de Grupo salvaje—, saben que pertenecen al presente únicamente porque todavía están vivos. Son una cuadrilla de desarraigados a los que el mundo no entiende pero que a su vez no hacen el más mínimo esfuerzo por pertenecer al mundo. 

Cuando empecé a leer Los Profesionales estuve tentado de conocer más acerca de la historia real que ha dado pie a esta novela, pero conforme avanzaba en sus páginas fui abandonando la idea. Al fin y al cabo lo que me llamó la atención de todo esto fue el entusiasmo contagioso de Lluc, que consiguió tenernos a todos pendientes de la historia. Finalmente, estoy convencido de que esta misma historia no sería igual contada por otro. Como dije, es su historia, y es el aire de leyenda que ha sabido imprimirle lo que la hace poderosa.

Off Versátil, 2015
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Prólogo de David G. Panadero,
director de la colección Off Versátil
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