El misterio del carruaje. Fergus Hume

Una insuperable descripción de las calles de Melbourne

Superó los 750.000 ejemplares vendidos
La editorial dÉpoca se ha propuesto, y lo está consiguiendo con sobresaliente, recuperar grandes obras literarias del siglo XIX que permanecían olvidadas para los lectores en castellano. En su colección “Misterios de Época”, imprescindible para aquellos amantes de la intriga deseosos de conocer los orígenes del género, ya ha conseguido grandes hitos, como la publicación de títulos de Anna Katharine Green, Mary Elizabeth Braddon, Gaboriau, Phillips Oppenheim, Gaston Leroux...

Ahora publica la bellísima edición ilustrada del que puede considerarse el primer bestseller de la literatura de intriga, “El misterio del carruaje”, del inglés Fergus Hume (1859-1932), que fue el libro de misterio criminal más vendido en el siglo XIX y en la primera mitad del XX, por encima de las obras de Collins o Doyle.

Fergus Hume, aunque nacido en Inglaterra, se educó en Nueva Zelanda y tras graduarse como abogado se trasladó a Melbourne, Australia. Pero aunque Hume había estudiado la carrera de abogado por imposición paterna, tenía una vocación muy definida: quería ser dramaturgo. Desgraciadamente para él, y afortunadamente para los amantes de género de misterio, sus intentos como autor teatral fracasaron de pleno. 


en 1886 había escrito “The Mystery of a Hansom Cab”


Buscó entonces una alternativa que le permitiera darse a conocer en el mundo literario para pasar después al teatral. Con este objetivo, se decidió a escribir una novela que cumpliera los requisitos de la literatura más demandada por el gran público de la época (y no es casualidad que al igual que más de 100 años después fuera la intriga el género que más vendía). Por ello Hume recopiló las obras más vendidas del momento, (Émile Gaboriau, especialmente) y se decidió a escribir una novela siguiendo esas pautas. Así lo hizo y para 1886 había escrito “The Mystery of a Hansom Cab”, el título original de la novela, que inicialmente recorrió el mismo camino de rechazo que sus obras teatrales, por lo que el tenaz Hume decidió hacer una autoedición de 5.000 ejemplares que se vendió en tres semanas. En los años siguientes, hasta la muerte de Hume en 1932, con diversos avatares editoriales, llegó a superar los 750.000 ejemplares vendidos.

Y comentados estos antecedentes… ¿qué se puede decir de la novela? Para empezar, que el éxito que conoció está totalmente justificado, porque tiene todos los ingredientes necesarios para mantener la atención y divertir a cualquier lector amante de la buena lectura en general y del género de intriga en particular

Partiendo de un crimen inusual, por ser cometido en un coche de punto (el Hansom Cab del título original), Hume consigue crear una historia magnífica, con un gran ritmo narrativo y una admirable gestión de la intriga central hasta el final de la novela. Todo ello aderezado con una insuperable descripción de las calles de Melbourne, esa ciudad que un escritor de la época definió “como Glasgow con un cielo de Alejandría” (en aquellos momentos, la segunda más populosa tras Londres del inmenso Imperio Británico). Hume hace transcurrir su historia tanto en las zonas más ricas como en los barrios bajos de Melbourne, lo que le permite reflejar dos mundos sociales antagónicos, el de la clase australiana más alta y el de la más miserable. Su descripción de las callejuelas infectas de Little Bourke Streett, la zona canalla de Melbourne, de sus tipos humanos y sus miserias, es magistral y en ella se encuentran claramente los ecos del más crudo naturalismo de Zola, con su pizca del realismo de Dickens y Balzac, especialmente en el despreciable pero genialmente pergeñado personaje de “La abuela raterilla” y todo su submundo. 

Porque esa es otra de las virtudes de Hume, su capacidad para dar vida a toda una galería de los más diversos personajes. Como en la vida misma, en las páginas de la novela de Hume nos encontramos a los individuos más nobles, a los más virtuosos, a los más degradados, a los más miserables, a los más conmovedores y a los más odiosos (con un muy de agradecer toque de humor gracias especialmente al personaje de Felix Rolleston o de una de la casera del protagonista). Y también todas las pasiones humanas, desde la mayor nobleza hasta la mayor abyección. En relación a esa abyección, y sin poder entrar a fondo para no desvelar demasiado del argumento, hay que mencionar que el mayor crimen que narra esta novela no es el asesinato inicial, sino uno, más terrible, cruel y solapado, del que no se tiene noticias hasta muy avanzada la historia y en el que resuenan los ecos de la venganza del Heathcliff de Emily Brontë. 

Es obligatorio ahora hacer un inciso para señalar que en toda la novela se evidencia la gran cultura literaria y clásica del autor, y agradecer el esfuerzo editorial que ha dotado a esta bella edición de una profusión de notas aclaratorias que facilitan y enriquecen la lectura.

Es también necesario comentar cómo esta novela evidencia la evolución de las técnicas de la investigación criminal y su descripción literaria. El cambio de la novela gótica y folletinesca hacia la investigación criminal científica y deductiva ya está presente en estas páginas, donde, aunque hay dos detectives, antagónicos en físico y personalidad, es un abogado, quien pone toda su determinación en esclarecer los hechos.

En definitiva, Hume no llegó nunca a ser un autor dramático, pero con el muy recomendable El misterio del carruaje, al que seguirían casi 140 novelas más, la mayoría de misterio, logró un puesto de honor en la literatura de misterio.

Y, después de disfrutar verdaderamente de este libro, esperamos con ganas la próxima publicación, también en la colección Misterio de Época, de la novela Maximilien Heller, de Henry Cauvain, que publicada en 1871 (16 años antes que Estudio en Escarlata) tiene como protagonista a un detective privado, drogadicto, misántropo, gran observador… y cuyas historias eran narradas por un amigo médico… ¿les suena? Creo que cualquier “holmesiano” de pro sentirá la más viva curiosidad por este ignorado precedente.

dÉpoca, 2015
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José María Sánchez Pardo
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