Los ojos del puente. Javier Hernández Velázquez

Frases cortantes a modo de navajazos

Un viaje que tiene mucho de clásico
De Canarias, como los plátanos, como la lucha canaria, el gofio, las papas arrugadas, el mojo picón y a estas alturas de la película, y ya con muy pocos tópicos que acompañar, la novela negra. No he visitado nunca las islas, por lo tanto hacerme una idea de lo que ocurre por allí me resulta complicado y por la serie de novelas que voy leyendo, de isleños, se me antoja un territorio sumamente negro, con tipos que beben Jack Daniel`s, investigan por su cuenta y su relación con el sexo femenino tiene más curvas y peligros que las viejas carreteras de la costa. 

Mat Fernández, detective privado, recibe el encargo de un hombre pudiente de investigar a una familia, los Bravo, con un elevado poder e influencia en la zona. La trama se enredará en torno a los manejos de todos los implicados, puesto que no existe limpieza en ese juego por parte de nadie y Mat Fernández se situará en mitad de demasiados intereses encontrados. El viaje que nos propone Javier Hernández tiene mucho de clásico. 



luchador por el bien de una justicia personal


Desde la idea primigenia de la novela, un investigador privado como protagonista, hasta el desarrollo de la personalidad de los implicados, con frases cortantes a modo de navajazos en zonas sensibles, con una conciencia de sí mismos y de su entorno privilegiada. Incluso la trama viene bañada con ese toque clásico de retrotraerse a un pasado mítico y anclar la realidad más cercana en los ámbitos de poder actuales, queda así la lucha del protagonista como un quijote frente molinos, como una anomalía dentro de un mundo ordenado en su concepción corrupta. La ética del personaje frente a un sistema social devastado por unas élites ignominiosas. Ese matiz del protagonista, luchador por el bien de una justicia personal, tiene mucho de clásico, de los inicios del género negro y que entran también en el leiv motiv de la literatura más popular, más cercana a la realidad del lector, y que el autor utiliza mostrándonos que todavía existe mineral en ese filón.

El uso del humor y de cierta socarronería son intrínsecos al protagonista, dotándole de una frescura muy recomendable. Más aún se refrenda lo mencionado cuando se utiliza la primera persona como única voz narrativa. Se le une que la obra está estructurada en cortos capítulos, dotándola de un desarrollo rápido y ayudado por una prosa certera, que congenia perfectamente con la idea de lo que se expone. Ciertas frases tienen una carnosidad muy destacada y algunos diálogos son muy destacados, siempre buscando la efectividad en la narración.

En el plano de los peros pondría alguno como cierta discontinuidad en momentos puntuales y en algunas acciones. En ciertos tramos del relato las soluciones que oferta el autor me han parecido un tanto forzadas. La obra es intensa y esa tensión tiene ciertos altibajos, seguramente por la concepción del autor por una novela con mucha fuerza y mantener ese nivel es sumamente complicado.

Los lectores que busquen algo con reminiscencias clásicas ya saben donde tienen una novela muy interesante. También valdría para los que busquen una obra de disfrute, porque otra cosa no pero la novela es entretenida, se lee en un santiamén y tiene su atractivo. Es más, después de leerla te quedan ganas de más Mat Fernández, espero que el autor se decida a suministrarnos otra dosis.

MAR, 2014
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Sergio Torrijos
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