La ciudad de la memoria. Santiago Álvarez

El detective Mejías trabaja para que ganen los buenos y pierdan los malos

Una pistola de madera barnizada
Respondiendo a una poco prometedora oferta de trabajo, Berta, estudiante que quiere ser periodista de investigación, da con el estrafalario detective Mejías. La curiosidad puede con ella y pasará a ser su ayudante en este primer caso, cada vez más complejo: el detective debe averiguar quién está amenazando la seguridad del anciano Arturo Dugo Escrich, líder de uno de los más veteranos e influyentes grupos inmobiliarios de Valencia.

Aunque transcurre en la actualidad, el detective Mejías, protagonista que carga con el peso de la novela, imprime un aire retro, nostálgico, pues el mismo personaje no usa teléfono móvil ni ordenador, sino que emplea una Olivetti para sus informes, mientras ve en VHS los clásicos del cine negro americano. Se trata de un idealista que, en sus propias palabras, trabaja «para que ganen los buenos y pierdan los malos», cree vivir en 1945 —cuando el cine negro estaba en pleno esplendor—, y solo se defiende con una pistola de madera barnizada para que parezca metálica (sic).


la traición de la amistad, la barbarie en tiempos de guerra


Esta devoción por el género negro y los vinilos de jazz marca a fuego la novela, convirtiéndola en un divertido juego referencial: cada capítulo va encabezado por un diálogo de película, y la descripción de ambientes y personajes también sigue esos criterios estéticos: alusiones a Miles Davis o Duke Ellington; personajes que se parecen a Edward G. Robinson o Gene Tierney… 

Si bien esta novela apela a la nostalgia, el verdadero motor de la historia plantea un conflicto que va más allá: cuando España estaba amenazada por una Guerra Civil, en medio de los desastres surge una amistad, más bien un triángulo amoroso donde asoma la traición... Y las consecuencias de aquellos actos harán mella en el presente. Ya se sabe, de aquellos polvos, estos lodos.

No se puede negar la singularidad del detective Mejías, con su televisor en blanco y negro, su admiración por Raymond Chandler y los años 40… aunque lo mejor de La ciudad de la memoria es el conflicto humano que plantea la traición de la amistad, la barbarie en tiempos de guerra, porque al fin y al cabo, la amistad, la traición y la guerra son asuntos que nos afectan a todos.

Almuzara, 2015
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David G. Panadero
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