Funny Games (1997)

«Nosotros apostaremos a que mañana a las nueve estáis muertos, vosotros a que no»

Violencia, una entrtenida forma de ocio
Comedia, drama, suspense o terror: no importa qué género utilice el cine para reflejar la violencia. Siempre consigue hacernos disfrutar como espectadores pasivos, aún presumiendo como individuos de repudiarla por completo.

Peter y Paul, dos jugadores de golf vestidos de impoluto blanco, entran en una solitaria casa con la excusa de pedir unos huevos. Ann, la mujer de la casa, les atiende sin sospechar nada. Michael Haneke nos plantea a través de un secuestro los límites éticos y morales de la contemplación de la violencia, una entretenida forma de ocio.

Las reglas son simples: «nosotros apostaremos a que mañana a las nueve estáis muertos, vosotros a que no». Gente pudiente y aparentemente normal van a hacer de la violencia un juego por el simple hecho de divertirse, exactamente igual que el espectador, sea o no consciente de ello. Además, mediante un simple guiño, el austriaco convierte al espectador en cómplice de los asesinos.


Haneke se burla de nosotros, haciéndonos disfrutar de la violencia


En una entrevista, el cineasta califica la película de experimento sociológico, con el que no esperaba conseguir el apoyo del público. Y es que para Haneke la violencia es inconcebible y repulsiva, y así lo hace notar, también en otros tantos largometrajes como La cinta blanca, El vídeo de Benny, La pianista o Caché. Es su tema recurrente, pero cobra un especial sentido en Funny Games, precisamente cuando uno de los asesinos muere al recibir un tiro por parte de Ann, quebrando así la premonición de los dos jóvenes. En ese momento, sientes como espectador un profundo alivio. Haneke se burla de nosotros, haciéndonos ver que acabamos de disfrutar de un acto de violencia, llegando incluso a sentirnos liberados por el simple hecho de cambiar los roles entre “buenos” y “malos”. Pues bien, Paul coge un mando de televisión que hay en escena y toma de nuevo el control del guión rebobinando la película hasta el punto en el que Ann dispara a Peter y retomando de nuevo las riendas de la acción. La reacción del público es inmediata: nos sentimos engañados y manipulados, pero a la vez somos conscientes de que habíamos aceptando de buen gusto el asesinato del represor.

El mensaje del director es claro: la aceptación de la violencia, presente en nuestra sociedad actual, se transmite desde las raíces de nuestra educación —como cuenta La cinta blanca—, y el mero hecho de aceptarlo nos convierte en cómplices y causantes de más violencia.

Lucas Torres


Tit. Orig: Funny Games. Austria, 1997. Director: Michael Haneke. Guión: Michael Haneke. Música: varios. Fotografía: Jürgen Jürges. Intérpretes: Susanne Lothar, Ulrich Mühe, Arno Frisch, Frank Giering

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