Pista negra. Antonio Manzini

Una trama policial llena de vitalidad, un humor bastante cáustico

El carácter excesivo de Schiavone
La aparición de un cadáver destrozado por las cuchillas de una máquina quitanieves, en la estación de esquí de Champoluc, obliga al subjefe de la policía Rocco Schiavone, muy a su pesar, a investigar lo que desde un principio se ve claro que es un horrendo asesinato.

Schiavone, destinado en una pequeña comisaría del valle de Aosta, no está nada contento con su suerte profesional. Él es un romano de pura cepa, demasiado urbanita para tanto frío y nieve. Además está en una situación personal en el que todo le importa un ardite, y las pesquisas que debe llevar a cabo para resolver el crimen, las realiza con desgana y sacando a la luz un carácter bronco y lleno de malas pulgas, que el enfrentarse a la nieve, el frío y la peculiar forma de ser de estos italianos alpinos no va a dulcificar.

Pero a pesar de su desgana, el carácter jactancioso y astuto del subjefe (moderna denominación de lo que siempre conocimos como comisarios), se impone, y a pesar de lo complicado del caso, y esquivando las soluciones más evidentes que se le van proponiendo, llevará a cabo una investigación brillante, que sorprenderá con sus resultados, y que cerrará con una actuación de carácter casi de escenografía operística, digna de lo excesivo del carácter y estilo de Schiavone.



violento, corrupto, sin rastro de culpabilidad


Pero el personaje del subjefe está más lleno de sombras de lo habitual, pues no solo desprecia profundamente su trabajo, sino que resulta violento y corrupto, sin el menor rastro de culpabilidad por ello, dando un tono muy cínico a la historia. Nos quedamos sin saber la razón de la amargura y hastío de un personaje tan borde, vibrante y excesivo, como si siguiera el libreto propio de todo italiano meridional.

La trama policíaca está llevada con maestría, el tono del libro, con momentos oscuros está llena de vitalidad y un humor bastante cáustico, lo que logra un ritmo vivo y embriagante, los personajes son brillantes, pues el autor procura realzar sus peculiaridades, y se nos propone un protagonista poco habitual en la novela policíaca europea. Un hombre atravesado de conflictos, pero con un aire sonoro y chulesco, que ya era hora que apareciera en un elenco de protagonistas buenistas o tristones. Una de las mejores cosas de esta novela es que nos hace esperar su continuación con auténtica ansia. Una estupenda novela.

Salamandra, 2015
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José María Sánchez Pardo
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