Las nuevas aventuras de Hanshichi. Un detective en el Japón de los samuráis. Okamoto Kidô

Si lee en uno de esos días tormentosos, manténgase vigilante ante el ataque de un raijû

Holmes y Hanshichi, diferentes costumbres
Tras la publicación hace dos años de Hanshichi. Un detective en el Japón de los samuráis, de Okamoto Kidô, la editorial Quaterni ha publicado recientemente una nueva serie de los relatos del llamado Sherlock Holmes japonés. En este caso el esfuerzo editorial ha sido todavía mayor que en el libro anterior ya que Las nuevas aventuras de Hanshichi recopilan episodios que no habían sido traducidos previamente a ninguna lengua occidental.

Okamoto Kidô, reconocido autor de Kabuki, fue testigo de los grandes cambios que experimentó Japón a finales del siglo XIX, cuando evolucionó desde una sociedad feudal a una sociedad capitalista. El mismo Kidô era hijo de un samurái, la casta guerrera que cayó con el antiguo régimen. Desposeído así de su estatus socioeconómico, Kidô tuvo que trabajar en la legación británica, lo que le facilitó conocer las aventuras de Sherlock Holmes y su enorme éxito popular. Por ello, entre 1916 y 1937, publicó los relatos delinvestigador Hanshichi, personaje claramente inspirado en el británico pero con unas características particularísimas propias del muy diferente contexto cultural.


la misma naturaleza humana en sus diferentes manifestaciones


¿Diferencias y similitudes entre Holmes y Hanshichi? Todas y ninguna. Las que median entre una muerte causada supuestamente por un sabueso monstruoso en un páramo de Devon o una muerte supuestamente causada por un raijû en Edo (animal fantástico que toma la forma de una comadreja, un gato o un lobo). También las que medían entre costumbres culturales muy diferentes como puede ser la aceptación social japonesa del suicidio, de la prostitución o el concubinato (es impensable que Conan Doyle hubiera podido publicar en la Gran Bretaña victoriana o eduardina, o en el resto de la Europa contemporánea, un relato de una sexualidad tan explícita y turbia como el de “Las carpas doradas de invierno”). Sin embargo, ambos investigadores se enfrentan en sus casos a la misma naturaleza humana, en sus diferentes manifestaciones, como motivación de los delitos que investigan: el odio, la pasión, la envidia, el temor… porque está claro que esos aspectos son comunes a todos los hombres con independencia de su nacionalidad o posición social.

Hanshichi es un personaje muy popular en Japón y ha dado lugar a muchas películas y dibujos manga. Aunque los relatos de Hanschichi se narran durante las primeras décadas del siglo XX, ya en época Meiji, hacen referencia a casos ocurridos en las dos últimas décadas de la época Edo, en pleno feudalismo. Seguramente una parte del éxito de este personaje entre los japoneses se debe a que ven en él la representación de su triunfo como colectividad. Hanschichi, al aplicar métodos racionales a la resolución de los casos que se desarrollan en una sociedad que todavía recurre a los mitos y leyendas para explicar lo que ignora, se convierte en el perfecto símbolo de la voluntad de toda una nación por modernizarse, industrializarse y equipararse a las potencias occidentales que le habían humillado (en el segundo relato del libro se habla del “escándalo de los Barcos Negros”, es decir de cuando el Shogunato tuvo que aceptar en 1853 las imposiciones comerciales del comodoro norteamericano Perry que se había presentado con sus modernos y amenazantes vapores en la bahía de Uraga). 

Para un lector occidental actual, leer los relatos de Hanschichi es un gozoso placer: buena literatura, el acercamiento a una sociedad tan ajena a los ojos de un occidental como es la sociedad Edo, mucho entretenimiento y una pizquita de sobrecogimiento al enfrentarse a algunos temas sobrenaturales… ¿Acaso se puede pedir más? Solo que si el lector aborda este libro en uno de esos días tormentosos que propician la lectura, se mantenga vigilante ante el posible ataque de un raijû.

Quaterni, 2014
Compra en Casa del Libro

José María Sánchez Pardo
Publicar un comentario en la entrada