Ilustraciones al libro de Job. William Blake

La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la incapacidad

William Blake (1757-1827) fue sin duda una de las más intempestivas figuras artísticas de su tiempo. Poeta visionario, dibujante y grabador sin igual, no vería reconocida su ingente aportación, por lo demás sumamente crítica con la herencia racionalista dieciochesca, hasta después de su muerte. Fue su vida una vida de estrecheces económicas y de falta de reconocimiento, cuando no de directo rechazo de su enigmática obra, plena de visiones proféticas y de amor cordial y cotidiano a su bien amada Catherine Sophia y algunos amigos fieles. Estos reflejos biográficos en el ojo dorado de la exterioridad dan cuenta cabal del devenir de uno de los más grandes artistas de la Modernidad, a la que cuestionó frontalmente desde su reivindicación, inocente y sabia, de un cristianismo esotérico centrado en las virtudes del reino de la Imaginación creadora frente a la usurpación corruptora de un racionalismo pernicioso y sin alma, cuyos devastadores efectos ya fueron vividos en demasía durante el siglo XIX. Aunque los más amargos frutos vendrían con ese siglo XX que aún no ha terminado. El rugir de los leones, el aullido de los lobos, el oleaje furioso del mar huracanado y la espada destructora, son porciones de la eternidad demasiado grandes para que las aprecie el ojo humano. 



Satanás contra la imaginación


Esta edición de La Felguera, tan cuidada y preciosa como todas las que suelen corresponder a sus publicaciones, tanto en lo que se refiere a la traducción como a los aspectos gráficos, recoge fidelísimamente las ilustraciones de Blake en su idioma original así como un excelente estudio de Javier Calvo: Satanás contra la imaginación donde el lector podrá encontrar sintéticamente expuestas, con conocimiento de causa y apertura de mente, las claves básicas para entender las peculiares visiones que se muestran en las 21 Ilustraciones. Este peculiar fragmento de la Biblia, en el que intersectan dos relatos distintos de muy diversa procedencia, es quizás uno de los documentos más significativos y antiguos que se conservan sobre los problema del sufrimiento y el mal. ¿Es Dios un dios benévolo? ¿Si es así cómo se explica la cantidad de dolor que permite a Satán desparramar sobre Job y su familia? ¿Interpretaremos la reacción autojustificadora de inocencia de nuestro héroe como un signo de una rebelión “humana demasiado humana”?

Pocos textos más enigmáticos que el Libro de Job sobre el que ha habido siempre interpretaciones encontradas (¿rebelión?, ¿prueba?). Las ortodoxias, judía y cristiana, utilizan sus misteriosas y terribles imágenes para legitimar la más contumaz de las sumisiones y el conformismo. Otros, como Jung, lo llevan hacia su peculiar molino psicológico de corte humanista, sólo en apariencia crítico y contradictorio con la versión anterior. Habría mucho y poco bueno que decir sobre el concepto de individuación y su supuesta adecuación y excelencia a la forma humana... El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los torcidos y sin perfeccionar son los caminos del Genio.


No es este el lugar para revelar a los lectores los secretos de esta edición, tampoco hablaremos del Leviatán, sólo señalar que la letra mata y el espíritu vivifica y que la razón, sin asidero supranatural, sólo provoca devastación y horrores sin cuento; horrores que ya empiezan a ser asequibles, a todos los habitantes de esa idiota idea falaz de un hábitat planetario global, en forma de todo tipo de malestares y catástrofes. Es nuestra era, una época transhumanista y demente.

En una tertulia en la que tratamos hace tiempo el libro de Jung: Respuesta a Job, comenté la fascinación que me provocaba el personaje de Elihu, metáfora del espíritu profético encarnado en un joven que da lecciones a los doctos ensimismados y rebajados por el conformismo hacia la letra de la Ley. Kathleen Raine ve en la lamina 12, de la serie de 21, donde aparece el personaje a que nos referimos, el momento culminante de la historia... cuando tras la lámina 11, donde se manifiesta terrible el Señor de este Mundo: el inapelable Urizen/Satán, da comienzo la ruptura ascendente y el retorno de Job y los suyos hacia la condición de interlocución con la Divinidad de la que se habían apartado por mor de la intervención de la razón separada de la Imaginación. 

El exoterismo sin esoterismo, con su moralismo avasallador y su dogmática e inquisitorial trama, es el reino del ante-Cristo. Pura estulticia mental y pasaporte para la disolución.

Felguera, 2014
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Frank G. Rubio
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