El silencio de los corderos (1991)

Recovecos del espíritu, sótanos del alma

¿Qué definió la mente de Lecter?
De igual modo que La huella, El silencio de los corderos basa su fuerza en la interacción de dos personajes opuestos, en este caso, la joven promesa del FBI Clarice Starling y el refinado asesino Hannibal Lecter. El silencio de los corderos engaña porque el suspense que interesa al espectador no se remite tanto a la clásica investigación de asesinato como a lo que Edgar A. Poe llamaría «los recovecos del espíritu».

Dos tramas se entrelazan en el cuerpo de la película: la investigación de los asesinatos y el secuestro de una joven por el psicópata apodado Buffalo Bill, y la lucha dialéctica que tiene lugar en la cárcel entre Starling y Lecter. Como psiquiatra, Lecter está interesado en los traumas que han moldeado a la detective, mientras que, naturalmente, Starling está interesada en la mente criminal detrás de las exquisitas maneras del doctor. En ambos casos, el objetivo final que persigue el suspense es el acontecimiento clave que definió las mentes de Starling y Lecter. El espectador busca saber qué desencadenó un comportamiento criminal y su opuesto en los personajes. Especialmente en el caso de Lecter, el objetivo corre a contrarreloj, puesto que llegar a la mente de Lecter es llegar a la mente de Buffalo Bill, lo que supondría salvar la vida a la chica secuestrada.



una mente estable que retrata los desvíos de una mente anormal


Finalmente, aunque llegamos a conocer la mente de Starling y sus motivaciones para hacerse agente de policía, la mente de Lecter sigue siendo una incógnita. A través de las descripciones que él mismo da de Buffalo Bill, podemos entender cómo funciona la mente de un psicópata, pero no sabemos las razones de porqué se llega a ser uno. Starling se siente fascinada ante la educación y las maneras correctas de Lecter, llegando a sentir incluso algo de respeto, sentimiento que Lecter también desarrolla por ella. Esta contradicción forma parte del suspense, impulsando al espectador a preguntarse cómo pueden darse tales paradojas y generando más interés en el personaje de Lecter. La fascinación por el mal corre paralela a la fascinación por la naturaleza humana y sus incógnitas.

Siguiendo con el paralelismo de Poe, El silencio de los corderos hace una exploración de la mente criminal como lo hacía el maestro de lo macabro; de forma parecida, se sirve de un testigo de mente estable que retrata los desvíos de una mente anormal, pero al mismo tiempo, es capaz de empatizar con ella, se contagia de su anomalía. De esta manera, el espectador reflexiona sobre los límites entre estabilidad y locura, y hasta qué punto el ser humano es producto de sus traumas y anomalías.

Virginia Romero


Tit. Orig: The Silence of the Lambs. EEUU, 1991. Director: Jonathan Demme. Guión: Ted Tally. Música: Howard Shore. Fotografía: Tak Fujimoto. Intérpretes: Jodie Foster, Anthony Hopkins, Scott Glenn, Ted Levine

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