Rob Zombie. Las siniestras armonías de la sordidez. Daniel Rodríguez Sánchez

Su terca reivindicación del terror más visceral

Para aprender a ver cine hay que leer mucho y muy bueno; eso es algo evidente para los cinéfilos de cierta generación pero posiblemente ajeno a los que ahora empiezan con el vicio de las películas, que han crecido rodeados de pantallas. Uno de los responsables de este libro —con el que se aprende, y mucho es Miguel Díaz, director de Ultramundo, equipo de cinéfilos que comparten la pasión por la serie B, que con el formato "MegaCrítica" ha querido aportar estudios en profundidad sobre distintas películas de género, característicos por lo minucioso y exhaustivo. La conclusión lógica era que acabara plasmando su literatura cinematográfica en papel y tinta; así, este Rob Zombie. Las siniestras armonías de la sordidez inaugura la colección de ensayos Ultramundo, donde se da voz a cineastas que por una u otra razón han escapado al interés crítico y académico. De hecho, este libro escrito por Daniel Rodríguez Sánchez es la primera monografía, no solo en España sino en el mundo, que aborda la obra del cineasta.



inconformista, heavy, apasionado por la violencia


Como es habitual en los trabajos del equipo Ultramundo, destaca una muy esforzada voluntad de estilo, siendo la tónica un trabajo completista de investigación y documentación, lo que, acompañado de unos análisis cinematográficos perfectamente contextualizados que ayudan a comprender la trayectoria del cineasta, nos acaba revelando perfiles y detalles de Zombie que no conocíamos. De esta manera se aborda su biografía —hijo de feriantes, adolescente inconformista, músico heavy, cineasta fascinado por la violencia...—, se repasan sus constantes —el recuerdo de la Norteamérica de los 70, los parajes más abandonados del american gothic, los casos más espectaculares de la crónica negra, el celuloide más sensacionalista..., y no solo se dan cuenta de sus películas —de las más famosas, como La casa de los 1000 cadáveres (2003) o The Lords of Salem (2012) a otras más recónditas como la cinta de animación The Haunted Word of El Superbeasto (2009)—, también se habla de su trabajo músical y en el mundo del cómic.

Se agradece, y mucho, encontrar un libro como este, que lo cuenta todo, o casi, sobre un cineasta al que incluso a nosotros, sus seguidores, nos cuesta seguir la pista debido a una distribución cinematográfica cada vez más vetada. Como descubriremos en estas páginas, Rob Zombie siempre ha defendido una forma de trabajo artesanal, saliendo adelante con presupuestos reducidos pero contando exactamente las historias que quería contar. Si en sus inicios básicamente reconstruía el cine que marcó su adolescencia —de Tobe Hooper a John Carpenter pasando por...— y ya sorprendía por su terca reivindicación del terror más visceral, con el paso del tiempo ha ido depurando sus formas hasta llegar a la elegancia y abstracción de The Lords of Salem, una película excesiva y malsana que difícilmente puede ser del gusto de todos, y que un amigo describió con acierto como el cruce entre Lucio Fulci y Stanley Kubrick.

Despido estas líneas citando el prólogo de Javier G. Romero: «No hay necesidad de justificar lo que, en la realidad paralela creada por Zombie, no precisa ser explicado: el nihilismo de un Mal que niega todo sentido a la vida tal y como la conocemos».

Tyrannosaurus Books, 2014
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David G. Panadero
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