Juana la maliciosa. David Bowman

Desde el despertar sexual de la bellísima Juana hasta su lucha por la independencia

La fuerza del relato oral
Lo bello no es sino el comienzo de lo terrible. Eso es algo que aprendió en su momento David Bowman y que, saltándose a la torera la espuria frontera que separa al autor de sus personajes —es decir, quitándose durante un momento la careta para contarnos mentiras cargadas de verdad—, nos enseña con esta novela, contándonos «la historia desesperada y triste» de un hombre y una mujer que se encuentran de manera definitiva.

Quizás de la desnudez del planteamiento, visto, leído y escuchado mil y una veces, y de su presentación a la manera de un arcano ritual, deriva su calado arquetípico. Un inglés aburrido que ve pasar la tarde desde una concurrida terraza de Ibiza. Un afilado y pintoresco catalán que se le acerca para pegar la hebra y como un encantador de serpientes, le convertirá en testigo de su interminable confesión y le contará cómo conoció a Juana (a la que también conoce como Petra)... y cómo la perdió, sintiéndose finalmente desgraciado.

David Bowman (me refiero al autor de la novela) consigue que los acontecimientos, desde el despertar sexual de la bellísima Juana hasta su lucha por la independencia, nos afecten en una doble dimensión: por ser testimonio de lo que sucedió y también por transformar en el presente a quien lo cuenta y a quien lo escucha. La fuerza del relato oral, en esa reunión interminable mientras llega la noche, y después, mientras se acerca el amanecer, es explorada con total acierto, y basta un detalle o un guiño de ojos para que saltemos de un plano de la ficción al otro.


quizá no sea más que un fantasma, una obsesión...


David Bowman (ahora sí, ese turista que escucha alucinado al "Gran Tagomago", tal y como él lo bautiza) se permite dudar en más de un momento si no será todo fruto de la fantasía de un hombre que ha vivido ya demasiado, si en su perfección, esa mujer no será más que un fantasma que solo alcanza la existencia cuando se habla de él. La novela plantea la interesante idea de que una cercanía total con la belleza nos vuelve bellos, y una cercanía total con la feminidad nos vuelve femeninos.

Permite, amable lector, que yo también escape de mi corsé como crítico y te cuente cómo llegó a mis manos este libro. Fue hace unas pocas semanas. Me invitaron a una reunión en la que casi todos eran desconocidos para mí, y la anfitriona me sentó con una pareja de escritores, David Bowman entre ellos. No me di cuenta hasta que empecé a leer la novela de que, aunque fuera en forma diferida, estaba reproduciendo la misma situación, leyendo la confesión interminable del escritor. De la misma manera que ese turista inglés, no me hubiera costado trabajo desentenderme, pero quise saber más y seguí leyendo hasta el final. Solo espero que el destino de mi nuevo amigo Bowman sea más esperanzador que el del Gran Tagomago.

El Serbal, 2014
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David G. Panadero
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