El enemigo necesario (I). Por Frank G. Rubio

No soy Charlie Hebdo, no soy Ahmed, no soy imbécil...

«El equipo de la revista Charlie merece lo que le ha pasado. A pesar de los numerosos avisos persistieron en su curso de acción. Tenían la libertad de utilizar caricaturas y dibujos en su revista y nosotros tenemos la libertad de utilizar balas desde las nuestras. Como afirma “La Lista de los más Buscados”: una bala al día mantiene al infiel fuera del negocio. Así que Charb ya no está con nosotros. Los leones de la Yihad sin embargo permanecen. Los seguidores de Mahoma la paz sea con él nunca serán olvidados. Como dice el Sheik Anwar Rhimahullah: el polvo cae pero nunca se aposenta del todo» [1]. 


Conforme se manifiesta con mayor claridad que la crisis económica va a encontrar difícil resolución, menos aún por parte de las clases políticas y financieras occidentales que la han provocado expresamente, la puerta queda abierta para el regreso a la puesta en práctica de viejas estrategias de reestructuración geopolítica a lo grande mediante el conocido recurso al artificio de la guerra. El siglo XX, y los comienzos del XXI hasta el día de hoy, han dado buena cuenta de este poco loable propósito que comenzó oficialmente en 1914. No en otro sentido, ni con otra plantilla, creo deben leerse los acontecimientos ocurridos en París que, cuidadosamente tergiversados por el complejo policial-mediático (a lo que por lo demás nos tienen acostumbrados nuestros gobernantes celtibéricos del signo que sea), han permitido a las élites francesas consumar el deleznable propósito de enjambrar, vía televisión y redes sociales, a millones de "ovejorros" en la gran manifestación global por la “unidad” celebrada hace unos días



los designios del Pentágono


Como en el caso de la primera Cruzada: el tumulto masivo, el lugar común propagandístico y la consiguiente designación de un enemigo identificable son fundamentales. Eso, y una credulidad embrutecedora por parte de las mismas víctimas de estos procesos de guerra psicológica y económica, que presagia lo peor para nuestra decrépita e insensata civilización; un rebaño ciego dirigido por criminales tiene un decurso tristemente predecible. Europa ha “despertado” y se integra de lleno, entusiasta y dolorida, en los designios del Pentágono y el Departamento de Estado. Et voilà. 

Como ya hemos vivido aquí el 11M y sus prolongaciones (puñaladas políticas entre partidos, duelo grotesco e impostado y concepción “in vitro” del ensayo de disidencia controlada llamado 15M) estamos en gran medida curados de espanto. De la “guerra contra el terrorismo” decretada por un cuasi retrasado mental en la Catedral de Washington ante representantes de las tres grandes fantasías, ya hospitalariamente entubadas, hemos pasado a la designación del enemigo para la próxima guerra en el muy laico marco de la Gran Sinagoga de París. Todos contra el Yihadismo

Sería para reír sino fuese por lo que advendrá si siguen en marcha estas locuras y marrullerías, pero nuestros gestores de irrealidad tienen una cara que se la pisan. Oír hablar de “los valores occidentales” en las bocas de: Obama, Rajoy, Hollande, Cameron, Merkel o Netayanhu (todos ellos locutores-paladines de estados ultrapolicíacos) es de sainete. 



Contrasten, como ejemplo, la portada de la publicación fabiana británica The Economist de enero de este año. Usen su capacidad hermenéutica y rían, o tiemblen, por lo que se profiere en esta deliciosa ilustración oracular sobre el 2015. 

Lo que la mayoría de los medios de comunicación occidentales presenta como una defensa de la libertad de expresión encuentra ciertas resistencias a la credulidad de los mejor informados. En Francia no hay tanta libertad de expresión como se imaginan, señores, Francia es un país donde resulta sencillo y frecuente ser procesado por mor de hacer públicas opiniones sobre numerosos temas que transgreden los intangibles de la tribu dirigente. Las excusas son las de siempre, procedentes de la vulgata de “lo políticamente correcto”: el mal llamado “antisemitismo”, la supuesta exaltación al odio religioso o étnico (cualquier crítica que moleste al funcionario competente en el contexto que este arbitrariamente determine), etc. La aplicación draconiana de estas bienintencionadas (sic) normativas hacen en este país bastante poco respirable el ambiente para el debate. 


las agencias de inteligencia occidentales


Incluso Charlie Hebdo ha depurado en su momento a algún colaborador por esta cuestión en contextos absolutamente grotescos. Wikileaks ha sacado esta información, un par de días después de los luctuosos acontecimientos. Philippe Val, editor de Charlie Hebdo, despidió a Maurice Sinet (2008), un colaborador de 80 años, acusándole de “antisemitismo” por no querer excusarse por una aportación. La decisión fue apoyada, entre otros, por Bernard-Henry Lévy: personaje descollante en mediocridad que tiene una gran influencia en el decaído ambiente cultural francés. Val fue premiado por su “meritoria” acción con el puesto de director de la cadena Inter de la televisión estatal. El artículo motivo del despido, y posterior procesamiento del autor (absuelto), contaba que la probable conversión al judaísmo del hijo de Sarkozy, motivado por su matrimonio con una prominente miembro de la comunidad judía, procedía no del amor sino de intereses financieros. Inmediatamente hubo que desgarrarse hipócritamente los ropajes y acusar... 

Hay que añadir que una de las consecuencias “lógicas” de la decidida “defensa” de la libertad de expresión de los gobernantes franceses, y de los demás países occidentales y “libres”, ha sido proyectar restringir y controlar fuertemente Internet. Otra vuelta de tuerca en la sociedad de la vigilancia y del control ultrapolicial de vidas y conductas. Lo denominan: “luchar contra los vectores de radicalización en la red”. 

Algún imbécil se indignará pensando que estoy equiparando matar alguien por exponer su sátira con multar alguien por lo mismo, no es el caso. Estoy dejando sentado solo que Francia no es un lugar con libertad de expresión en condiciones y que estos acontecimientos terroristas pueden ser, muy probablemente sean, una fabricación de las agencias de Inteligencia occidentales mediante la cómoda táctica de monitorizar y dejar hacer, para utilizar luego el acontecimiento

No creo que nos encontremos sólo ante una masacre ideológicamente motivada por “mentes medievales” como asevera, y está en su perfecto derecho, Rushdie. Los autores supuestos son franceses, educados en los valores republicanos y laicos, no han llegado del desierto arábigo o las montañas afganas con olor a cabra. La realidad, siempre incómoda, es un poco más compleja que una historia de “buenos y malos” de causalidad definida y coherente

Cuando está en juego la instauración en Occidente de un sistema totalitario, excusado en gran medida por la lucha antiterrorista contra un adversario al que simultáneamente se fabrica en la trastienda, hay que afilar la duda y la sospecha y decir cosas que no van a ir en la dirección bovina determinada por los prejuicios imperantes. 

Vicisitud curiosa: el subdirector de la Policía Judicial de Limoges, involucrado en la investigación del asunto Charlie Hebdo, acabó con su vida en su oficina mediante el uso de su arma reglamentaria en la madrugada del 9 de enero.ç






[1]    The Charlie magazine team deserved what they got. Many warnings have been given before, but they were persistent. They had the freedom to use cartoons in their magazine, and we have the freedom to use bullets from our magazines. As the ‘Wanted List’ stated: A bullet a day, keeps the kaffir away. Yes, Charb is no more. The lions of Jihad have stood. The followers of Muhammad – peace be upon him – have never forgotten. As Sheikh Anwar Rahimahullah put it: The Dust Will Never Settle Down.
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