El baile de los penitentes. Francisco Bescós

La Semana santa con su explosión de ruido, sangre y teatralidad

Alimañas de extraordinaria crueldad
La aparente placidez de la vida en Calahorra se empieza a ver alterada por sangrientos acontecimientos, cuyo aviso es la aparición del cadáver de Nuria Isabel, una muchacha gitana, y que tendrán su eclosión durante la Semana santa, en la que se celebran Los borregos, una enorme timba pública.

El relato nos muestra las intrincadas y desesperantes investigaciones para establecer la autoría del asesinato, dirigidas por la teniente de la Guardia Civil, Lucía Utrera, apodada la Grande, lo cual proviene de su extraordinaria corpulencia, que no su gordura. Es una mujer llena de humanidad e inteligencia, acompañada de un grupo de guardias bastante prolijo, y por la presencia en un segundo, pero importante plano, de su singular esposo inglés.

El relato nos lleva a bucear en la vida de diversos personajes que se van a dar de bruces en esta historia, como son Roque, el camello, con sus comeduras de tarro y acongojes, y su pasión por una mujer fatal; Fernando Rosas, el capo de los negocios sucios, pero muy utilizados, de la comarca, con sus cuitas personales, y su contundente estilo de acción; Verdasco, el constructor en horas bajas, y que siempre está en una huida desesperada hacia delante; o Vicente, el albañil alcoholizado, ejemplo paradigmático de toda una clase trabajadora que se subió a la ola de la burbuja inmobiliaria, y que ha caído en un torbellino que los está ahogando, y del que no saben cómo escapar. 


comunidades aparentemente tranquilas


Las historias de estos, y otros muchos personajes van apareciendo durante la investigación que sirve a este relato, y que nos va a mostrar cómo, incluso en comunidades aparentemente tranquilas y sin sobresaltos, corren fuerzas telúricas y hábitos mucho más cercanos a lo dionisíaco y excesivo que a la calma y paz atribuidas a los pueblos, e incluso pueden albergar a alimañas de extraordinaria crueldad.

Hay en esta novela un contínuo ir y venir, de lo plácido y ordenado, y por qué no llamarlo así, aburrido de la vida pueblerina, a la descripción de hechos excesivos: las representaciones y los pasos de la Semana santa, con su explosión de ruido, sangre y teatralidad; los desesperados movimientos de los drogadictos y sus suministradores para hacerse con las sustancias anheladas; y fundamentalmente la descripción de Los borregos, esa gran reunión (sólo para hombres) donde el juego desaforado se convierte en una forma de conjurar la celebración de la pasión y muerte que recorre y que es santificada en sus calles.

Y todo esto con un estilo medido, pausado, como se supone en la vida de comunidades agrícolas, pero que sin prisa pero sin pausa, nos va acercando a un clímax social y detectivesco que estallará en un vibrante final. Y todo esto sin renunciar a pinceladas descriptivas de lugares y personas de gran brillantez, y que enriquecen una trama ya de por sí rica en maticesUna estupenda novela en un ambiente y unas gentes, que no suelen ser protagonistas en este gran género de la intriga y lo detectivesco.

Almuzara, 2014
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José María Sánchez Pardo
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