Vestida para matar (1980)

Lo mejor como lo peor que el catolicismo y el psicoanálisis han aportado al cine de terror

Crímenes tan brutales como artísticos
El cine de Brian De Palma en general y Vestida para matar, uno de sus mayores éxitos comerciales, en particular evidencian tanto lo mejor como lo peor que el catolicismo y el psicoanálisis han aportado al cine de terror. De Palma pertenece además a la primera generación de cineastas que es plenamente consciente de que el cine tiene una historia y de que otros han construido el camino por donde ellos transitan. El resultado lo constituyen películas que se basan en otras anteriores hacia las que transmiten una paradójica mezcla de adoración fetichista y mirada distanciada e irónica; Vestida para matar no intenta depurar la esencia de Psicosis de Hitchcock ni del giallo italiano, sus dos grandes y obvios referentes, sino que, al contrario, los caricaturiza poniendo una lupa de aumento sobre sus estridencias y sus ingredientes más kitsch, como asesinos sexualmente reprimidos según las premisas del psicoanálisis más tópico, crímenes tan brutales como artísticos por lo esmerado de la puesta en escena o secuencias barrocas de gran virtuosismo formal. Un arriesgado juego en el que al espectador se le incita a entrar en la historia a través de emociones al límite a la par que la pirotecnia de los movimientos de cámara y los guiños y citas a otras películas que se suceden constantemente le sacan de esa misma narración. De Palma puede gustar o no, pero conviene reconocer que triunfa en un doble juego en el que muy pocos lo lograrían.


mostrar clichés de forma tan cruda los hace inofensivos


En el caso de la obra que nos ocupa, ya su título, Dressed to kill, que en inglés significa vestida para ligar, anuncia el gran peso que va a tener el erotismo en la historia, naturalmente desde un punto de vista católico según el cual la promiscuidad sexual es castigada con la muerte. Las víctimas son, cómo no, mujeres jóvenes y bellas; la estilización cargada también de erotismo perverso con la que se muestra su martirio, por utilizar una terminología religiosa que no está en absoluto fuera de lugar, convierte a la película en presa fácilmente demonizable por parte de los colectivos feministas; y que la propia esposa del director, Nancy Allen, interprete a una prostituta y posible nueva víctima no ayuda precisamente mucho a disipar dudas acerca de la misoginia y / o la sexualidad retorcida del director. Sin embargo, para un espectador con el sentido del humor adecuado es evidente que el director no pretende identificarse con estos clichés sino que, como buen postmoderno, al mostrarlos de manera tan cruda acaba más bien por hacerlos inocuos. De Palma no supera a Hitchcock pero sí consigue que, después de Vestida para matar, Psicosis no pueda ser vista de la misma manera.

José Antonio López (Jalop)


Tit. Orig: Dressed to kill. EEUU, 1980. Director: Brian De Palma. Guión: Brian De Palma. Música: Pino Donaggio. Fotografía: Ralf D. Bode. Intérpretes: Michael Caine, Angie Dickinson, Nancy Allen, Keith Gordon

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