La noche en que tú mueras. Cristina Barrientos

De una atmósfera inicial de tristeza a otra de esperanza, y de ahí...

Como si de un tango furioso se tratara, Cristina Barrientos —joven escritora que tras debutar en la poesía y el teatro, se estrena ahora como novelista— analiza en paralelo, con una crueldad cargada de cariño, la historia de dos parejas hasta llevarnos a sus desenlaces.

Lo primero que llama la atención es la sucesión de monólogos internos: Barrientos da un paso atrás y deja que sean sus personajes los que nos lo cuenten todo, o casi todo —siempre que no les venza el pudor— de viva voz, con sus propias palabras. Durante las primeras páginas tiene uno la sensación de que La noche en que tú mueras no va a ir más allá del relato costumbrista; con todo y con eso, la solidez de los personajes justifica la lectura. Consuelo es una anciana ama de casa, inculta, graciosa, pero llena de sabiduría popular; la joven Dolores vive insatisfecha pero su marido no ayuda demasiado para que se sienta mejor...



la intensidad sentimental de cada palabra


La intensidad sentimental de cada palabra es la principal baza de Cristina Barrientos. Su capacidad para retratar situaciones, su intuición para anticipar las consecuencias, hacen el resto. Será una llamada telefónica hecha al azar —y ya sabemos todos que hay casualidades cargadas de sentido— la que pondrá en contacto a la anciana Consuelo con alguien muy especial. Los más mayores pueden ser temerarios y desafiantes. Como ya no tienen que contentar a nadie y solo se deben a sí mismos, hacen lo que les da la gana... Será precisamente el afán de perseguir ciegamente una ilusión lo que acelere el final.

Además de la gran habilidad para retratar y hacer convincentes distintas voces, la escritora demuestra un gran talento para la novela sentimental, sabiendo profundizar en distintos estados de ánimo, y llevándonos desde una atmósfera inicial de tristeza a otra de esperanza, y de ahí... Será mejor que lo comprueben por sí mismos. Las lectoras encontrarán un espíritu afín. Y los lectores más desprejuiciados, como es mi caso —los que somos capaces de alternar a Silver Kane con Corín Tellado; a Kenneth Fearing con Patricia Highsmith, leerán con agrado y sorpresa una novela intensa. Espero que sea la primera de muchas.

Drakul, 2014
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David G. Panadero 
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