Feliz Navidad, Mrs Chirstie

Lydia desea «paz y buena voluntad» y en la página siguiente advierte: «¡El mal existe!...»

Solidaridad y sentimiento familiar
La navidad se acerca y el espíritu navideño me embarga (yupiii... que diría nuestra querida Penny Big Bang con resignada ironía). Eso quiere decir que mis neuronas y mis ganas de trabajar entran en hibernación hasta el siete de enero, más el ocho para recuperarme de la resaca, o quizá el nueve para recuperarme de la recuperación de... En fin, que, como estoy hibernando, voy a dejar que el artículo me lo escriba la tía Agatha que no pudo resistir la tentación de escribir una novela titulada Navidades trágicas en la que la víctima tiene una de las muertes más sangrienta de toda su obra.

Desde el principio de la novela se ironiza sobre los buenos sentimientos obligatorios de estas fechas. El personaje de Lydia desea «paz y buena voluntad» y en la página siguiente advierte:

«El mal no está solo en nuestro pensamiento. ¡El mal existe!...»


acabaremos por estallar provocando un cataclismo


El cruel personaje del patriarca utiliza el más perverso sarcasmo para referirse a la navidad, que él utilizará como un instrumento más para tiranizar a sus hijos:

«Gran institución la de la Navidad opinó Simeon. Promueve la solidaridad y el sentimiento familiar…»

Y esto es sólo para abrir boca porque la entrada en escena de Poirot se produce en una charla que mantiene con un amigo, el coronel Johnson, acerca de tan entrañables fiestas. Poirot define a los ingleses como sentimentales por celebrar con tanto entusiasmo la navidad. El coronel se defiende, «¿Y qué si lo somos?... ¿Qué pasa si nos gustan las viejas costumbres, las antiguas fiestas tradicionales?...». Poirot le replica, primero con ligereza, sobre la inconveniencia de los excesos gastronómicos, y un poco más adelante continúa con argumentos menos frívolos para referirse a las reuniones familiares:

«… Deberá usted reconocer que la tensión será muy elevada. La gente que no se siente amistosa hará un esfuerzo para parecerlo. En Navidad abunda mucho la hipocresía: hipocresía honorable, hipocresía asumida pour le bon motif, c’est entendu, pero sin embargo hipocresía 

[…] 

Pongo de relieve que, bajo estas condiciones de tensión mental y malestar físico, es bastante probable que pequeñas antipatías y desacuerdos triviales adquieran de pronto mayor gravedad. El resultado de pretender ser más sociable, menos rencoroso, de miras más elevadas de lo que uno es en realidad, produce el efecto, tarde o temprano, de que uno se comporte de una manera más desagradable, más cruel y más desconsiderada de lo que es. Si reprimimos nuestro comportamiento natural, mon ami, acabaremos por estallar provocando un cataclismo.»

Evidentemente, después de esta diatriba antinavideña, Agatha Christie hace decir a su personaje que no hablaba en serio. ¡Faltaría más! Sería un sacrilegio criticar la blanca navidad en 1939.

Como es natural nos queda la duda, bastante razonable, creo yo, de creer que tía Agatha pone en boca de Poirot sus verdaderos sentimientos sobre la navidad.

Lectura recomendada:
Navidades trágicas
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Ángeles Salgado
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