El rayo rojo. Roberto Malo & CalaveraDiablo

Todos conocemos de primera mano a alguien que ha sido abducido

Si mide tres metros imaginad sus pechos
Roberto Malo —bien acompañado por las ilustraciones de CalaveraDiablo— se vuelve a saltar todo a la torera para parir un relato anárquico y disparatado que funciona como circo de tres pistas.

Sí, de tres pistas, porque no puede uno apellidarse Malo y escribir novela juvenil. Por si esto fuera poco, la ambienta en Teruel —desde que a uno se le ocurrió la leyenda de los amantes, pocos han sido los valientes que han utilizado esa tierra como lugar de ficción, y como mayor osadía ubica allí, en la plaza del Torico, un encuentro con extraterrestres...

Como en obras previas de Roberto Malo (que sigue atesorando el título de ser "el más y mejor cuentista de la banda"), el protagonista es un escritor treintañero que atraviesa una sequía creativa. Una noche cualquiera, paseando por la ciudad, será alcanzado por el rayo rojo y transportado al interior de una nave espacial. Los humanoides que la habitan miden unos tres metros y todo en ellos (piel y pelo) es azul. Una de esa raza bastante bien proporcionada (imaginad el tamaño de sus pechos) lo cabalgará y le dejará embarazado...


se agradece el derroche de imaginación


Así empieza una divertida historia sobre paternidad y convivencias peculiares en cuyos pasajes más delirantes se ensaña la afilada pluma de Malo. Se agradece el derroche de imaginación en esta época tan cartesiana que nos ha tocado vivir, cuando hasta la más aventurera ciencia ficción o las películas de superhéroes pasan por la esclavitud de resultar verosímiles y aportar gráficas, estudios y evidencias para demostrar que un hombre vuela... Por suerte el zaragozano se lo salta todo a la torera y lo resuelve a golpes de intuición.

Cierra la novela una convincente nota del autor en la que argumenta que aún no creyendo nadie en los extraterrestres, todos conocemos de primera mano a alguien que ha sido abducido. Solo puedo dar las gracias a Roberto Malo por llamar a las cosas por su nombre: no se me hubiera ocurrido decirlo antes, pero yo también conozco a más de uno que ha estado con marcianos. De hecho, si cuento entre familia, amigos y vecinos, me salen unos pocos...

Dissident tales, 2014

David G. Panadero
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