El barco de los grandes pesares. Dan Fesperman

Un ejemplo del genocidio con los representantes de la ONU como espectadores

Unos miran, otros actúan y otros mueren
Lo que aborda la novela a modo de toro pasado fue la penúltima guerra en Europa, la última es de hace poco en Ucrania, Yugoslavia. Puede que algún lector joven no conozca aquella realidad política porque ya no existe como país, en cambio han surgido como por ensalmo varios más, Serbia, Eslovenia, Croacia, Bosnia, Macedonia y está por ver que ocurre con Montenegro y Kosovo

¿Qué ocurrió para pasar de aquella realidad a esta?

Pues la respuesta sería bastante complicada y se resumiría en unas guerras, fíjense que hablo de varias no de una porque fue una sucesión de conflictos encadenados, unas matanzas y muchísima mala leche.

Lo qué sabíamos de Yugoslavia hasta que estalló el conflicto, con alguna responsabilidad más que destacable de Alemania, era que tenían una selección de baloncesto atroz, que nos ganaba casi siempre, unos futbolistas muy destacados y que era un país lejano y tranquilo. Todo se fue al carajo no bien el país implosionó y lo que era un ejemplo de convivencia, vivían en un sitio muy cercano varias realidades étnicas, culturales y religiosas, se convirtió en un ejemplo del genocidio y todo ello con los representantes de la ONU como espectadores. Sí señores, hablo de Srebrenica y la limpieza étnica llevada a cabo en los morros de los casos azules holandeses, para ser más concretos.

Unos miraban, otros actuaban y otros morían.

La conciencia, a posteriori, nos hizo reconsiderar todo aquello y la actuación que tuvo que realizar medio mundo fue mandar tropas y enviar como ariete judicial al tribunal internacional de La Haya.

Tengan paciencia, sé que suena un poco a chino pero tiene sus motivos.

De aquellos lodos viene esta novela.

El protagonista Vlado Petric, exiliado en Alemania y que actuó de policía en Sarajevo durante la guerra y el cerco. Es reclutado como investigador del tribunal de La Haya para investigar un crimen, de época nazi, y su historia personal se entremezclará con la trama de la novela.


un río marca una frontera que supera lo administrativo


Fesperman, con mucha astucia, retrae la trama principal a la segunda guerra mundial y a la participación de alguna nacionalidad del lado nazi, en especial los Ustachi que eran los representantes del nacionalismo croata. Estos señores fueron aliados, amigos y también ayudantes de una cosilla que por aquellos terrenos se llevaba mucho, la limpieza étnica y que es algo que se lleva practicando desde los Otomanos o antes. Consiste en diferenciar a la población bien por ascendencia, por ideas o por culto religioso. Es algo que a los españoles nos sorprende, tenemos un país muy monolítico en ese sentido, no por algo tuvimos genocidas que allá por mediados del siglo XV hicieron la limpieza étnica correspondiente y con una eficacia insospechada para la época

El lector menos informado tendrá que asumir que los Balcanes es un rincón del mundo muy peculiar, de un valle a otro pueden existir formas de vida radicalmente diferentes, ya ni hablamos de países, un río puede marcar una frontera que supera con creces lo administrativo y para resumir y simplificar recordar la frase de Churchill sobre los Balcanes, “Generan más historia de la que pueden consumir”.

Como historiador los Balcanes es el parque temático por excelencia, así de claro. Países complejos, culturalmente muy variados, históricamente divertidos y con una historia a cuestas interminable y apasionante.


Fesperman, pausado y reflexivo


Fesperman se interna en esa realidad pero no se ceba, intenta simplificar, no agobiar con datos, seguramente previendo que su lector es muy diferente al de otros escritores que han puesto el escenario en esos mismos lugares y que dotaban de más enjundia a la narración, puedo citar, por poner un rápido ejemplo a Eric Ambler y su novela La mascara de Dimitros y otra obra que reseñanos en fechas recientes, Soldados de la noche de Alan Furst. 

La lectura se hace grata por ser muy progresiva, por ir metódicamente hacia delante, paso a paso, sin precipitarse, en una política muy simplista de empujar la trama y que probablemente la haga más morosa y un poco menos viva. La novela pedía más movimiento, a mi juicio, más acción o una acción más eléctrica. La trama no termina de conectar con el lector por ese mismo hecho, los personajes son difusos así como por ejemplo las instituciones que representan. Fesperman no es un autor de acción pura y dura, ni de trepidantes persecuciones ni de violentas reacciones, es más pausado, más reflexivo, por eso la realidad de la historia que cuenta no termina de cuajar con los protagonistas, algo chirria y no son los malos, más bien el protagonista principal. Ojo, que esto no quiere decir que la novela sea mala, que no lo es, simplemente da la sensación de que no aprovecha al máximo una buena historia.

Uno de los puntos fuertes de la obra es la prosa del autor, interesante, sugerente, potente. Escribe muy bien para resumir, incluso nos muestra con soltura otros ambientes ajenos a los suyos y otras realidades diferentes. Tiene momentos francamente buenos a lo largo de la novela, algo que en obras posteriores se ve que ha aprovechado en mejor medida.

La obra es un buen aparato de ficción, es cierto que se han apreciado ciertos puntos flacos, pero en general es una buena novela. Tiene su atracción porque hasta el final no está nada claro que puede ocurrir ni como va a ocurrir. El autor nos muestra la trama con un sentido muy estructurado de los hechos y eso nos habla de un buen trabajo de planificación y de ejecución

Y para ir terminando les animo a echarle un ojo a la novela. No es la habitual de espías y tampoco es el típico thriller internacional, aunque tiene de ambas, es diferente, particular y se escapa a una clasificación sencilla. Léanla y juzguen por si mismos.

RBA, 2012
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Sergio Torrijos
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