Yo, zombi. Óscar Urra

Parodia cruel y certera de nuestra realidad

Su mal olor alertará a los compañeros de clase
«Yo anduve con un zombi», nos decía la protagonista del clásico de Jacques Tourneur, acercándonos a una experiencia exótica, que estaba fuera del entendimiento común. «Me llamo Alejandro Sen, y soy un zombi», repite una y otra vez el protagonista de la novela de Urra, y no precisamente porque nos quiera acercar una experiencia exótica —es un muerto viviente de Villaverde— ni porque su mera existencia esté fuera del entendimiento —sería de tercos negar lo que "es", lo que está a la vuelta de la esquina—.

Muchos lectores y autores de literatura fantástica buscan en las ficciones un punto de ruptura y evasión de la realidad. No así Óscar Urra, que mediante esta ficción apocalíptica rehúye los lugares comunes y la iconografía acostumbrada —al estar contada de viva voz por un zombi se centra más en su "vida cotidiana" que en las imágenes de pesadilla—. Es más, antes que ser una mera evasión, Yo, zombi parodia cruelmente y de forma certera nuestra realidad.



ambientación castiza, como Emilio Carrere y Alfonso Sastre


Cuando una chica le muerda en el cercanías, Alex Sen tardará un tiempo en darse de que se ha convertido en una extraña criatura. Será su mal olor, cada vez más fuerte, el que alertará a los compañeros del instituto. Marginado en casi todos los ambientes, solo le quedará integrarse con los zombis, que —aquí está una de las partes más divertidas de la novelaintentarán crear sus instituciones mediante asambleas, en unas tomas de decisiones bastante parecidas a las que podemos ver en cualquier telediario, en cualquier formación política.

Pese al reclamo del título, el lector no encontrará mucho parecido entre esta novela y las películas de George A. Romero. Si buscásemos referentes cinéfilos, Yo, zombi estaría más cerca de Jack Clayton, Robert Mulligan o Peter Weir, en tanto que practica el género fantástico desentendiéndose de su iconografía tradicional. Tampoco encontrará el lector una obra con vocación de best seller; antes bien, se topará con un libro que invita a ser leído en sorbos, disfrutado por sus greguerías y malabares filológicos, que en su ambientación castiza recordará a Emilio Carrere y Alfonso Sastre.

Salto de página, 2014
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David G. Panadero  
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