La huella (1972)

Un giro en el suspense tradicional

Espacio limitado y mayor tensión
La huella es una de esas obras brillantes que hacen virtud de sus limitaciones, en este caso, cómo mantener el suspense y la tensión en un espacio restringido a una mansión aislada en el campo con solo dos personajes. Adaptación de una obra de Anthony Schaffer, La huella hace un sabio uso de este minimalismo en términos de espacio, entroncando con otras clásicas adaptaciones teatrales de suspense como La soga. El espacio limitado genera mayor tensión entre los personajes; la limitación de personajes fuerza a que cada uno de ellos diversifique sus roles para que la interacción entre ellos sea más compleja.

La huella es una obra de dos personajes y dos roles enfrentados que no necesariamente se corresponden siempre con el mismo personaje. Así, Olivier y Caine ganan y pierden el dominio de la situación a cada momento, alternando roles de poder y sumisión tales como el aristócrata hastiado contra el burgués advenedizo, el jugador experimentado contra el joven ingenuo, el anciano impotente contra el joven viril, entre otros. Los personajes se sirven de los roles tanto como de los disfraces; teatro y juego conforman partes importantes de la película. Andrew Wyke —Olivier— afirma que para él, la vida es juego. El juego acabará siendo su perdición, pero mientras tanto, el suspense se apoya básicamente en el juego de poder que se desarrolla de acuerdo a la asignación de dichos roles. La clave reside en quién de los dos personajes está teniendo el control de la situación en cada momento. Salvando las distancias, y quitando el meta-juego teatral y la sofisticación que se desprende tanto de ello como de las soberbias interpretaciones de los actores, la película Hard Candy seguirá el mismo patrón de suspense: dos personajes que alternan diversos roles de los que el espectador nunca está advertido.

La huella no es por tanto una intriga que se genere por sucesos, tal y como se entiende tradicionalmente —una serie de acciones que desembocan en una situación intuida pero inesperada— sino que supone un giro en el suspense tradicional, enfocándolo a una serie de roles que los personajes despliegan sucesivamente y que interactúan de maneras imprevistas para el espectador.

Virginia Romero


Tit. Orig: Sleuth. EEUU, 1972. Director: Joseph L. Mankiewicz. Guión: Anthony Shaffer. Música: John Addison. Fotografía: Oswald Morris. Intérpretes: Laurence Olivier, Michael Caine, John Matthews, Alec Cawthorne

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