El estrangulador de Rillington Place (1971)

Richard Fleischer observa con una lucidez que asusta el comportamiento de un criminal

El mejor true crime de Fleischer
Londres, 1944. Un matrimonio modesto e inculto alquila un piso en el 10 de la plaza Rillington. Su casero, un hombre maduro, puritano y enfermizo llamado John Reginald Christie (excelente Richard Attenborough) es un asesino, y se aprovechará de sus ingenuidades para saciar su ansia por matar.

El imparable artesano Richard Fleischer (1916-2006), que se mantuvo en activo durante más de cuatro décadas, demostró su solvencia en todo tipo de proyectos, ya fueran de carácter familiar, comercial, o más comprometidos. Pero si a algo debe su prestigio es a las cuatro películas que realizó partiendo de la crónica de sucesos: La muchacha del trapecio rojo (1955) abordaría un crimen real con la afectación y el tono literario propio de tantas películas de época, mientras que Impulso criminal (1959), que partía del mismo hecho que dio pie a La soga, se convertiría en un duro alegato contra la pena de muerte, además de un clásico del cine de juicios. Fleischer abordaría dos veces más el llamado true crime, en El estrangulador de Boston (1968) —escrupulosa recreación periodística de los hechos desde una óptica cognitivo-conductual— y El estrangulador de Rillington Place, para el que esto firma la más sobresaliente película de estas cuatro.


tipos humanos en los que no apetece mirarse


Si destaca en especial es por su sentido del riesgo. No en vano, el realizador la hizo en Reino Unido, alejándose un tanto de las presiones de los grandes estudios. El estrangulador de Rillington Place destaca por la dureza del planteamiento: el espectador no encontrará ningún personaje con el que poder simpatizar. El protagonista absoluto es el asesino, y tal condición es demostrada desde la primera secuencia. Y aunque el joven matrimonio inspire lástima, la precariedad y la sordidez de sus vidas no les hacen ser tipos humanos en los que apetezca mirarse.

Esa deteriorada casa de Rillington Place, 10 prácticamente se convierte en un personaje más, pues sus paredes asisten como testigo mudo a la cadena de conflictos que van llevando al crimen. Unas paredes, por cierto, cuya suciedad parece condensar la miseria de un Londres destruido por la guerra. La trama transcurre casi totalmente dentro de esa casa de colores deslucidos, en la que los distintos personajes parecen por momentos formar naturalezas muertas. Cuando dirigió esta película, Richard Fleischer ya era una persona madura. Y esa madurez —también su inteligencia— se percibe continuamente en los pequeños detalles, más en lo que intuimos que en lo que vemos: escapando de moralismos fáciles, no juzga a sus personajes, ni siquiera pretende explicar o justificar sus comportamientos. Le basta con observar, con una lucidez que asusta, el comportamiento de un criminal.

David G. Panadero


Tit. Orig: 10 Rillington Place. Reino Unido, 1971. Director: Richard Fleischer. Guión: Clive Exton. Música: John Dankworth. Fotografía: Denys Coop. Intérpretes: Richard Attenborough, Judy Geeson, John Hurt, Pat Heywood

De los gritos de dolor del expresionismo a los más inquietos thrillers europeos sin olvidar los grandes clásicos de Hollywood, el equipo PRÓTESIS te trae el comentario crítico de cincuenta títulos escogidos. Este ensayo colectivo ha sido realizado por el Equipo PRÓTESIS para el número 8 de su publicación en papel, coordinado por David G. Panadero

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