Caballo bajo el agua. Len Deighton

Una novela pura y dura de espías

Una novela que no pasó desapercibida
Hoy lo que traemos a colación es una auténtica joya. Una reliquia de otro tiempo, un libro que es casi imposible de encontrar, en definitiva, un libro del que apenas ya se tiene memoria.

De las manos de Len Deighton surgió un personaje peculiar y especial, Harry Palmer, un tipo que le pueden poner cara porque en las películas, tres basadas en sus novelas, era el protagonista indiscutible. La primera de ellas fue The Ipcress file, aunque más conocida de todas ella fue Funeral en Berlín o “Funeral in Berlín” dicho a lo más fino, que es en idioma anglosajón, a la que habría que sumar “The Billion Dolar Brain” o traducida Un cerebro de un billón de dólares. Todas ellas protagonizadas por el inestimable Michael Caine, aunque hubo una película posterior protagonizada por otro.

Las novelas y las películas pertenecen a la década de los 60, sí señores, el 6 y el 0. En ese momento tan especial cuando todavía no se tenía claro qué era la guerra fría aunque ya se comenzaba a sospechar algo


la información es poder


La novela que hoy nos ocupa tuvo peor suerte. Fue la segunda de la saga y nadie vio en ella un guión o una historia adecuada como para llevarla a la gran pantalla. Pasó de puntillas por el mundo de Len Deighton aunque, y no puedo asegurarlo, creo que no pasó desapercibida a sus lectores. Es una obra de un género único, ya perdido aunque esperemos que no para siempre, una novela pura y dura de espías.

Frente a lo que se pueda creer, no se trata de matar a cuatro mil enemigos o de acabar con un régimen político en plan Rambo, es mucho más sutil, lo que se pretende es conseguir información. Porque en eso trabajan los servicios de inteligenciaQue la información esté en un submarino alemán hundido en aguas portuguesas es indiferente, el servicio secreto británico tiene interés en ella e irá a dónde haga falta, Harry Palmer a la cabeza.

Que existan fuerzas que pretenden que esa información, delicada, no salga a la luz pues es parte del trabajo diario de tipos como el mencionado. El resto es un decorado de ficción muy entretenido. Pongo un ejemplo de a lo que me refiero con su trabajo:

—De acuerdo, pero no esperes nunca una solución satisfactoria. No creas que esta mescolanza de investigaciones en las que estamos trabajando va a resolverse de pronto como el último capítulo de una novela policíaca. Nunca ocurrirá aquello de “les tengo a todos reunidos en la habitación donde tuvo lugar el crimen”, Cuando todos nosotros estemos muertos o hayamos desaparecido, seguirá existiendo una oficina con todos aquellos papeles polvorientos atados con una cinta roja. De modo que mantente al margen y conténtate con recoger algún que otro pedazo apenas utilizable. No ansíes venganza ni creas que si alguien te asesina a ti mañana habrá quien le persiga implacablemente. Nadie lo hará. Nuestra única preocupación consistirá en que no se publique la noticia en el “News of the World” o en la “Police Gazette”

La obra es de la década de los 60 como indiqué, se nota que todavía no se ha entrado a fondo en la guerra fría, existe una mirada intencionada al pasado más cercano, al gran conflicto bélico de Europa de mediados de siglo. Es allí donde se hunden las raíces de la trama de la novela. Para dar un toque de cierto exotismo aparece nuestro país, Portugal y Marruecos, zonas de refugio para gente que tuvo mal pasar durante la gran contienda mundial.

Lo bueno de la novela, aparte de la gracia al contarlo de Deighton, es el protagonista. Un espía, cierto, pero no un tipo Bond, sino un hombre que gusta de la acción y al mismo tiempo lucha en un aparato burocratizado al máximo. Es un agente que está entre medias del James Bond al uso o del pobre George Smiley. Todavía conserva algo de acción y de relaciones peculiares con ciertos elementos aún más particulares, pero ya se atisba que el despacho, la reunión, el expediente comienza a formar parte de un nuevo tipo de guerra que se llevará a cabo.

Lo interesante del autor, aparte de su calidad literaria, es la visión más normalizada, a modo de trabajo común, de la labor del agente. Ya no quedan novelas de este estilo. Es una lástima que tengamos que recurrir a esos pequeños ejemplares ya amarillentos por el tiempo. Pero si alguno queda por ahí o topan con él de alguna manera, no lo duden, merece la pena. Son novelas de primer orden y muy bien escritas. Si comienzan a leerla no la dejarán.

Por último una frase de una sutil inteligencia y claridad meridiana que resume el mundo de los estados contemporáneos:

—El poder es como un huevo frito —repliqué—. Por más que se empeñe en dividirlo equitativamente, siempre hay uno que lleva la mejor parte

Aymá, 1964
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Sergio Torrijos
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