Muerte en Madrid. Mark Oldfield

Una trama policial, otra de espionaje, otra de investigación muy cercana al thriller


—¿Así que a los asesinos no les preocupaba la ley?

La profesora sonrió

—Lo más probable es que ellos fueran la ley


Confluencia de tramas
La mejor calificación de la obra sería Polar, un término que utilizan nuestros vecinos franceses. Para comprenderla habría que pensar en que existe una literatura muy permeable a los géneros. En la presente obra existe una trama policial, otra de espionaje, otra de investigación muy cercana al thriller y también una confluencia de tramas, tres, en el tiempo.

Una trama, principal, situada en el año 1953 en Madrid, otra en 2009 también en la misma ciudad (ambas se nutren de acontecimientos comunes) y una tercera en 1936, en Badajoz, que sirve a modo de explicación de las otras dos.

Las tres historias van entrelazadas con la vida del comandante Leopoldo Guzmán. En 1953 será su actualidad y en 2009 la investigación sobre sus hechos. La del 1936 la dejo en el albur por no ofrecer demasiados detalles.


tener un perro de presa que escuche al vecino


Leopoldo Guzmán ostentará el cargo de comandante de la Brigada Especial, cuya obediencia se debe únicamente a Franco y cuya misión será la parte más salvaje de la represión. Lo mejor de la novela está en la recreación de este personaje. Un auténtico… imaginen ustedes las dos palabras siguientes.

Guzmán es un individuo con multitud de aristas, la violencia es una de ellas, la supervivencia será otra y la barbarie algo que lleva implícito en su código genético. Guzmán no es producto de una época, es un tipo de personaje que siempre aparece cuando se trata de tener escasos escrúpulos y la historia es testigo de ello. Los podemos encontrar en la Alemania nazi o en la Revolución Soviética o en cualquier dictadura del mundo. Son los que hacen el trabajo sucio, los que se ensucian, la parte más vil de cualquier represión política. Hasta eso punto no hay novedad, la novedad y muy importante viene con la plasmación del carácter de Guzmán, algo francamente bien hecho, tanto que pese a ser lo que es, y cualquier adjetivo es aplicable a él, el lector se siente irrefrenablemente interesado por él. No un interés humano, sino más bien a modo de bestia que se contempla con miedo, pavor y atracción. Algo así como el interés por la brutalidad que todo humano tenemos dentro.

La plasmación del pensamiento de Guzmán, muy básico, se pondrá en la balanza cuando aparezca en escena Peralta, un teniente que entra por recomendación en su Brigada. Peralta será el contrapeso a la brutalidad, aunque y eso será muy notorio en la novela, se verá obligado a sumarse al salvajismo. Porque, y ese es un punto interesantísimo de la obra, lo que se intenta plasmar es que la realidad obliga y en ese caso, la realidad empuja a Peralta a ser uno de los malos. Lo que intenta reflejar Mark Oldfield, y consigue, es que el sistema empuja al individuo a obrar de una manera determinada. La brutalidad es un elemento más de un régimen político que ofrece posibilidades de promoción a quién va por esa vía, a modo de premio.

La otra parte de la trama, la ubicada en 2009 llevada como protagonista por la forense de la Guardia Civil Ana María Galíndez, pierde mucho fuelle. Son gatitos en escena mientras que el lado de Guzmán son hienas. Creo que con esa comparación queda muy claro a lo que me refiero.

Si a ello le sumamos una trama de espionaje y de intereses contrapuestos y la aparición en escena de los acuerdos Hispano-Americanos de 1953 y que dieron lugar a la apertura del régimen franquista ya tenemos un cóctel de primer orden. La alta política se sostiene en calabozos donde se ejecuta y se tortura sin la más mínima piedad. Las esferas de poder se nutren del trabajo sucio de otros y todo es un conjunto que se llama Estado. Ese estado crea bestias como Guzmán y su Brigada y al mismo tiempo intenta mirar para otro lado, algo así y ya que hablamos de animales, es tener un perro de presa que no queremos que vea el vecino pero que sí escuche sus ladridos. 

Guzmán será ese perro de presa, aunque con muchos matices, porque en primer lugar lo que ha visto le ha enseñado a ser un superviviente y eso lo hará diferente, anteponiendo su vida por encima de todo. Su implicación le vale un status social que aprovecha al máximo y al mismo tiempo genera la envidia y el miedo de todos. Entre esa envidia y ese miedo subsiste como buena ave carroñera y lo bueno de todo ello es su aceptación de esa realidad. En el fondo no le importa la política ni nada parecido, importa estar vivo sin pensar mucho en lo que hay que hacer para seguir así. Incluso el autor le dota de cierta coherencia, ofreciéndonos parte de humanidad por parte de una mujer que le genera pánico y atracción. 

La novela habla sobre lo que es capaz de hacer un ser humano para sobrevivir. En la contraportada se habla de que Guzmán es un sociópata y no estoy muy de acuerdo. Es cierto que tiene una empatía que ronda el cero absoluto pero en el fondo es alguien que ha encontrado una manera de medrar y la aprovecha, aunque sea a través de la violencia. Es verdad que pueden existir múltiples maneras de abordar su carácter, personalmente me quedo con una lectura mucho más compleja. La hiena no se convierte en carroñera si encuentra otra manera de sobrevivir

Les pongo un extracto para que ustedes se hagan una idea de lo que hablo, es algo largo pero refleja muy bien el carácter del personaje:

—Muestra un poco de respeto, teniente. Alguien tiene que hacer este trabajo, y nuestros hombres son los mejores en lo suyo. La mayoría han matado con las manos desnudas. Yo desde luego sí. ¿Sabes qué hace que seas capaz de matar a alguien de esa manera? A alguien a quien no has visto en tu vida, con quien nunca has hablado, ni sabes lo que ha hecho. A veces charlan contigo un rato, delante de una cerveza, y te enseñan fotos de la familia. Pero en tu cabeza siempre están tus órdenes. Así que te tomas otra cerveza, te ríes de sus chistes, te tomas unas tapas. Y después te vas a mear y te acompañan al retrete, riéndose. Y mueren con la polla en la mano. O ahogándose en su propio vómito, con tus manos rodeándoles el cuello. Y después vuelves a la barra y acabas la cerveza, pagas la cuenta y te marchas. Es muy fácil. Si sabes cómo hacerlo, la gente muere enseguida. Siempre que tu actitud sea la correcta, te irá bien. Pero hay una cosa que debes desear más que nada 

—¿Qué?—Peralta parecía un conejo al que le dan las largas, con los ojos fijos en Guzmán, llenos de horrorizada anticipación. Guzmán sonrió y dio una larga calada a su cigarrillo. Exhaló lentamente. Peralta aguardaba, rígido y tenso, sin querer formar parte de este discurso sobre la muerte y a la vez fascinado e incapaz de dejar de escucharlo 

—Tienes que desear querer verlos muertos —dijo Guzmán al fin—. Tienes que desear con todas tus fuerzas que mueran en tus manos. De la manera que sea. Y después tienes que estar contento de que estén muertos. Puede que fueran buenos padres, buenas madres o esposas. Da igual. Las órdenes son las órdenes, y hay que cumplirlas, porque si no, la cagas. Y entonces podrías ser tú el que acabe muerto. Eso es todo. O haces tu trabajo bien, o no haces nada de nada

La novela es buena. Una afirmación rotunda pero cierta. Mi opinión es muy favorable hacia ella. La recreación del Madrid de la posguerra está muy lograda, solo hay un pequeño fallo y son las distancias, el autor las confunde. Sitúa lugares cercanos cuando están bastante lejos, como por ejemplo la comisaría en la Calle Robles está en Puente de Vallecas y la acción está en torno al centro de Madrid, Plaza Mayor e inmediaciones; desde esos lugares no se puede ir andando sino es con su media hora de tiempo por delante. Salvo ese pequeño detalle y alguno parecido el resto es de primer orden. 

La trama está muy bien urdida y sostenida con una prosa poderosa. Es una novela intensa y de una lectura que atrapa sin piedad. Todo un descubrimiento, no se la pierdan.

La Factoría de Ideas, 2014
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Sergio Torrijos
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