La novia vestía de negro (1967)

No siente culpabilidad ni liberación. Sencillamente es algo que tiene que hacer

Desarrollo más intuitivo que riguroso
Gracias a la presencia y al talento interpretativo de Jeanne Moreau, a su sensualidad y su mirada dura e inteligente, François Truffaut consiguió una película emblemática, atípica además dentro de su filmografía, que sigue siendo recordada. Partiendo de la novela de William Irish, el cineasta francés nos relata la venganza de una mujer contra los cinco hombres que mataron a su marido el mismo día de la boda. Desde entonces viste de negro y aparece por arte de magia allá donde esté el culpable. Lo único que para ella tiene sentido es completar esa venganza, y no siente ni culpabilidad ni liberación. Sencillamente es algo que tiene que hacer.

La novia vestía de negro es una deliciosa película de andar por casa, por así decir. Con una puesta en escena aparentemente improvisada, nada virtuosa, y un desarrollo argumental lleno de lagunas —mejor dicho, más bien la película acaba conformando una inmensa laguna—, Truffaut acaba confiando casi ciegamente en las virtudes de Moreau para unificar las distintas secuencias. En efecto, el desarrollo es más intuitivo que riguroso, y abundan los momentos en que nos preguntamos cómo ha aparecido allí, o qué lógica tiene tal o cual detalle. Finalmente acabamos siendo cómplices de la novia de negro y preferimos seguir viéndola en acción aunque nos falten las explicaciones.


hombres y mujeres vistos con inteligencia y humor


Pese a la irregularidad de la película, no faltan momentos culminantes, estén o no relacionados con la trama. Desde el mismo inicio abundan las reflexiones en voz alta de los personajes, las notas al margen... Y al final esas pequeñas digresiones acaban ofreciendo lo mejor y lo más típico de Truffaut: como no podía ser de otra manera, la obsesiva preocupación por las relaciones entre hombres y mujeres, vistas con inteligencia y humor, acaban siendo el leitmotiv del largometraje.

En definitiva, la trama negra es tratada con ligereza y se impone el tratamiento habitual de su autor. Esto queda patente, sobre todo, en el extenso episodio dedicado al pintor —uno de los machos que hay que vengar—, para el que posa Jeanne Moreau.

Hay una nueva generación de cinéfilos, los que crecieron viendo Pulp fiction (1994), que han llegado a esta película de Truffaut atraídos porque, al parecer, Quentin Tarantino la tomó como punto de partida para Kill Bill. Curiosamente, en ninguna entrevista el director americano llega a mencionar La novia vestía de negro, y son sus exegetas los que sacan a colación el parentesco entre estas dos mujeres vengadoras. Entre nosotros, libremos de responsabilidades a Truffaut; él no tuvo nada que ver...

David G. Panadero


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it. Orig: La Mariee était en Noir. Francia, 1967. Director: François Truffaut. Guión: François Truffaut y Jean-Louis Richard. Música: Bernard Herrmann. Fotografía: Raoul Coutard. Intérpretes: Jeanne Moreau, Claude Rich, Jean-Claude Brialy, Michel Bouquet

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