El prisionero de Guantánamo. Dan Fesperman

Una entelequia judicial que se aprovechó para cometer tropelías sin fin

Gitmo para los marines
Su insipidez no había impedido a Falk inventarse una imagen más elegante del lugar la primera vez que lo vio. Como casi todos los interrogadores que llegaban a Guantánamo, él había desembarcado convencido de que su trabajo sería decisivo. Había jurado que conseguiría que aquella cabina se convirtiera en “la sala en la que desaparecieron los secretos”, con él, por supuesto, como ejecutor modélico, que sacaría tesoros de información vital de las cabezas, armado únicamente con paciencia y astucia, sinceridad e ingenio

Fue por esto por lo que elegí reseñar la novela. Por adentrarse en la vergüenza, por meter la mano en el atasco del inodoro, por hablar de lo que nadie quiere hablar, por atreverse en definitiva

La novela, como ya pueden imaginar, trata sobre Guantánamo, sobre los campos de prisioneros que se establecieron allí para burlar la jurisdicción de la justicia norteamericana. Es decir, poder aplicar cualquier invento para obtener información. Guantánamo, Gitmo como se la conoce en el argot de los marines, es un territorio americano pero en suelo cubano, una entelequia judicial y que se aprovechó para cometer tropelías sin fin. Derechos humanos, justicia, palabras que no tienen ningún sentido entre las vallas que delimitan la base.


novela fruto de una visita a Guantánamo


Todos hemos visto imágenes de presos talibanes en aquella base, lo que ahora nos ofrece Fesperman es una novela sobre aquella realidad. A nadie extrañe que el autor, valiente como pocos, sea periodista y que desde su puesto de trabajo en el periódico The Baltimore Sun, visitara aquella instalación. La presente novela es fruto de aquella visita y de posteriores investigaciones. Fesperman representa todo lo bueno que puede ofrecer al mundo USA, así de claro. Una cosa es cometer tropelías en aras de la libertad y otra denunciarlas y hacerlo desde una tribuna pública, cuando todo el mundo grita en busca de venganza. El autor representa la libertad de prensa en primer lugar y luego de creación y termina en la libertad absoluta al denunciar, de manera literaria, algo horroroso como fue Guantánamo.

Dan Fesperman, periodista y escritor
La novela tiene un punto fuerte enorme y es la normalidad con que los personajes se enfrentan a la anormalidad que representa aquella cárcel, si es que se puede llamar así. La vida a la que se somete a los prisioneros es narrada con naturalidad, de una manera casi funcionarial, protocolaria, sin hacer ningún tipo de alharaca patriótica o libertaria. Fesperman cree, y lo demuestra, que la verdad nos llevará a la razón y eso siempre ha funcionado. No le digas a nadie algo, muéstraselo y que saque sus conclusiones. Bueno, pues el autor lo muestra con una formalidad que abruma.

Revere Falk es un agente del FBI que está destinado en Guantánamo en calidad de interrogador. En las cercanías de la base militar, en territorio cubano, se encuentra el cadáver de un soldado y será Falk el encargado de investigar la muerte. Esa actividad se mezclará con su pasado y también con ciertos cambios que se producen en la cárcel, que afectarán al protagonista tanto personalmente como con sus compañeros de trabajo. La trama andará en ese camino casi bordeando la trama policial y al mismo tiempo, casi en paralelo, una trama de espionaje que sorprende y que probablemente sea de lo mejor de la novela.

La obra abarca mucho aunque su trayecto temporal sean unos pocos días pero intensos. Sin duda la intención del autor es denunciar los manejos de la política exterior de USA, aunque se hace de manera sesgada, con ligerísimos toques pero perceptibles. Aparte de todo ello la historia se adorna con una prosa muy cualificada, con una recreación del ambiente de la base militar muy bien conseguido y magníficamente recreado.


porque el espionaje electrónico no es espionaje


Se suma alguna personalidad, muy insospechada, que será incluso mejor que el protagonista, aunque mejor les guardo la sorpresa.

La narrativa de Fesperman se nutre de los buenos escritores de espías, huye de los héroes y los sitúa en un plano a pie de calle, eso no signifique que no tengan su interés. Lo cierto es que algún personaje de la novela está a la altura de algunos mucho más reconocibles.

La obra tiene la facultad de despertar el interés del lector. Tiene su extensión pero se lee a un ritmo insospechado, más aún cuando se termina la lectura y se aprecia que la acción no destaca entre las páginas del libro, algo tan difícil de conseguir.

A estas alturas tengo que reconocer que la novela me ha encantado. Algo diferente, peculiar pero al mismo tiempo de alto valor. El autor recupera las buenas historias y también las tramas enmarañadas, los intereses enfrentados, las palabras que sugieren y que no dicen, las segundas intenciones y los secretos. Además recoge una manera de ver la trama de espías desde el lado más antiguo, más ausente de la tecnología, más retorcido y artificioso, lo que recuerda a las viejas historias de la guerra fría y a sus métodos, que aquí vuelven a tomar impulso. Porque, a nadie se le escapa, que el espionaje electrónico no es espionaje. El espionaje se basa en la idea de conseguir secretos y no en leer los correos de todos los usuarios, digamos, de Alemania. Los espías deben acceder a la información oculta y esa no está en el ordenador de cualquier cibernauta. 

Fesperman nos lleva a otro escenario tras Snowden, a un mundo donde todavía existen buzones de correo, intercambios de información en cuatro frases, a reuniones cuya preparación lleva semanas y sobre todo a la discreción que todo espía debe tener por bandera. 

Les recomiendo la novela, sin duda intentaré encontrar algo más del autor, del que me siento un fiel seguidor y espero que ustedes también lo sean si le dan una oportunidad, no lo duden, merece la pena.

RBA, 2012
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Sergio Torrijos
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