Yo fui Johnny Thunders. Carlos Zanón

Resacas, ceniceros, botellas, huidas, colores y prisa

Dinero que entraba y salía rápido. La cohorte del Rey Loco. Noches líquidas, madrugadas blancas. Resacas, ceniceros, botellas, huidas, colores y prisa, mucha prisa. Y todo tan poco y tan lejos desde que había empezado. El típico grupo de amigos encerrados en una sala de ensayo forrada de hueveras de cartón. Viéndose a todas horas todos los días. Dibujando guitarras en libros y cuadernos. Los nombres de tus bandas favoritas en pupitres y lavabos. Robando acordes de la tele, vomitando la frustración de estar fuera de todo: de ser inglés, de ser guapo, de ser rico, de tener coche, de no ser otro. Todo cenas recalentadas, dormitorios compartidos con hermanos pequeños, padres embrutecidos por el trabajo, el fútbol por la radio y la resignación, madres frustradas, divertidas, presas y carceleras de todo y para todos. Chicas que te rompían el corazón. Chicas a las que rompías el corazón. Y el rock’n’roll como una emisora que te conectaba con todos los distintos del mundo

Esas frases serían la reseña perfecta de la novela, salvo que recordar que todo vuelve al principio y de lo que se huía termina siendo el destino.

Carlos Zanón nos trae una novela plagada de texturas de otra época, de ilusiones y de muchas ganas. Lo que narra tiene toques muy personales, se nota muchísimo que existen experiencias personales que terminan en la ficción.


vida de artista loco


Francis, alias Mr. Frankie, termina volviendo al barrio huyendo de lo que ha sido. La esperanza es volver a ser persona en el horizonte y olvidar un pasado cercano en el que la música era la base del caldo de cultivo que se sazonaba con drogas, alcohol y sexo. Vida loca de artista loco. Algo muy visto en artistas de medio mundo y con ejemplos muy notables, desde Lou Reed hasta los Rolling pasando por toda una generación que se dejo la vida en los lavabos de los garitos con una jeringuilla en el brazo, escuchaban a los Pistols o a los Clash o a... Los héroes musicales eran de carne y hueso y pagaban sus excesos como todo hijo de vecino. La libertad loca pasaba factura y el protagonista la sufrió en sus propias carnes. Locura era su estado y esa locura mezclada con cierto egoísmo hizo que se convirtiera en otra cosa diferente a una buena persona. Ya en su barrio la casa de su padre y lo que queda de su viejo entorno que no es mucho, una hermanastra que ejerce de amante de un mafioso local...

La mezcla del escritor es un cóctel compuesto de pasado y presente, de un momento mítico de otro mucho menos prosaico, sirva como ejemplo:

Pasó que todo fue una mierda. 
Que el placer se consume y subes la apuesta mientras un médico loco te va anestesiando con necrosis órgano a órgano todo el cuerpo. Se te queman las alas, el sexo, el amor propio, los vínculos con la gente que te importa, ciega tus ojos, te arroja al fondo del pasillo, donde esperan todas las pilas de miseria que pueda imaginar

La novela circula por un territorio impreciso entre la de género negro rotundo y la de un gris tornasolado. La tendencia a lo negro del autor es muy evidente, pero no es una negrura propia de otros escritores que han afincado en un territorio muy acotado la acción. El mundo de Zanón es más vaporoso, toma la ciudad al completo sin prestar demasiada atención a una zona en concreto, como por ejemplo lo que es materia común de escritores como González Ledesma o Luís Gutiérrez Maluenda. La acción y los personajes no se entremezclan con el paisaje, el decorado sirve para eso, no aporta nada más allá que alguna anécdota.

En ese mismo aspecto el autor funciona de manera diferente incluso en los crímenes o en las acciones violentas. No existe una tendencia a ello sino que el comportamiento es más negro cuanta menos acción hay, luego en las dosis de acción es muy imprevisible porque los personajes no nos muestran una clara idea de sus posibilidades en ese terreno en concreto. Por ello la acción no es muy relevante en la obra, las escenas se componen más de recuerdos o de palabras que de hechos y aunque pudiera parecer un formato que haría la obra más reflexiva es todo lo contrario, el autor, es capaz de dotarla de mucha dinámica.

El universo de Zanón es bizarro y por momentos agresivo, pero lo es más con una mirada o con una intención que con un gesto. Sus acciones se nutren de decisiones. Por ello sorprende que el protagonista, Francis, sea tendente a la inacción. No es agresivo, ni violento, pero a cambio tiene mucho de negro en su humor y su comportamiento. Es una conjunción de complejo casamiento y que sólo he observado en el autor catalán. Cuando se producen acciones violentas, que no son muchas, chirrían con la concepción de la novela, porque no hay nada pensado sobre ellas, los personajes, aunque tengan tratos ilegales no tienen esa tendencia salvo uno, Xavi, que es una rara avis.

La violencia, que existe latente, está en otros campos, en el entorno, en la concepción de la vida y en las propias existencias de los personajes, es una violencia por vulgarizar lo que somos como personas, por la derrota que a todos nos propicia la vida.

La novela tiene un estilo inconfundible, muy de Zanón, al que ya conozco porque es la segunda novela que leo de él. Tiene una prosa conseguida, siempre certera con una frase corta que parecen puñaladas. En esta novela se toca mucho del recorrido sentimental de una generación y se percibe mucho de lo que se ha vivido y pensado sobre la música y los autores, por ahí me ha ganado, porque ha sabido explicarnos la universalización de un sentimiento que puede despertar una canción. También ha sabido mostrarnos la intransigencia de la juventud, su agresividad en la vida y ese sentido absurdo de tener todo por hacer.

La novela me ha parecido muy potente. Me ha gustado sinceramente y sin que existan peros. Me ha encantado el trabajo del escritor y esa capacidad para recrear sentimientos o al menos a mí me lo ha parecido. Es una obra que gustará y en especial a una generación que sabe de las canciones y músicos que trata, al que no sea de ella, pues lamentar su suerte y comentarle que no saben lo que se han perdido. Mi encarecida recomendación.

Nadie habla. Nadie quiere que regrese la luz. Mr. Frankie sigue soplando esa armónica como si la vida le fuera en ello y es probable que así sea. Lo hace por todos los amigos muertos y sus promesas rotas, por todas las mujeres idas y su placer también ido, problemas y diversiones, la emoción de la ciudad oscura, ebria, inabarcable, con sus laberintos y sus calles desiertas, sus recuerdos, sus ángeles negros que durante años y años abrieron sus alas para protegerles del tiempo, de ser padre, de los armisticios y las renuncias, de dejarse ganar con la realidad, con lo tibio y lo correcto


RBA, 2014

Sergio Torrijos
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