Vértigo (De entre los muertos) (1958)

Pasar de una historia contada por el detective a otra en la que nosotros sabemos la verdad

Es curioso el caso Hitchcock: considerado un artesano, un buen técnico, el «mago» del cine, no fue tomado «en serio» hasta la llegada de los chicos de Cahiers du Cinema (Chabrol o Truffaut le dedicaron su atención admirada y precisa en libros inolvidables, sobre todo el de Truffaut y sus célebres entrevistas). Desde entonces, y gracias a la intervención de los primeros analistas cinematográficos alejados de la cinefilia babeante, Hitchcock pasó a ser considerado como uno de los mejores narradores del siglo XX (y la cursiva amplía y sobrepasa el territorio cinematográfico).

Adaptación de la novela de Boileau-Narcejac Sueurs froides (d’entre les morts), publicada en 1958 (y recientemente traducida al español por Marta Pino, con su título original —Sudores fríos— para la colección Serie Negra de RBA) la película de Hitchcock narra la caída en los abismos de la pasión, literalmente, más allá de la muerte, de un detective aquejado de vértigo y, muy pronto, de amour fou.


toda narración es cuestión de punto de vista


De la comparación de la estructura narrativa de la novela original con la película obtenemos la mejor lección de lo que es una ficción o, mejor, un relato, porque toda narración no es más que una cuestión de punto de vista. ¿De dónde surge, por tanto, la fascinación dolorosa que sentimos al volver una y otra vez, sin descanso, a esta obra maestra de las historias de amor (y de fantasmas)? Una respuesta materialista: del trabajo meticuloso en la construcción de un punto de vista y la consecuente identificación del espectador con la angustia siniestra de Scottie (James Stewart), que se manifiesta en esa neurosis ingrata del vértigo.

Esta enfermedad neurótica de Scottie, por otra parte, es un motivo visual que se manifiesta constantemente en el film de varias maneras: técnicamente, mediante un juego de zoom-travelling; visualmente, mediante esos planos del moño de Madeleine/Judy, ramos de flores, sueños de Scotty...; narrativamente, mediante la ruptura del punto de vista o set pieces como la magistral persecución del detective por las calles de San Francisco…

En la novela original no se juega con los puntos de vista de los personajes. La demostración del talento narrativo, que elogiábamos un poco más arriba, de Hitchcock estriba, en un primer momento, en esa fractura que nos hace pasar de una historia contada por el detective —y, por lo tanto, haciéndonos partícipes de su ignorancia— a otra en la que nosotros sabemos la verdad y somos testigos de una falsificación.

Andrés Peláez Paz


Tit. Orig: Vertigo. EEUU, 1958. Director: Alfred Hitchcock. Guión: Alec Coppel y Samuel Taylor. Música: Bernard Herrmann. Fotografía: Robert Burks. Intérpretes: James Stewart, Kim Novak, Henry Jones, Barbara Bel Geddes

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