Te arrastrarás sobre tu vientre. José Luis Muñoz

Ese mundo bizarro, cruel, humano y bestia

Gaspar Noriega es el protagonista absoluto de la novela. Un hombre que proviene del boxeo y que trabaja para un capo de medio pelo, Aureliano Vázquez, que controla la prostitución en el barrio Chino de Barcelona. Corren los tiempos de Franco y aunque con una mano se persiga la prostitución, con la otra se intenta hacer el egipcio por mirar hacia otro lado. Gaspar ascenderá en ese sucio entramado gracias a su mala leche y sus escasos escrúpulos. El camino ascendente en ese mundo le llevará a autoexiliarse en Francia para luego volver con un historial tan limpio como un recién nacido. 

Puede que lo que se cuente no incite a la lectura porque a estas alturas es un algo manido, pero no, lo bueno es la forma en que lo aborda José Luis Muñoz. De hecho, puede que la historia nos suene, pero pocos, muy pocos se han metido en faena intentando reflejar, con pelos y señales, algo tan carnoso como es la vida de los bajos fondos:

Nadie le podía llamar racista. Prefería a las negras en la cama, porque tenían la virtud de ponerle más cachondo que las blancas y haciendo el amor hacían gala de una sexualidad salvaje de la que carecían las otras chicas con las que había estado. Había conocido a la Mulata cuando era la reina del bar Maracaibo, un antro de la calle San Pablo que la pasma cerró a raíz de un violento altercado en el que murieron a cuchilladas un par de proxenetas que discutían sobre territorios y hembras. La mulata era la hija de la célebre puta del barrio Chino, la Oxigenada, famosa, aparte del color falso de su pelo, por la rapidez y eficacia que ejecutaba su trabajo, y de un marinero de la Sexta Flota que nunca se enteró de su paternidad, el que le había dado su color de piel, pero a ella le gustaba mentir y decir que era caribeña, cubana, y hasta simulaba el acento y clonaba las expresiones

Lo cierto es que lo destacado de la novela es la parte inicial, al menos para mi gusto, cuando el autor coge al personaje y lo mete a capón entre las páginas de la novela. Es en ese punto, crueldad, violencia, sexo, gonorrea y cualquier adjetivo más que le podamos poner a la prostitución a pie de calle, donde el autor convence.


no apto para todas las sensibilidades


Lo que todos pensamos de ese negocio el autor lo plasma con talento. La descripción, a base de pinceladas, de la personalidad del protagonista encaja a la perfección con la idea que todos manejamos sobre un proxeneta en ese ambiente, y aunque sea algo ya tratado, tanto por el cine como en la literatura, lo cierto es que el autor lo ejecuta tan bien que merece la pena la lectura, aunque sólo sea por el disfrute de una historia interesante bien contada.

El entorno del barrio Chino queda perfectamente reflejado. Tanto que me ha recordado al cariño con que lo trataba Gonzalez Ledesma, aunque en las manos de José Luis Muñoz se torna más agresivo y salvaje, guardando ese ambiente de puerto que siempre tendrán algunos barrios de Barcelona. Sirva como ejemplo:

Un vagabundo dormitaba en un portal cercano envuelto en los papeles de La Hoja del Lunes y una rata salía de su cloaca particular para husmear en el interior de una bolsa de basura abierta por donde asomaban mondas de naranjas y colas de pescado. Eso era el barrio que abandonaba respirando hondo

La ascensión profesional del protagonista incluirá en el pack un buen grupo de personajes de muy diferente calaña. Según se ascienda la suciedad será de otra forma pero suciedad al fin y al cabo. No pienso desvelar mucho más, pero lo cierto es que las alturas son fiel reflejo de lo que hay a pie de calle y la historia reciente de nuestro país nos ha dado ejemplos más que sobrados sobre lo que se mueve por esos aires. En ese sentido la obra no aportará salvo la visión clara y cristalina del autor. La llamada crisis se resume en buena medida en lo que aparece en la novela. 

Uno de los ejemplos de lo que el autor nos muestra es el siguiente extracto:

Tomaron asiento. Francoise se aflojó el nudo de la corbata, con el que no estaba muy cómodo, y Girard cruzó las piernas dejando su maletín en el suelo, al alcance de las manos y de la vista. Podían pasar por pacíficos hombres de negocios, pero había algo siniestro en sus caras que denotaba un lado oscuro. Girad tenía una cicatriz profunda en la mandíbula; Francoise, mirada de loco. No los había cacheado Noriega, pero estaba seguro de que los dos llevaban ocultas bajo sus americanas sendas pistolas, juguetes inofensivos al lado de la mágnum con el tambor cargado que guardaba él en el último cajón de su escritorio y que podía abrir con sólo pisar con el pie un pequeño resorte que había debajo de la mesa

Muñoz usa una prosa fácil, de corto recorrido, de propósito claro que es mostrarnos la trama con sencillez. Brutal cuando es necesaria y siempre efectiva. Destaca en el autor los momentos de violencia al igual que los del sexo. Combina esa carga erótica o violenta con mucha solvencia, recreando ciertas escenas con una densidad y carnosidad que pocos pueden hacerlo. 

José Luis Muñoz es un género de autor en claro peligro de extinción, es un autor de novela negra, de las de toda la vida. Los escritores tienen la tendencia a dejar de lado esas tramas negras, tal vez por no atreverse a internarse en ese territorio o porque les queda lejano, lo cierto es que ese espacio, salvo contadas excepciones, sigue siendo territorio muy acotado. Con unas claras referencias en nuestro pasado literario que pasan por el primigenio Juan Madrid hasta Andreu Martín o Miguel Agustí, pasando claro está, por escritores de lo negro como Julián Ibáñez o ahora mismo a Claudio Cerdán cuando se pone bestia. Poco hay más allá de una corta lista. Cada vez menos. Puede que influya la cierta blandenguería que nos proponen las editoriales sin cesar y que por arte de contagio ha calado en los lectores. Desde aquí debemos animar a escritores como el que hoy traemos a colación, gritándoles que todavía tienen su coto, tan vez pequeño, de lectores entregados. A veces pienso que soy el único que se emociona al comenzar a leer algo de las putas callejeras de barrios como el Chino de Barcelona. Para mí la novela negra y más concretamente la nacional, nació con ese afán, acercarse a ese mundo bizarro, cruel, humano y bestia de lo más tirado de la sociedad. 

Por mi parte les recomiendo la lectura, una novela entretenida y que tiene su punto, eso sí, no apto para todas las sensibilidades, se lo he advertido.

El humo del escritor, 2014
Compra en Casa del Libro

Sergio Torrijos
(Ilustraciones de Murillo)
Publicar un comentario en la entrada