Tarde, mal y nunca. Carlos Zanón

Sin desenlace complaciente ni vuelta al orden

Rivalidad por una mujer
Muchos autores crean personajes que los trascienden, con nombre sonoro y andanzas literarias. No es el caso de Zanón, que con cuatro personajes sórdidos y a priori nada interesantes, ubicados en los barrios más pobres de Barcelona, consigue levantar una novela fuerte. Es la delicadeza de su tratamiento literario, la habilidad para adentrarse en estos desastrados personajes, la que mantiene de principio a fin el interés.

La esquizofrenia de Álex se ha visto potenciada por las drogas. Convertido en testigo de sí mismo, tendrá que romper su mutismo para ayudar a su hermano, el frustrado y torpe Epi, que ha llegado al límite —podría verse aquí una referencia a La ley de la calle (1983), esa película que ha marcado a toda una generación—. Nadie se lo hubiera esperado: una mañana cualquiera, Epi ha matado a martillazos a su amigo africano Tanveer. Todo por rivalidad por una mujer, Tiffany, que pase lo que pase, ya nunca volverá con el perdedor de Epi.


la obsesión de los personajes


Todo puede ser imprevisible cuando entran en escena personajes inteligentes y embaucadores, pero lo puede ser más cuando esos personajes van a la deseperada, no quieren darse cuenta de lo que está pasando, se anestesian con pastillas e insisten una y otra vez en el error. Zanón nos adentra en la percepción de estos tipos mediante una prosa caprichosa y llena de imágenes, que progresivamente, conforme avanzan las páginas, se vuelve más funcional. Y emplea una voz de narrador omnisciente que los va siguiendo a todos ellos, alternando su protagonismo, desnudando sus intimidades.

Quizás el riesgo de esta novela se encuentra en la cercanía con estos personajes, en tanto que en muchos momentos, Zanón parece seguir sus confusas corrientes de conciencia: en la parte central, por momentos crece la sensación de que todo es aleatorio, tiempos y espacios se mezclan sin orden, y puntualmente, fruto de la obsesión de los personajes, surgen ciertas reiteraciones.

Por suerte, en el tramo final, cuando todos confluyen minutos antes de que llegue la policía, la tensión crece hasta extremos dramáticos. Es de agradecer la falta de escrúpulos de Zanón, que nos lleva al límite, y lleva al límite de su resistencia a esta cuadrilla de personajes grises, sin visos de desenlace complaciente o vuelta al orden.

RBA, 2011


David G. Panadero
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