Seis mujeres para el asesino (1964)

La amenaza del hombre enmascarado, personificación de la Sombra jungiana









Una trama policial bien estructurada donde una secuencia de crímenes que tiene como objeto bellas modelos manifiesta, gracias a una estética muy original de tonos coloristas y a la vez siniestros, un entreveramiento inquietante entre los paisajes exteriores y las subjetividades perversas u ocultas de los protagonistas es a mi juicio la clave de esta obra, considerada por la crítica especializada como uno de los primeros filmes que se articulan en torno al subgénero llamado giallo que tantas obras meritorias, otras no tanto, ha provocado.



rotunda maestría, control de los tiempos, fulgir de las imágenes


La película se enmarca en el género gótico por sus escenarios: la imagen de la Casa de Modas azotada por el viento, limítrofe con el bosque, sumida en la oscuridad y dotada de pasajes secretos, no hacen dudar de la cualidad arquetípica y sombría de esta metáfora del alma humana. La amenaza del hombre enmascarado, personificación de la Sombra jungiana, y las escenas de brutal violencia realizadas contra lo femenino que se manifiestan en momentos de gran vigor dramático, estética desopilante y tonos tenebrosos, la convierten, por su novedad y perfección, en una película de culto. La atmósfera y los personajes encajan gracias a una rotunda maestría combinada con un control acerado de los tiempos y el fulgir de las imágenes. Tanto los decorados como la música configuran lo numinoso terrible de la experiencia con gran profesionalidad. Una estética del espanto de asumida irrealidad, señala Carlos Aguilar en su libro.

Una lectura apresurada y sesgada puede ver en la película tonos de crítica social: referencias a la corrupción en los ambientes romanos de la época vinculados a la Dolce Vita, etcétera... Pero Bava tiene intenciones más elevadas y secretas. El bamboleo de lo real al que asistimos cuando se cometen los asesinatos (más la combinación atmosférica de hombres tarados y mujeres hermosas) junto con el peculiar desenlace, donde la ambivalencia y el desenmascaramiento muestran que hemos sido testigos desde el comienzo no de una intriga policíaca, guiada por mor de la codicia o el deseo sórdido de rescatar a cualquier precio un elemento inculpador, sino del vértigo inapelable de una pasión monstruosa y sublime entre dos seres únicos y trágicos, nos sitúan ante una autoría inigualable propia de un gran maestro.

La dualidad primordial femenina, la belleza conquistada en y por el crimen y la naturaleza procelosa, laberíntica y carcelaria del universo, donde los opuestos se encuentran y se separan, no en el marco resolutorio de lo cotidiano sino en el contexto vertiginoso de la pesadilla, son pues algunas de las aportaciones metafísicas del cine de Mario Bava. 

Frank G. Rubio


Tit. Orig: Sei donne per l´assassino. Italia-Mónaco-Francia, 1964. Director: Mario Bava. Guión: Mario Bava, Marcello Fondato y Giuseppe Barilla. Fotografía: Ubaldo Terzano. Música: Carlo Rustichelli. Intérpretes: Cameron Mitchell, Eva Bartok, Thomas Reiner, Ariana Gorini

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