Psicosis (1960)

Marion y Norman inician un juego de voyeurismo mutuo

Marion y Norman inician el voyeurismo mutuo
Para unas cuantas generaciones, el final de Psicosis nunca fue un misterio. Esto es algo que a muchos nos hubiera gustado cambiar: tener la ocasión de ver la película sin conocer su última revelación, posiblemente una de las más radicales y casi pionera en la historia del cine.

La perturbación mental como revulsivo que da un giro a la historia ha sido un filón a explotar en el cine desde entonces, y especialmente a partir de la década de los 90. Títulos como —atención, spoilers— El club de la lucha, El maquinista, Shutter Island y Memento, de la que también hablaré más adelante, ponían en duda todo el hilo argumental al desvelar al final la inestabilidad mental de su protagonista. Pero antes de Psicosis, la crisis del yo iniciada a principios de siglo por Freud nunca había alcanzado el Séptimo Arte con resultados tan impactantes, excepción hecha de algún título ocasional como El gabinete del Dr. Caligari.


relaciones familiares tortuosas


Efectivamente, el centro del suspense de Psicosis se encuentra tanto en la inestabilidad mental de Norman Bates como en las peculiares relaciones familiares que no acaban de mostrarse, ni a la aterrorizada Marion Crane ni al espectador; porque Marion Crane ES el espectador. La rubia ladrona hitchcockiana huye de su destino, se aparta de la historia, para dar paso al verdadero protagonista, Norman Bates. Debemos suponer, una vez más como espectadores tardíos, que aquellos que acudieron vírgenes a la sala de cine vieron en Marion Crane a la auténtica protagonista de la cinta, al menos durante la primera media hora. El suspense se apoya hasta entonces en el robo, la «persecución» de la que se cree víctima Crane y el sentimiento de culpa. Hitchcock pasa entonces a un segundo plano a la chica para convertirla en voyeur, precisa emisora de lo que el espectador debe ver —y oír—. Las discusiones que Marion oye a través de la pared nos hacen testigos involuntarios de las peleas entre madre e hijo. Así, Marion y Norman inician un juego de voyeurismo mutuo, en el que Marion sirve de filtro de información al espectador. Marion Crane, pues, mantiene el suspense; tanto es así que acaba pagando por ello.

La tensión del suspense se mantiene pues en Psicosis sobre unas relaciones familiares tortuosas, que se filtran al espectador a través del voyeurismo involuntario de Marion Crane. Cuando muere, el suspense pasa a centrarse en cómo encaja esta muerte con tales relaciones familiares.

Virginia Romero


Tit. Orig: Psycho. EEUU, 1960. Director: Alfred Hitchcock. Guión: Joseph Stefano. Música: Bernard Herrmann. Fotografía: John L. Russell. Intérpretes: Anthony Perkins, Janet Leigh, John Gavin, Vera Miles

De los gritos de dolor del expresionismo a los más inquietos thrillers europeos sin olvidar los grandes clásicos de Hollywood, el equipo PRÓTESIS te trae el comentario crítico de cincuenta títulos escogidos. Este ensayo colectivo ha sido realizado por el Equipo PRÓTESIS para el número 8 de su publicación en papel, coordinado por David G. Panadero

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