Perversidad (1945)

Una identidad que se diluye hasta alcanzar la sumisión más abyecta

Empleando el mismo reparto y una similar propuesta a la ya comentada La mujer del cuadro, Fritz Lang aborda en Perversidad (Scarlet Street, 1945) un impecable ejercicio de cine negro, en el ámbito centrado en la degradación y progresiva pérdida de identidad provocada por la influencia de uno de los grandes arquetipos del género, la femme fatale. El film fue enfocado como un remake de La golfa (La chienne, 1931) de Jean Renoir, obra basada a su vez en un texto homónimo de Georges de la Fourchardière.

En Perversidad, Lang nos presenta a Cristopher Cross (Edward G. Robinson) un envejecido cajero de banca que arrostra una vida gris y pedestre con su abominable mujer, una existencia que no comulga con una delicadeza y sensibilidad que se ve obligado a desahogar mediante la afición al arte, algo que le lleva a pintar cuadros. Toda esta rutinaria circunstancia se trastocará al conocer a Kitty (Joan Bennett), una sensual y magnética mujer de la que se enamorará perdidamente. No obstante, la joven y su malévolo novio (el sempiterno Dan Duryea) encuentran más interés en idear el método para privar al afable cajero de todo su dinero, mientras éste se hunde poco a poco en las garras de la obsesión.


fascinación que enlaza con las fantasías más oscuras


Al igual que sucedía en La mujer del cuadro, el trasfondo de lectura narrativa vinculada a lo onírico se encuentra también presente en el film que nos ocupa, toda vez que en esta ocasión no se explicita, otorgando a la trama un devenir más ambiguo y solvente si cabe. Mediante una puesta en escena arquetípica en el género, donde priman los contrastes entre luces y sombras en la intención de apuntalar una atmósfera que medra en la opresión, somos testigos de cómo el protagonista se desliza inexorablemente hacia el deterioro de su personalidad, hacia una identidad que se diluye hasta alcanzar la sumisión más abyecta a los designios de la femme fatale. La magnífica interpretación del trío protagonista, destacando la forma en la que se conduce Joan Bennett en su papel de anzuelo desalmado, contribuye a otorgar al film su tenebroso poder de fascinación. Una fascinación que enlaza con algunas de las más oscuras fantasías ancladas en el imaginario colectivo, en cuanto al extraño y atrayente abismo en el que aguarda la misma destrucción y en el que cualquiera puede llegar a arrojarse con gusto.

J.F. Pastor Pàris


Tit. Orig: Scarlett Street. EEUU, 1945. Director: Fritz Lang. Guión: Dudley Nichols. Música: Hans J. Salter. Fotografía: Milton Krasner. Intérpretes: Edward G. Robinson, Joan Bennett, Dan Duryea, Jess Baker

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