Laura (1944)

No hay raciocinio posible ante su belleza

Lo bello no es sino el comienzo de lo terrible, decía el poeta Rilke. Si aceptamos esta afirmación con todo el fatalismo que implica y observamos a Gene Tierney en su papel de Laura, veremos que quizás a su pesar, ella se convierte en el abismo al que se arrojan con placer todos los hombres que la rodean, incluso el policía que investiga su asesinato. 

Un engolado crítico de arte (Clifton Webb), que intentó ser el Pigmalión de Laura, y un inmaduro galán (Vincent Price), que quiso gozar de sus favores incondicionalmente, son los hombres que la rodean, a través de cuyos testimonios iremos conociendo su vida. Ni siquiera el policía encargado de esclarecer el caso (Dana Andrews) consigue escapar del magnetismo de Laura; simplemente habiendo visto el retrato que hizo de ella un pintor enamorado —sí, otro más—, deseará por encima de todo adorar él también a esta misteriosa mujer. Y esa es una de las mejores bazas de la película: no hay posibilidad de raciocinio, ni siquiera para la mente lógica de un investigador distante y cínico, cuando los torrentes pasionales anegan las vidas de los personajes


...pero lo sublime —y Laura es sublime— nos hace capaces de todo


Estamos en plena edad de oro del cine negro, y eso se nota: la voz en off del crítico de arte, que se permite acotaciones ocurrentes y todo tipo de comentarios, nos va sumergiendo en la historia; los diálogos son afilados e ingeniosos, a la vez que exageradamente gramaticales; los decorados, el vestuario, las interpretaciones derrochan glamour; la iluminación es caprichosa y a menudo tiene un regusto teatral, decorando las paredes con sombras de persianas y demás ornamentos, matizando y subrayando los rostros y los perfiles; la puesta en escena es contenida y sobria, y los encuadres son amplios, dejando a los actores espacio para respirar, moverse... 

Todos estos rasgos de estilo, lejos de haber envejecido, a menudo son imitados en muchas películas actuales que quieren acercarse al género. Con esta película, el cineasta Otto Preminger adaptó la novela homónima de Vera Caspary, una escritora norteamericana casi desconocida en España que destacó por crear poderosos personajes femeninos. La película nos deja intuir a Laura más que conocerla directamente, lo suficiente como para que también nosotros nos dejemos arrastrar por su desmesurado atractivo. Mencionemos aquel principio de los románticos, que anteponían lo sublime frente a lo bello. Porque lo bello agrada a los sentidos, pero lo sublime —creedme, Laura lo es— nos hace ser capaces de todo. 

Mateo Duque


Tit. Orig: Laura. EEUU, 1944. Director: Otto Preminger. Guión: Jay Dratler, Samuel Hoffenstein y Betty Reinhardt. Música: David Raksin. Fotografía: Joseph LaShelle. Intérpretes: Gene Tierney, Dana Andrews, Clifton Webb, Judith Anderson

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