La escalera de caracol (1945)

Mansión aislada, familia con secretos, amenaza en la sombra

Heroína en peligro
Robert Siodmak fue un excelente profesional que emigró a los Estados Unidos desde Alemania tras la llegada del nazismo, y fue realizador de muy logrados filmes de serie negra. 

Es esta una película con aportaciones expresionistas medidas y eficaces que se mueve en el marco de la hibridación del género gótico con el thriller, dotada con los estilemas clásicos: mansión aislada, familia con secretos, amenaza en la sombra de matiz masculino, heroína en peligro que habrá de confrontar para mejor sobrevivir torvos senderos emocionales y el enigma recurrente de la identidad desconocida del asesino. El personaje encarnado por Dorothy McGuire se nos presenta como una fémina vulnerable por su mudez, producto de un traumático acontecimiento situado en su infancia. El motor de la trama: alguien está dedicado a turbar la cotidianidad ciudadana con la supresión violenta de mujeres con defectos físicos.


la madre poderosa, la heroína que luchará por sobrevivir...


Un joven médico (George Brent), que es a la vez su pretendiente, busca su curación intentando hacerle recordar el momento álgido del trauma para así superarlo; a lo que hemos de añadir la deriva vital de los habitantes de la mansión. La dueña de la casa es una viuda de fuerte psicología (Ethel Barrymore), a quien la protagonista sirve como dama de compañía, con dos hijos muy distintos a los que considera indignos por su debilidad. El personal de servicio, interpretado entre otros por Elsa Lanchester, que está enorme, sirve de contraste aligerando con humor la obsesiva trama. Sin olvidar a la bella pero pasiva Rhonda Fleming que encarna la secretaria y amante, respectivamente, de ambos hermanos. En La escalera de caracol, bajo la máscara de una película de género de realización convencional, late un peculiar tratamiento del eterno femenino; esa cuestión recurrente en la cultura occidental desde el medioevo que Hollywood ha sabido focalizar de manera tan peculiar. En este caso: una mujer fuerte para un hombre fuerte, caiga quien caiga; encantadora eugenesia populista de celuloide.

La madre poderosa, cuya acción final será decisiva, y la heroína, que habrá de forzarse a sobrevivir y recuperar la voz para hacerse digna del viril doctor, son los vectores básicos que muestran en el devenir de la trama una peculiar fantasía, más allá de las peripecias propias del género, a la que no dudo en calificar de ginecocrática (las escenas de la boda ensoñada por la joven son más que significativas) digna de esos personajes a los que gustaban ridiculizar los Hermanos Marx y que configuran el aspecto oculto de la insectoidal América.

Frank G. Rubio


Tit. Orig: The Spiral Staircase. EEUU, 1945. Director: Robert Siodmak. Guión: Mel Dinelli. Música: Roy Webb. Fotografía: Nicholas Musuraca. Intérpretes: Dorothy McGuire, Dan Duryea, Jess Baker

De los gritos de dolor del expresionismo a los más inquietos thrillers europeos sin olvidar los grandes clásicos de Hollywood, el equipo PRÓTESIS te trae el comentario crítico de cincuenta títulos escogidos. Este ensayo colectivo ha sido realizado por el Equipo PRÓTESIS para el número 8 de su publicación en papel, coordinado por David G. Panadero

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