Extraños en un tren (1951)

La policía comienza a sospechar del inocente

La némesis de Bruno
Un joven deportista es interpelado en el tren por un desconocido narcisista y locuaz, que conoce numerosos detalles de su vida personal. Sin demasiado preámbulo le propone asesinar a su mujer, de quien supone que quiere divorciarse, pues es vox populi su romance con una bella joven hija de un Senador. A cambio le invita a perpetrar la eliminación del padre del interfecto, al que detesta. Guy olvida pronto al que supone un mero desquiciado para resultar desairado seguidamente por su esposa: una libertina estólida embarazada de otro que le deniega el divorcio y pretende vivir de él el resto de su vida aprovechando su éxito como tenista. Bruno, el desconocido, cuya corbata lleva el dibujo de una langosta (emblema de la luna y del subconsciente), estrangula a la coqueta en el Parque de Atracciones en una escena notable y luego trata de conseguir que Guy cumpla su parte del trato. La policía comienza a sospechar del inocente y se produce una desarrollo muy común en las películas del Mago del Suspense: la dialéctica del falso culpable y sus peripecias frente al mundo para demostrar su inocencia.


Bruno es el alter ego de Guy


Más que un enfrentamiento de caracteres, en la película lo que hay es un solo personaje que supera su problemática confrontando su parte subconsciente. Bruno es el alter ego de Guy. El sacrificio de la sórdida Miriam para acceder a la Bella es necesario y solo se puede operar a través de una escisión. La némesis de Bruno llega con su confrontación imaginaria con el fantasma de la muerta, que resulta ser la hermana de la novia del protagonista. La chaqueta de nuestro héroe lleva un ave solar entre dos raquetas (emblema de superación de la dualidad) en el tramo final del film, tras el partido de tenis donde solo él y su doble están más allá del mundo de las apariencias: manifestado en el vaivén zombi de los rostros que siguen la pelota. La eliminación del lado oscuro y la purificación del personaje que accederá a los Misterios, tanto de la Ciudad Resplandeciente como a su fusión con Anna, tendrá lugar al final. Antes de ello, en una escena de gran impacto desarrollada en el tiovivo acelerado diabólicamente donde lucharán, hasta la muerte de una de ellas, ambas facetas de un mismo personaje. Sin la fotografía numinosa e impecable de Robert Burks, que sería nominado para el Oscar por ello, esta extraordinaria aportación al Séptimo Arte no habría sido posible.

Frank G. Rubio


Tit. Orig: Strangers on a Train. EEUU, 1951. Director: Alfred Hitchcock. Guión: Raymond Chandler y Czenzi Ormonde. Música: Dimitri Tiomkin. Fotografía: Robert Burks. Intérpretes: Farley Granger, Ruth Roman, Robert Walker, Leo G. Carroll

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